
Alessandro Taverna (Caorle, Venecia, 1983) es un pianista que, pese a su juventud, cuenta en su palmarés con destacados premios en concursos internacionales celebrados en Estados Unidos, Londres, Italia, Japón y Sudáfrica. Era la primera vez que lo escuchaba en directo y me sorprendieron tanto su excelente técnica pianística como su capacidad de adaptación al variado repertorio programado.
El recital, interpretado íntegramente de memoria, se inició con la
Suite inglesa nº 5 de Bach. Desde el ‘Preludio’ inicial, Taverna dio muestras de una cuidada precisión de toque, dibujando con claridad las diversas líneas melódicas dentro del entramado contrapuntístico. La ‘Allemande’ sonó delicada y envolvente gracias a un discreto uso del medio pedal. Siguieron una ‘Courante’, donde los
stacatti en ritmo rápido resonaron poderosos en el Steinway de la sala, y una ‘Sarabande’, para concluir con dos ‘Passepied’ y una ‘Giga’ de carácter decidido. El recital prosiguió con el
Scherzo nº 4 de Chopin, donde Taverna exhibió una admirable agilidad en la interpretación de los rápidos pasajes ornamentales de las secciones primera y tercera de la pieza. La parte central, con la típica melodía chopiniana cantada por la voz superior mientras que la inferior acompañaba en el grave a base de amplios despliegues de arpegios, tuvo un carácter más íntimo, aunque apenas sin
rubato en la versión de este pianista que se muestra comedido y elegante.
Tras una breve pausa inferior a cinco minutos, la segunda parte nos introdujo de golpe, con
Play piano play, de Gulda, en un universo estético diferente, de influencias jazzísticas, con ritmos a contratiempo y ostinatos muy marcados, asi como series de octavas en
stacatto -en el caso de la última pieza- que fueron interpretadas con limpieza y precisión. Por su carácter efectista ésta podría haber sido una obra apropiada para concluir el recital; sin embargo, las piezas que siguieron mantuvieron esta misma línea con creciente dificultad técnica. La
Tarantelle di bravura de Liszt responde a un esquema de variaciones sobre un tema tomado de
La muette de Portici de Auber y en su interpretación Taverna mostró de nuevo un estilo de toque pulcro y elegante, haciendo parecer sencillos ciertos pasajes que constituyen auténticos desafíos técnicos para cualquier pianista. Una adecuada dosificación de recursos le permitió no caer en el exhibicionismo o el virtuosismo gratuitos, manteniéndose así fiel a su sobria personalidad como pianista. El recital concluyó con una espléndida versión de los
Tres movimientos de Pétrouchka -Danse russe, Chez Pétrouchka y La semaine grasse-, obra de delicioso carácter jocoso y desenfadado compuesta por Stravinsky para su amigo A. Rubinstein como un arreglo pianístico del ballet homónimo.
Fuera de programa y en atención a los numerosos y merecidos aplausos Taverna interpretó 'Danza del gaucho matrero', la última de las tres
Danzas argentinas de A. Ginastera.
Este artículo fue publicado el 21/12/2009
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