
El conjunto 'Così facciamo' es una compañía independiente, formada por ex-alumnos de Nikolaus Harnoncourt en el Mozarteum de Salzburgo. El grupo está formado por un conjunto de instrumentistas y cantantes especializados en la interpretación de música antigua y contemporánea. En esta producción de
Orfeo se reconstruye el libreto original de Strigio, por lo que el argumento se diferencia del conocido habitualmente y se incluyen números adaptados a esta versión. La mayor diferencia con respecto a las versiones habituales de esta ópera es el final, en este caso trágico y fiel al mito clásico de Orfeo, que perece despedazado por las bacantes, y no en forma de apoteosis con Apolo como
deus ex machina. El número de intérpretes ha sido reducido al mínimo: los solistas asumen la parte del coro y, a excepción de Orfeo, cada uno canta dos papeles. También los efectivos instrumentales son en extremo económicos: un reducidísimo número de músicos (¡sólo dos violinistas!), bastantes de los cuales muestran un excepcional dominio de más de un instrumento, acompaña a los cantantes con un amplio muestrario de instrumentos barrocos como tiorba, flauta de pico, trombón barroco, harpa, viola de gamba, órgano, guitarrón, laúd, percusión, etc. El Teatro Cuvilliés, una joya del rococó bávaro, resulta excepcionalmente adecuado a un tipo de interpretación como ésta, en la que el carácter camerístico e íntimo se ve reforzada por la presencia de la orquesta en el escenario, que comparte con los solistas.
La dirección escénica de Julia Wahren tiende al minimalismo y se caracteriza por su austeridad. La acción se sitúa en un lugar y un tiempo indefinidos. Prácticamente no hay escenografía. En los trajes de Barbara Fumian, contemporáneos, predominan la simplicidad y el color blanco. Durante una partida de campo, Eurídice es mordida por una serpiente. Caronte aparece como patrón de un transbordador. El reino subterráneo de Proserpina y Plutón, al igual que el mundo de los vivientes, en lo visual es apenas esbozado. Julia Wahren aligera el tono trágico de la pieza con elementos ora jocosos, ora contenidamente irónicos. La intensidad dramática se logra por medio de la austeridad y la sobriedad en el patetismo. En cierto modo, esta puesta en escena logra presentar a
Orfeo más que como una ópera en el sentido dramatúrgico tradicional del género, como una serie de
lieder y recitativos escenificados. De este modo, se recupera la atmósfera íntima, de cámara, casi diríamos la privacidad propia de la ópera primitiva como espectáculo cortesano no propiamente teatral, sino reservado a un grupo de melómanos reunidos en un ámbito acogedor, muy concreto y limitado. La insolubilidad de acción teatral y música es puesta de relieve mediante la presencia de los músicos en escena, al tiempo que la cercanía del público (al menos el de platea) se alcanza gracias a las reducidas dimensiones de la sala. El mayor inconveniente de esta escenificación, que aun estando claramente puesta al servicio de la música no carece de defectos, es el hecho de que el argumento resulta harto difícil de entender si no se conoce la obra de antemano. Para el 'iniciado', en cambio, puede resultar grato el tener ante los ojos un esbozo de acción dramática que se limita a apoyar las finuras de la composición y la interpretación musicales, en las que se puede concentrar plenamente la atención.

© 2008 by Teatro Cuvilliés
La competencia estilística, técnica y artística de todos los miembros de ‘Così facciamo’ es realmente excepcional y no presenta fisuras ni desequilirios. No cabe ninguna duda de que todos ellos están versados, como pocos, en la materia con la que trabajan. La dirección musical de Hans Huyssen es de exquisita musicalidad. La austeridad se traduce en serena intensidad y en belleza pura, libre de cualquier elemento superfluo. Aquí los criterios historicistas no son pretexto, como ocurre desgraciadamente tantas veces, para exhibicionismos estériles ni para asperezas gratuitas. Los integrantes de ‘Così facciamo’ dan una brillante lección de cómo se puede hacer música antigua según criterios históricos y al mismo tiempo mimar al oyente con un fraseo y unos acentos acariciadores, sin arcaísmos, sin violencias, sin extravagancias o amaneramientos, simplemente con una naturalidad que muestra, desnuda, la belleza de esta partitura, reduciéndola a su quintaesencia. El talante camerístico con que configuran su interpretación contribuye sin ninguna duda a realzar esta pureza y, sobre todo, pone de relieve la ‘modernidad’ de Monteverdi.

© 2008 by Teatro Cuvilliés
Mirko Guadagnini luce una voz poderosa, de hermoso color y proyección estupendamente focalizada, y canta su papel con exactitud, pulcra línea melódica, estupendo dominio de los reguladores y mucha energía, a veces un ápice excesiva tanto en el volumen como en la expresión. En su doble papel de Eurídice y Música, Stephanie Krug sobresale por la ductilidad y la calidez de su voz, redonda, bien impostada e indudablemente apta para las partes que, con gran equilibrio entre musicalidad y dramatismo, interpreta. Especialmente atractiva es la Proserpina / Mensajera de Martina Koppelstetter, una tan notable actriz como cantante, quien, como es habitual en ella, ofrece una interpretación muy reflexiva, versátil (seriedad y humor se suceden sin roces), músicalmente sin mácula, al tiempo que finamente matizada en todos sus pormenores emotivos, eficientemente subrayados por una voz realmente muy hermosa. Como Caronte / Plutón, Tobias Pfülb resulta un intérprete indiscutiblemente adecuado: su honda voz de bajo nunca se disuelve en tinieblas amorfas, como es el riesgo en su tesitura, sino que dibuja los perfiles musicales excepcionalmente nítidos que exige una ópera de este tipo. También Daniel Karrasch y Jochen Schmidt se revelan como cantantes muy competentes en el repertorio barroco.
Este artículo fue publicado el 15/01/2009
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