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Eso sí, E lucevan pocas stelle!

Madrid, 14/01/2004. Teatro Real. Giacomo Puccini: Tosca, melodrama en tres actos (1900) sobre libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la obra teatral ‘La Tosca’ de Victorien Sardou. Nueva producción del Teatro Real en coproducción con la asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera (ABAO). Nuria Espert, dirección de escena. Ezio Frigerio, escenografía. Franca Squarciapino, vestuario. Daniela Dessì (Floria Tosca), Fabio Armiliato (Mario Cavaradossi), Ruggero Raimondi (Barón Scarpia), Marco Spotti (Angelotti), Miguel sola (Sacristán), Emilio Sánchez (Spoletta), Josep Miqel Ribot (Scirrione), Francisco Santiago (Carcelero), Eliana Bayón (Pastor). Coro y Orquesta sinfónica de Madrid. Coro de niños de la Comunidad de Madrid. Maurizio Benini, director musical. Temporada 2003-2004. Ocupación: 100%
imagen Uno de los títulos más representativos del panorama operístico mundial iba a hacer su aparición en el foso madrileño. Otra temporada más, se nos sorprende con una de las más conocidas y queridas óperas de repertorio –casi es una tradición- y además con una coproducción en donde el coso de la capital española es el mecenas más importante. Por supuesto, el despliegue de medios informativos los días anteriores había sido lo más grande de este año, quitando la inauguración de la temporada, y ya incluso cuando se anunció hace casi un año el título, el propio teatro no dejó que la de Puccini fuera la hermanita pequeña de La Traviatta sino que se la magnificó y se le colocaron unas estupendas galas. Pero tras este estreno que inaugura el 2004, esto huele a mala fufa que alguien ha lanzado sobre el Real. No nos engañemos, aun cuando se han podido salvar las grandes producciones, siempre se ha cernido sobre este espacio la mano negra: portazo de la Gheorghiu en la más esperada producción de estos años para Traviatta y unas voces poco menos que suficientes para la otra gran producción, dícese Tosca. Y esta última, que es de lo que se trata, ha tenido la mala suerte de contar con un elenco espectacular de estrellas que no han brillado en el escenario, que han paseado sus encumbrados nombres por los periódicos de tirada nacional y que, cansados o con desgana, no le han dado ni por asomo calidad al título. Cada uno con sus razones, con sus problemas o con sus carencias, pero lo que es verdad es que la calidad de un primer reparto y en estreno debería estar a la altura que se propone. De todo el estrellato inaugural, sólo la voz femenina fue la que sacó mejor partido en su segunda aparición por Madrid. Daniela Dessì, tras sus problemas vocales hace dos temporadas en Madame Butterfly, volvió a dar lo mejor de sí misma y dejando un buen sabor de boca en el público. Quien tuvo la suerte de verla en estos dos títulos, habrá sacado en consideración que pudo haber un antes y un después, de una forzada Butterfly a una entera Floria Tosca. Dessì petrifica con una gran potencia canora y unas cualidades dramáticas de muy buen gusto; Eso sí, se sobreactuó en algunos momentos de la ópera, lógico por la tremenda cola de su vestido que le dio más que problemas y que provocó un enganchón en la escena del salvoconducto con una mesa que casi hace que la muerte de Scarpia fuera por hipnosis. Pero su actitud en el escenario eclipsó a sus compañeros de reparto y de nuevo, cual diva, recogió el afecto del público. Poco a poco, durante los tres actos y de principio a fin, fue desgranando su voz dejando para las escenas Scarpia-Tosca su interpretación más espectacular y rematando la jugada con un Vissi d´arte ,para variar desde el suelo arrodillada, muy contenido, sacando lo mejor de un instrumento nada forzado y arrancando del público una más que larga ovación. Su amante en la ópera, marido en la vida real, no fue ni por asomo el que realmente se esperaba para el título. Armiliato posee un gran instrumento, mucha potencia de sonido, un timbre muy bello y condiciones envidiables, pero para este