
A lo largo de su prolífica carrera, Jules Massenet encontró motivo de inspiración en varias musas sobre quienes diseñó papeles hechos a medida. Este hecho no supone una originalidad, pero va más allá de la anécdota al revelar también unas intenciones previas por no haber existido la complacencia hacia una
primadonna consagrada, sino intérpretes que despuntaron gracias al estreno de sus óperas.No escasean ejemplos de divas de la escena convertidas en objetos de singular veneración por parte de compositor y público francés. Notoria fue la escultural Marie van Zandt, soprano americana de ascendencia holandesa, célebre gracias a Leo Delibes –primera ‘Lakmé'- y posteriormente Massenet –estreno de
Manon.
Una americana en ParisSin embargo, el vínculo artístico establecido por Massenet con la también americana Sybil Sanderson (San Diego, 1865-Nueva York, 1903) se descubre especialmente interesante por su trascendencia y por la intensidad, brillo y brevedad -por su prematura desaparición- de la trayectoria de la soprano. La relación de los franceses con esta cantante tuvo todas las trazas de una pasión enfebrecida hacia ella, difícilmente explicable solamente por una voz descrita como de gran pureza y dulzura, cristalina, de una extensión cercana a las tres octavas y pasmosa agilidad. Cualidades ideales para los roles de Massenet que interpretó acompañados, en cualquier caso, de una gran belleza para la época e irresistible
charme y temperamento en escena.Hija de un magistrado californiano de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Sanderson acude a Paris a completar su formación en el Conservatorio y la prestigiosa escuela de Matilde Marchesi y Giovanni Sbriglia. Su dedicación al estudio no le restó tiempo para desarrollar una intensa vida mundana, en el seno de la cual conoció a Massenet, tal como él mismo declaró en su autobiografía
Mes Souvenirs “en una cena ofrecida por una gran familia americana”.
La perfecta charmeuseEsta presentación tuvo lugar en 1887. Massenet, al parecer, quedó fascinado por el canto de Sanderson como la ‘Reina de la noche' y meses después, en septiembre de ese mismo año, adapta ‘Manon' para lucimiento de la joven cantante –la inclusión de un re sobreaudo al final de “Cours-la Reine” se debe a esta modificación- y presencia el estreno de la misma bajo el nombre de Ada Palmer en La Haye el 2 de febrero de 1888. El éxito es inmediato y delirante y Massenet la proclama como “la Manon ideal”, llevándola con este rol a la ópera Imperial de Viena (1890), Covent Garden de Londres (1891) o la Opera Comique parisina (1891-1893).Su talento habría de cautivar también a Camille Saint-Saëns, que concibiera para ella el papel titular de
Phryné. Una compatriota tejana y testigo de aquellos años, Elizabeth Marbury, describe malévolamente en sus memorias la admiración del compositor hacia ella: “Poseía un encanto único. Enamorarse de ella se convirtió en un hábito en Europa (...) Al comienzo de su carrera no tenía muchas nociones sobre interpretación, y la extraordinaria actriz Marie Laurent fue contratada por el maestro Saint Saëns para dar lecciones de dicción y gestualización a Sanderson, pero cuando Mme. Laurent llegaba al estudio encontraba a pupila y maestro tan embebidos el uno con el otro que transcurrían varios minutos antes de que advirtieran su presencia (...) De vez en cuando Saint Saëns se dirigía repentinamente hacia Sanderson, la tomaba entre sus brazos y exclamaba: “Hijita, te adoro. Tengo que abrazarte. Eres un ángel”. Mme. Laurent nunca completó mayor instrucción”
EsclarmondeMassenet, encantado por el talento y la belleza de Sanderson, terminaría creando dos de sus más aplaudidas óperas,
Esclarmonde (1889) y
Thaïs (1894), pensando en ella o dedicándole hermosas melodías como "Pensée d'automne" y "Beaux yeux que j'aime". Se ha especulado largamente sobre la naturaleza de la relación entre ambos, pero nada hace pensar que fuera más alla de un sincero afecto por parte de Sanderson, cuyas cartas al amigo se mantuvieron en un tono cortés y siempre estuvo acompañada por su madre en las temporadas que convivió con Massenet preparando los estrenos.Massenet, en cambio, fue pródigo en muestras de devoción en
Mes souvenirs. Respecto a los preliminares de su ópera predilecta escribió: “Tomé el manuscrito, y conforme recorrí una escena o dos exclamé, con un acento de profunda convicción: ¡Tengo la intérprete para este rol! ¡Tengo a la artista! ¡Es. Mlle. Sybil Sanderson! ¡Ella encarnará Esclarmonde, la heroína de la nueva ópera que me ofrecéis!” cuenta Massenet que espetó a su editor Hartman cuando tuvo el libreto en sus manos. Si bien es cierto que hacía tiempo buscaba a la heroína adecuada, el libreto no era una novedad para como parece insinuar, pues estaba elaborado años antes.Fue con
Esclarmonde, la fantástica historia medieval de la hija de un emperador bizantino con poderes mágicos y de su amor por el franco ‘Roland', que Sybil Sanderson obtuvo su primer gran triunfo personal en la Opera Comique de Paris el 15 de mayo de 1889, teatro para el que firmaría un contrato en exclusiva en 1891.De este modo recensionaba el evento al día siguiente el
New York Times, con el titular “Sybil Sanderson´s triumph”: “La nueva ópera de Massenet, “Esclarmonde”, se representó esta tarde en la Opera Comique. Miss Sybil Sanderson, americana, sostuvo el papel titular y obtuvo un gran triunfo. El presidente Carnot, los compositores Reyer, Delibes y Godard, así como numerosas estrellas como Nilsson, Melba y Duvivier estaban entre la concurrencia. La voz de la Srta. Sanderson no posee gran volumen, pero es de la mayor pureza y dulzura. Asombró a la audiencia por la facilidad con que sorteó los pasajes más difíciles y los críticos pronosticaron un gran futuro para ella. El presidente Carnot felicitó a Massenet al término de la función”Si la obra acusa influencia wagneriana, la parte de ‘Esclarmonde' es de un virtuosismo vocal endiablado y requiere un registro agudo muy solvente en páginas de la máxima dificultad, generalmente asociadas a los momentos en las que la protagonista emplea sus artes mágicas. Es la invocación de los espíritus del acto I “Esprits d l´air! Esprits de l´onde!” o la escena del exorcismo del acto III, que Sanderson coronaba con el estratosférico fa sobreagudo. A esta capacidad connatural a las sopranos ligeras unía una cualidad penetrante de la voz que confería a su timbre una calidad sensual y lánguida muy adecuada al personaje, por ejemplo, en el hermoso dúo del acto segundo, cuando la princesa con sus poderes transporta a ‘Roland' a una isla paradisíaca y lo seduce.Sanderson consolidaba de este modo unas pautas precisas ya preconizadas por la mencionada Marie van Zandt, muy del gusto francés, donde cierta clase de roles femeninos aparecen envueltos en una evanescente aura de misterio y mórbida delicadeza, con frecuencia en un ambiente exótico. Una clase de soprano
coloratura denominada “Charmeuse”, que debía destacar no sólo por su agilidad sino también por el cromatismo de su voz, la expresividad del acento y a ser posible su donaire físico.Mas, si posteriormente esta clase de soprano conoció aclamadas sucesoras como Mary Garden o Lina Cavalieri, a juicio de los franceses habría de encontrar su plasmación más perfecta en Sybil Sanderson como ‘Thaïs'.
Este artículo fue publicado el 09/01/2003
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