Castilla y León

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¿Quién dijo que la música no es divertida?

Haití
Valladolid, 15/03/2003. Teatro Calderón. David Garret, violín. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director: Alejandro Posada. Igor Stravinsky: 'Danzas concertantes'; Wolfang Amadè Mozart: '5º Concierto para violín y orquesta en la mayor', K.219; Bela Bartók: 'El mandarín maravilloso'.
imagen La Orquesta Sinfónica de Castilla y León dirigida por su titular Alejandro Posada planteó unas versiones de las obras de Stravinsky y Bartók basadas en resaltar sus características rítmicas y tímbricas y dejó que el violín solista David Garrett asumiera el protagonismo en el concierto de Mozart.De las Danzas concertantes del compositor ruso interpretaron la versión original para grupo de cámara y lo hicieron buscando resaltar tanto la individualidad de cada instrumento como la relación sonora entre ellos, para conseguir los efectos requeridos siempre en base a un escueto material sonoro.El Concierto para violín y orquesta en la mayor, KV.219’ de Mozart contó con la interpretación del violinista David Garrett que abordó la obra con una suerte de aparente sencillez en la que la melodía fluía con un fraseo siempre nítido, sutileza y una ductilidad pasmosa.Garrett jugó de forma imperceptible con las dinámicas y mantuvo una línea de absoluto refinamiento. La Orquesta Sinfónica de Castilla y León, leves trazos gruesos en el primer movimiento y algún mínimo desajuste posterior, fue el vehículo idóneo para mantener un diálogo con el solista que redundara a favor del desarrollo general de la obra.Supieron además subrayar ese efecto sorprendente que introduce Mozart en el pasaje alla turca en el ‘Rondeau’ final.Ante los continuos aplausos David Garrett tocó una zarabanda de una Partita de J.S. Bach.En El Mandarín maravilloso de Bartók Alejandro Posada tuvo la virtud de extraer los mayores resultados de la orquesta con base en no someterla a planteamientos extremos que pudieran superarla. Así, enfatizó los elementos sonoros creando un ambiente siempre seductor, muy bien elaborada la sucesión de pasajes ostinati, por medio de una razonable y sugerente relación de clímax y anticlímax.La Sinfónica se mostró especialmente inspirada en este concierto, brillando todas sus secciones con una destacada intervención del clarinete y una equilibrada aportación de los metales.Un concierto que tuvo por encima de todo la capacidad de divertir al público, en el sentido mas trascendente de la palabra, haciendo música sin caer en la cada vez más frecuente rutina en la que se ven envueltas las temporadas de las orquestas sinfónicas. Además, como ha quedado reseñado, contaron con una actuación de lujo en la persona del violín solista David Garrett.

Este artículo fue publicado el 21/03/2003

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