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Tres creadores fuertemente individuales

Madrid, 21/05/2003. Auditorio Nacional/Sala de Cámara. Cuarteto Petersen (Conrad Muck y Daniel Bell, violines, Friedemann Weigle, viola y Henry David Varema, ‘cello). Wolfgang Amadè Mozart: ‘el Cuarteto en sol mayor’ KV 387; Erwin Schulhoff : ‘Cinco piezas para cuarteto’. Eduard Grieg : ‘Cuarteto en sol menor’ op 27. ONE – Ciclo de cámara. Cuarteto Invitado. Asistencia: 45% del aforo
imagen En su última presentación como cuarteto invitado del ciclo de cámara que organiza la ONE, el cuarteto Petersen nos presentó un interesante programa, con una obra bien conocida, y otras dos mucho menos tocadas. Durante los seis conciertos que este cuarteto alemán interpretó a lo largo de la temporada, pudimos apreciar su gran seriedad, su veteranía de unos 25 años, su elevado nivel técnico, y su buen quehacer musical, con alguna reserva en su manera de encarar los dos clásicos, Mozart y Haydn. No cabe duda, que su fuerte es la música romántica, post-romántica y moderna centro-europea. Y, si vienen acompañados por una gran pianista, como en la víspera, pueden llegar a alturas que los coloca en primera fila.Veamos en detalle las reservas que me planteo, tomando como ejemplo la primera obra del programa, el Cuarteto en sol mayor de Mozart. Se trata del primer cuarteto de los seis que Mozart dedicó a su admirado modelo en esta materia, Franz Josef Haydn. La versión que nos ofrecieron los integrantes del cuarteto Petersen fue técnicamente perfecta, pero estilísticamente no me convenció. Para resumirlo, de entrada, hubo demasiado de todo: Demasiado grandes los contrastes dinámicos, demasiado rápido el Minuetto y el Final, demasiado vibrato en muchos pasajes. El programa impreso pone, refiriéndose al 2º movimiento: “Minuetto (Allegro)”. En mi edición dice: “Minuetto (Allegretto)”, que me parece correcto, porque un “Minuetto” tocado muy rápidamente pierde su carácter de danza y se convierte en un Scherzo. Pero además, este “Minuetto” tiene una característica interesante: Se inicia con una escala cromática ascendente, cuyas negras están marcadas por Mozart alternativamente “P” y “F”. Este efecto, bastante revolucionario por cierto, fue resuelto por los intérpretes, tocando la nota “P” sin y la nota “F” con vibrato. Pero resulta que en tiempos de Mozart esto no se hacía así, y que la intención del compositor era una sutil alternancia, que – lograda con el arco, exclusivamente – producía un efecto sonoro muy atractivo. Otro detalle: al finalizar el movimiento, hubo necesidad de un retardando –el “tempo” tan rápido no permitía un fin contundente. Un “Minuetto” tocado en un tiempo adecuado, no precisa ningún ritardando final. Al fin y al cabo, se trata de una danza.Sobre el “tempo” del último movimiento podría uno debatir bastante: Marcado “Molto allegro” y además “Alla breve” es sin duda un trozo rápido. Pero no necesariamente tan rápido como nos lo sirvieron, en un alarde de virtuosismo. Mozart tiene aún mucho del barroco, y de allí aprendió a ser sutil, sin cargar las tintas: son los pequeños efectos que imprimen a esta música su encanto. Demasiada sal y pimienta estropean estas delicias.Las cosas mejoraron substancialmente durante el resto del programa. Como novedad trajeron las Cinco piezas para cuarteto de Erwin Schulhoff, compositor checo nacido en Praga en 1894 y muerto en un campo de concentración nazi en 1942. Niño prodigio que contó con la protección de Dvorák en su infancia, estudió luego en Viena, Leipzig y Colonia (con Max Reger). Convencido comunista – escribió una cantata llamada El Manifiesto Comunista – emigró a Rusia donde cayó prisionero de los alemanes. Su música, influenciada por el dadaísmo, tiene algo de crossover: escribió piezas de jazz, tangos, y una pequeña muestra de su manera de componer lo constituyen estas cinco piezas, cuyos títulos nos lo ilustran: “Alla Valse viennesa, Alla Serenata, Alla Czeka, Alla Tango milonga, Alla Tarantella”, escritas con sarcasmo y humor agudo, en un lenguaje moderno pero fácilmente asimilable. Aprovechan los recursos del cuarteto de cuerdas en toda su riqueza, y fueron francamente divertidas. La versión me pareció excelente – los Petersen allí se encontraban en su elemento. Suelen tocar la obra de Schulhoff con cierta asiduidad, y están plenamente identificados con su lenguaje.Después del intermedio, la obra de mayor peso de la tarde: el Cuarteto de Eduard Grieg. Se trata del único cuarteto escrito por Grieg, que aparte de sus sonatas para violin o ‘cello con piano, no escribió más música de cámara. Este cuarteto lo escribió a los 35 años de edad, como “disciplina para aprender”. Dura casi 35 minutos, en cuatro movimientos, que salvo el 2º, son todos rápidos, con breves introducciones lentas el primero y el último. Es curioso como sin apenas material melódico, Grieg construye música atractiva – su uso de la armonía es magistral, y mantiene el interés. Hay algunos recuerdos nostálgicos, típicamente escandinavos, y entre variedad de colores y ritmos, los 35 minutos pasan rápidamente. Nuevamente la versión fue excepcional, desde todo punto de vista: primero, porque los Petersen nos trajeron una partitura injustamente relegada, seguramente porque no es nada fácil de montar y requiere alto virtuosismo de todos los componentes, y segundo, porque la música de Grieg es siempre amena y sobre todo, diferente, y ellos supieron sacarle todo el provecho con dedicación y gran destreza cuartetística.Cálidos aplausos premiaron la labor del cuarteto. Visiblemente cansados después de ésta última obra, no dejaron duda que no iban a regalarnos una propina. En rigor, no fue necesario: La duración de esta obra colmó las expectativas del público, que en su gran mayoría nunca la había escuchado. En resumen puede decirse que este ciclo de seis conciertos a cargo del Cuarteto Petersen fue fructífera, para conocer un conjunto centro-europeo y su manera de encarar las cosas. Para la próxima temporada está anunciado un ciclo similar, a cargo de un cuarteto más joven, ganador de varios premios. Ojalá la ONE consiga que más público visite a su ciclo de cámara, donde además de los solistas que presenta, se presenta un conjunto de cámara en seis conciertos, durante una temporada. Vale la pena verlos trabajar.

Este artículo fue publicado el 26/05/2003

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