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Tres Montserrat

Santander, 09/12/2006. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Recital de canto y piano. Obras: G. Donizetti: Malvina; L’amor mio (Betly); Le crepuscule; Per pieta, bell’idol mio; Ave Maria. R. Leoncavallo: La chanson des yeux; Déclaration. P. Mascagni: Suzel, buon di (L’ami Fritz). G. Puccini : Addio, mi dolce amour (Edgar) ; E lucevan le stelle (Tosca). L. Delibes : Viens, Malika, Dôme épais le jasmin (Lakmé). Ch. Gounod : Je veux vivre (Roméo et Juliette) ; Repentir ; Au printemps. G. Meyerbeer : Oh paradis ! (L’africaine). M. Penella : Habanera (Don Gil de Alcalá) ; Si, torero quiero ser (El gato montés). P. Sorozabal: No puede ser (La tabernera del puerto). F. Caballero: Yo quiero a un hombre (El cabo primero). Montserrat Caballé (soprano), Montserrat Martí (soprano), Alberto Montserrat (tenor), Manuel Burgueras (piano). XI Temporada Lírica de Cantabria. Ocupación: 100%
imagen Está claro que el poder de convocatoria de la soprano catalana sigue siendo espectacular, y aún cuando el paso del tiempo haya mermado a una de las voces más importantes de la lírica de todos los tiempos, a Montserrat Caballé se la aplaude y se la quiere por su portentosa carrera, por lo que ha significado para el bel canto, y porque siempre es capaz de dejar asomar, aunque sea fugazmente, algunos instantes de la que han sido sus mejores armas: pianísimos y filados que, aunque hoy sean menos intensos y de menor duración, continúan siendo la marca de la casa. Así lo mostró más con Gounod que con Leoncavallo, pese a que su entrada con 'Malvina' de Donizetti, con problemas de afinación y cierto destemple, hacía presagiar lo peor.

Bien arropada por su hija, la también soprano Montserrat Martí, convencieron en sus intervenciones conjuntas con el Ave María de Donizetti, el célebre dúo de Lakmé y la 'Habanera' de Don Gil de Alcalá de Penella. Martí interpretó en solitario la seductora aria de Betly de Donizetti, 'L’amor mio', con su particular color tirolés, el lamento pucciniano 'Addio, mio dolce amor' de Edgar y 'Yo quiero a un hombre' de Caballero, exhibiendo sus amplios agudos a los que faltó un punto de expresión en el decir y mayor colorido en su paleta tímbrica. Mejores resultaron sus intervenciones a dúo con el tenor Albert Montserrat, especialmente en el bellísimo ‘Dúo de las cerezas’ de L’amico Fritz de Mascagni, lo mejor de la velada, expuesto con variedad expresiva y exquisito sentido musical.

El tenor -el más ovacionado de la noche- que posee una emisión admirable aunque algo nasalizada, impuso un canto sin aparente esfuerzo y de amplia tesitura, arrancando aplausos con 'E lucevan le stelle', que cantó con notable volumen, y fue más sensible y musical en 'Oh paradis!' y en la famosa romanza de La tabernera del puerto.

El final de la segunda parte, de carácter más popular y dedicado a la zarzuela, fue el momento que eligió Caballé para 'dialogar' con el público: Basta que la soprano suelte una de sus características risas o diga cuatro palabras -en este caso: “Aquí se puede cantar hasta sin voz, como yo”, elogiando la acústica de la sala- para que el auditorio se rinda en espontáneas ovaciones. Y así, con desenfado y entre risas, fueron llegando las propinas: Una Tarántula, un 'zapateado', el dueto de La viuda alegre de Léhar, el rossiniano 'Dúo de los gatos', el dúo aumentado a trío de El gato montés ('Si, torero quiero ser'), que la diva presentó como “El gato montés a tres”, hasta que el excelente pianista Manuel Burgueras se apoderó del libro de partituras para dar fin a un recital que paso inadvertida y gustosamente de las dos horas y media.

Este artículo fue publicado el 27/12/2006

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