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Regreso a Melopeya

La Coruña, 28/11/2002. Palacio de la Ópera. Eldar Nebolsin, piano. Víctor Pablo Pérez, director. Programa: Octavio Vázquez, 'Memento' (II Premio de Composición Andrés Gaos de la Diputación Provincial de A Coruña). Franz Liszt: 'Concierto para piano nº 2 en La mayor'. Piotr I. Chaicovsqui, 'Sinfonía nº 5 en Mi menor', op. 64. Temporada 2002-2003, concierto de Abono nº 3. Orquesta Sinfónica de Galicia. Aforo, 1800 localidades. Asistencia, 90 % del aforo.
imagen Suele suceder que bastantes melómanos poco dados a la escucha de obras de reciente composición, sientan un cierto malestar previo a la primera audición de estas obras, que se convierte en un malestar cierto tras la de muchas de ellas. El estreno de Memento, de Octavio Vázquez hizo que alguno de estos sufridos aficionados sintiera -cual Ulises redivivo de vuelta a Ítaca tras su aventura- los gozos del regreso al hogar: que no otra cosa es para muchos la vuelta de algunos compositores al Arte, así con mayúscula, de producir melodías. Y es que como en casita...Por que lo primero que se aprecia al escuchar por primera vez Memento es, precisamente, que hay una clara línea melódica expuesta en forma de canon por contrabajos, chelos, violas, violines segundos y primeros. La obra está dispuesta en forma circular, desarrollándose en nuevos temas, de carácter sucesivamente expansivo y meditativo, en los que se suceden las diferentes secciones de la orquesta y tutti, para terminar, siguiendo una estructura circular, es un descenso dinámico hacia su inicio.Vázquez, un compostelao residente en Nueva York, tiene esa claridad de ideas prácticas característica de los compositores que quieren oír sus obras más allá del día de su estreno y, así, Memento tiene algunas de las virtudes que hacen que una obra pueda incorporarse al repertorio: claridad temática, una armonía asequible a la práctica totalidad de cualquier público y concisión en su desarrollo. Al finalizar fue recibida con una ovación claramente superior a la de mera cortesía habitual en muchos estrenos.El Concierto nº 2 de Liszt, con esa escritura tan pianística que caracteriza las obras compuestas para el lucimiento como intérprete del propio compositor, siguió la línea de facilidad de audición del programa. Eldar Nebolsin puso de manifiesto sus cualidades como intérpete. La agilidad de sus escalas, fuerza de sus acordes y una expresividad llena de ligereza y gracia en los momentos adecuados, hicieron que su versión tuviera un notable éxito entre el auditorio.Como plato fuerte del programa, una vez más, la Sinfonía nº 5 de Chaicovsqui. Apenas nada que decir a estas alturas de la obra, sobradamente conocida de todos, salvo el tributo de admiración absoluta que muchos le profesamos. Las grandes posibilidades de lucimiento de que disponen solistas y grupos fueron bien aprovechadas por todos aquéllos.El clarinetista Alberola, enorme: desde el lúgubre solo inicial a su solo del tercer movimiento, en el que estuvo enorme, pasando por el final del segundo, en el que sólo un músico como él puede hacer el milagro del más generoso fraseo en el tempo más lento. Como Bushnell, el solista de trompa, en el arranque de este mismo movimiento, secundado espléndidamente por el resto de los solistas. La orquesta sonó con su habitual sonido bien empastado y la ductilidad con que sus profesores saben adaptarse a cada orden del podio.

Este artículo fue publicado el 03/12/2002

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