Los jueves, ópera

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Una voce 'molto' fa...

imagen Abuela de las grandes mezzosopranos rossinianas de hoy y predecesora de voces que tanto lustre devolvieron a las óperas del compositor de Pesaro en la mitad del siglo XX, como Giulietta Simionato y más tarde Marilyn Horne o Teresa Berganza, la figura de Conchita Supervía es clave para entender una evolución que nos lleva hasta espléndidas y cuidadísimas recreaciones actuales de Il Barbiere di Siviglia, Cenerentola o L'Italiana in Algeri. Es ésta una trilogía a la que imprimió un sello muy personal, y que hoy en día sigue teniendo una sorprendente vigencia.'Ai capricci della sorte'. Corta vida pero intensa carrera (1895-1936)Supervía comenzó muy joven en el mundo de la música, destacándose como una valiosísima pianista, antes de comenzar con el canto a la temprana edad de doce años. Recibió lecciones de los maestros Golua y Ferrer, y en 1910, con menos de quince años, ya debutó como profesional en el Teatro Colón de Buenos Aires, con tres papeles entre los que se encontraba la Lola de Cavalleria Rusticana y con compañeros como Francisco Viñas o Segura-Tallien.Obviamente con el Liceu de Barcelona tuvo una fructífera relación, que incluyó papeles como Dalila, que fue su debut en 1912, Carmen o Rosina.Pudo presumir de cantar el personaje de 'Octavian' en el estreno italiano, que tuvo lugar en el Teatro Constanzi de Roma en 1911, con una edad inferior incluso a la del propio personaje, pues aun no había cumplido los dieciséis años. Volvió a representar el personaje en la Scala dirigida por el propio Richard Strauss, con el que también colaboró en unas Bodas de Figaro milanesas en 1928. Se conserva una grabación de ese año de la presentación de la rosa y el dúo final, pero lamentablemente no dirigida por el compositor. Aunque en italiano, muy pocas mezzosopranos resultan tan sensuales en la frase 'una goccia di essenza di rosa persiana...'Su debut estadounidense, tras éxitos sonados en La Habana con la compañía de María Barrientos, tuvo lugar en 1915, siempre con ópera francesa (Werther, Mignon y Carmen). Las crónicas hablan de una espléndida 'Mignon', y podemos imaginar que mucho había de cierto si pensamos en las afinidades con el personaje por timbre y edad, ya que lo interpretaba con menos de veinte años.Londres fue su segunda residencia desde su debut en 1930, un año antes lo haría en París, ya que allí conoció a quien fuera su marido. Se casó con el empresario Benjamín Rubinstein en 1931, aunque ya tenía un hijo fruto de una relación anterior con el alcalde napolitano Francesco Santamaria.Los últimos años de su carrera se centraron en Rossini y la ópera francesa, apuntándose como más probable su última aparición en Copenhague. Murió de parto el 29 de marzo de 1936, truncándose así una carrera que si ya se presume gloriosa podría haber alcanzado cotas impensables si hubiese llegado a enlazar con los grandes cantantes de la época dorada.'D'ogni affanno vincitrice'. Rosina, Angiolina e Isabella.Únicamente por la calidad sonora que proviene de las grabaciones en disco de microsurco, notamos que más se setenta años nos separan de las interpretaciones rossinianas de Conchita Supervía. Como bien apuntan muchos expertos y admiradores, a través de su voz podemos adivinar su personalidad e incluso su aspecto físico, una cualidad aplicable a no demasiadas cantantes en la historia de la ópera.Su primer flirteo con el genio de Pesaro llegó a mediados de la década de los 10, con su debut como 'Rosina' en el Liceu de Barcelona.Una anécdota de los años parisinos del compositor habla ya de cómo desvirtuaban el papel las sopranos ligeras: en una velada en honor al compositor una soprano interpretó 'Una voce poco fa' con tan pésimo catálogo de ornamentos que al acabar el aria, Rossini alabó a la cantante por sus facultades en un aria 'que no tenía