título precisamente no es el material adecuado. Frente al papel de Cavaradossi mostró una voz muy forzada fruto de la incomodidad que la partitura le proponía, con dificultades notables para llegar a los agudos apoyándose en demasiadas ocasiones, llevando al tenor a un tercer acto problemático por la abertura considerable del timbre. Su Dammi i colori del primer acto no fue precisamente un acto de gallardía canora sino que dejó entrever los problemas que podía ocasionarle el papel, pero E lucevan le stelle fue una especie de pequeña recuperación que provocó algún que otro aplauso en el público. Raimondi pudo ser la decepción más grande de la noche. Aun cuando se ganó los aplausos de patio al final de los actos, no precisamente lo hizo por echar toda la carne en el asador, sino porque es quien es y punto; su capacidad dramática es envidiable, espectacular como actor; como voz, un portento; pero canoramente esta vez ha sido lo más plano que se vio en los principales: muy forzado en diversa ocasiones, prefirió no desnudarse por si las moscas y fue de lo más normal con su voz; no mostró su mejor chorro vocal ni se molestó en amplificar su espectacular instrumento, insultantemente pasota con la partitura tamizó este bochornoso papel con una gran actuación escénica. Poco lució esta noche, eclipsado por la Tosca y dejando por tanto cojo el decisivo segundo acto, muy lejos quedó su histórico recital con Nucci. De los secundarios, con una voz aterciopelada, nada que ver con la resobada de Raimondi, un Marco Spotti en el papel de Angelotti fue la nota a resaltar del primer acto. Aun cuando en el escenario brilla por su ausencia su capacidad dramática, tiene un instrumento muy potente que dará que hablar en un futuro esperemos que próximo; La voz del pastor, Eliana Bayón, estuvo totalmente desajustada en los tempi que Benini marcaba desde el foso, pero posee un timbre muy dulce y agradable, y Emilio Sánchez con el rol de Spoletta, para variar nos deleitó con ese hilito de vocecita que ya huele. La orquesta y la dirección fueron otra de las estrellas de la noche. Magnífica la manera de empastarse los timbres y espléndida sumisión a las sabias razones del maestro Maurizio Benini, pero nada recompensado por el público que si no ve ni se acuerda de los tan importantes mineros del teatro y jefe de obra. A destacar el comienzo del tercer acto con las dulces formaciones de cámara expresadas en la partirtura orquestal. Para la escena, debutó en el teatro Nuria Espert. Aun cuando tiene en su haber muchas ideas y ya lo ha demostrado en algunos escenarios, es digna su Electra, en Madrid no precisamente resaltó. Como dama del teatro, realizó un impresionante movimiento por la escena de los personajes pero esas ideas demasiado rimbombantes sobre rollos Roma, ciudad abierta de Rossellini llegaron a ser cargantes. Vale que es la ópera romana por antonomasia del repertorio, pero las ideas y alusiones al Vaticano, Sixtinas, Pietás y policias cardenalizados eran demasiadas. De primeras, una especie de Scarpia cardenal policia con una comisaría llena de frescos de Miguel Ángel y altar incluido es denso y difícil de acoplar al verdadero espíritu del libreto; y para rematar la jugada sus esbirros, curia vaticana, sacerdotes malvados y torturadores, no muy acordes con el guion del drama. Es un título demasido trillado para que al público se le desmonte la situación escénica y se le convenza de la misma, o se hace con todo y se arriesga con lo que salga, o se deja a lo conservador: los collages escénicos no funcionan ni lo más mínimo dentro de estas representaciones. Eso sí, Espléndidos los figurines de Squarziapino. Por cierto, ese cuadro de una especie de Inmaculada Concepción de Murillo mal teñida de rubio y con un paño de Verónica, ¡resulta ser una Magdalena!... soprendente mutación iconográfica, sí señor.Y si algún día llega la producción a Roma, veremos como el público se toma ese chapurreado escénico.

Este artículo fue publicado el 19/01/2004

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