el placer de conocer'.Supervía devolvió el papel a las mezzosopranos o contraltos, para quienes originalmente está escrito. Conservamos las dos escenas solistas de 'Rosina', grabadas a finales de los 20 en EMI, y en las que observamos una exquisita sobriedad. Supervía considera que en los escasos siete minutos iniciales ya queda definido claramente el carácter de la custodiada pupila, por lo que cubrir el aria con innecesarios ornamentos resulta fuera de lugar. Prefiere centrarse en los colores de su voz, y matizar hasta el mínimo detalle, permitiéndose únicamente jugar con la duración de las notas en algunos momentos.En el 'aria de la lección' quizás estén más justificadas las ornamentaciones, y aquí se demuestra que no es necesario acudir a la 'Ombra leggera' de Meyerbeer para el lucimiento; la pieza posee las todas las características, si se saben encontrar, para salir triunfante. Es absolutamente perfecta la frase 's'arma invan poter tiranno' en la que apreciamos muchas de las características que la hicieron inolvidable, como el legato impecable, la facilidad para descender al grave y ese vibrato natural que tan bien utilizaba. Hoy en día su 'Rosina' es tan válida como la referencial de Teresa Berganza.De Cenerentola conservamos el rondò finale y un extracto del primer acto, en el que comparte protagonismo con Vincenzo Bettoni. Es quizás de las tres heroínas la menos lograda a juicio del que suscribe, aunque puede anotarse el logro de haberla dado a conocer en los escenarios parisinos. A partir de sus 'Angiolinas' los teatros del mundo recuperaron una partitura genial que hoy en día nos cuesta creer que no fuera ópera de repertorio. De todos modos, un teatro tan prestigioso como el Met no la ha estrenado hasta 1997 con la mejor intérprete del papel en la actualidad, la mezzo romana Cecilia Bartoli.Resulta interesante comparar sus registros discográficos rossinianos con los de Supervía, para ver cuán profundo ha calado el estilo impuesto por la catalana en estos roles. Su fuerte carácter y un repertorio de graves excesivamente profundos en el rondò final empañan una ejecución por otra parte muy cercana a la brillantez, encontrándose mejor en el 'dúo' con Magnifico, más ingenua e infantil ('ma una mezz'ora, un quarto...')Se registraron en 1927 cuatro escenas de La Italiana en Argel que, a pesar de la ausencia de la más famosa pieza 'Cruda sorte, amor tiranno', suponen la mayor aportación de la catalana al universo rossiniano. Es tan perfecta la recreación del personaje en una época en la que se carecía de criterios musicológicos desarrollados al respecto, que esa escasa media hora de música ha adquirido con el paso de los años un carácter documental, privilegio de muy escasos y exclusivos momentos de la fonografía. Supervía, Simionato y Horne resultan insuperables como 'Isabella', y como si una pasase el testigo a la siguiente, aún actualmente esperamos a la cantante que con las mismas armas sea digna heredera. Tal vez la Bartoli lo consiga, … el tiempo nos lo dirá.Registros discográficos en la 'trilogía buffa' de Conchita SupervíaIl Barbiere di Siviglia'Una voce poco fa' EMI 1927. Dir: A. Albergoni'Contro un cor che accende amore' con Giovanni Manuritta (Almaviva). EMI 1928. Dir: A. AlbergoniLa Cenerentola'Nacqui all'affanno...non più mesta' EMI 1927. Dir: A.Albergoni'Signor, una parola...' con Vincenzo Bettoni (Magnifico). EMI 1929. Dir: A. AlbergoniL'Italiana in Algeri'Ai caprici della sorte' con Carlo Scattola (Taddeo). EMI 1927. Dir: A. Albergoni'O che muso, che figura' con Vincenzo Bettoni (Mustafà). EMI 1927. Dir: A. Albergoni'Per lui che adoro' con Nino Ederle (Lindoro), Carlo Scattola (Taddeo) y Vincenzo Bettoni (Mustafà). EMI 1927. Dir: A. Albergoni'Amici, in ogni evento....pensa alla patria' EMI 1927. Dir: A. Albergoni.

Este artículo fue publicado el 04/10/2001

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