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Muere un coloso del podio, aunque modesto...

imagen La mayoría de los directores de hoy son conocidos por el público en general a través de los medios de comunicación y no necesariamente a través de su obra o de su trabajo de todos los días. No hay necesidad de citar nombres para ofender a nadie, pero en el molde de Celibidache la lista es muy corta. Quizás entre los fallecidos (a quienes ya no se puede ofender) se pueda mencionar a Josef Krips o a Rafael Kubelik cuyas carreras fueron brillantes pero alejadas de los medios de comunicación. En pocos años muy pocos recordarán el nombre de uno de esos directores que se ha unido a la constelación que existe en ese paraíso de directores donde se encuentran (quizás sin hablarse) Erich y Carlos Kleiber y por supuesto Rudolf Kempe. Me refiero a Charles Mackerras (1925-2010), uno de esos directores que fueron Kapellmeister pero que también llegaron a un nivel exquisito de interpretación.

Y eso es un signo de nuestra época que mira a los artistas a través de cuantas veces aparecen en TV, o de cuantos cd’s han grabado y si han cantado en los “más importantes teatros del mundo” (si hay alguien que tenga una lista completa por favor ¡hágamela saber!)

El nombre de Charles Mackerras entrará en la lista de todos aquellos que gustamos de la música con pasión y que pretendemos que la música nos eleve a una esfera mas alta, como escribiría Goethe en la escena final de su Fausto. ¡Y qué buena comparación sería decir que Charles Mackerras nunca vendió su alma para lograr algo efímero y en su caso (y en otros de su talla) innecesario!. Mackerras y su obra permanecerán como hitos sin la ayuda de los mass media, Mackerras no será visto en posters en toda la cuidad sonriendo banalmente, o besando a una prima donna. Quizás a él le gustaría verse sentado en una mesa charlando y tomando te o café con músicos de una orquesta.

En mi caso conocí a Charles en 1973: estaba dirigiendo a mi esposa Heather Harper en Les Illuminations de Britten (otro coloso modesto), y me encantó la facilidad con que daba indicaciones, el buen humor y el sentido de autoridad que infundía de inmediato a la English Chamber Orchestra.

Poco después dirigió La Pasión según San Mateo y también la de San Juan, que habiéndolas escuchado dirigidas por Britten ya tenía mis prejuicios. Mackerras no podía haber sido mas diferente, su interpretación contenía -oh, qué sorpresa- ¡humor! ¿Humor en una Pasión? Y claro, había que recordar que Charles (así me dijo que lo tratara desde el comienzo y así lo hice) había sido compositor y que también dirigía música ligera (como muy pocos, Sir Malcolm Sargent por ejemplo, pero a Sargent le hubiera caído muy bien la media), y eso influía.

Donde también influía era en la esfera en donde fue mas conocido, la música de Janacek. Era impresionante escucharlo dirigir La zorrita astuta y extraer el tremendo humor que existe en esa partitura, pero claro, también había dolor, y eso también sabía extraerlo. Charles era un hombre feliz, trabajaba sin parar y su esposa Judy siempre me decía que se necesitaban dos Charles para satisfacer a todos los que lo querían contratar.

Pero su vida personal contenía tragedias profundas, su hija falleció hace pocos años de cáncer y hay más que no necesito detallar, pero que dejaron en él una marca profunda. Nunca afectó a su música, porque -como Mendelssohn- fue estoico y cubrió sus tragedias con sonidos bellos y con música de contenido profundo.

Charles gustaba de dirigir obras de Gilbert & Sullivan, y muchas veces se lo pudo escuchar haciendo lo que tanto le gustaba con calidad que elevaba al género del común denominador, en realidad Charles elevaba todo lo que dirigía a un nivel superior. Fue una lástima que las casas que tanto lo vieron dirigiendo Janacek no le dieran la oportunidad de dirigir otro repertorio que él también dirigía con maestría y con liviandad, me refiero a Strauss y a Wagner (solo dirigió Der Rosenkavalier en la ROH en 2004, pero dirigió una versión incandescente en la Welsh National Opera en Cardiff de Die Frau ohne Schatten), pero al menos en la ENO reinó con su acostumbrada autoridad y musicalidad, sus Janacek allí fueron simplemente legendarios.

Su última aparición como director en la ENO fue hace pocos meses dirigiendo The turn of the screw de Britten y allí recuerdo que luego de concluida la función Andrew Gardner (nuevo director musical de la casa) subió al escenario entre los aplausos y confirió a Charles una placa en recuerdo de su debut con la obra mas de 50 años atrás. Charles se encontró sorprendido pero habló con su acostumbrada modestia y agradecimiento.

Luego dirigió La zorrita astuta en la Ópera Real, no hubo nadie que dirigiera esta obra con la claridad mental que el le confería, Charles entendió a Janacek como ningún otro director, ni siquiera checo, pudo entender y eso se debió a sus estudios tempranos con Talich. Sus grabaciones para el sello Decca son imprescindibles para todos quienes deseen deleitarse con las obras de este compositor.

Por mi parte tuve la suerte de conocerlo socialmente y en otros aspectos: durante los años 80 cuando comencé a escribir notas de ópera y a comentar cd’s, siempre tuve el problema de no tener las partituras adecuadas a mano para compararlas. En un caso particular estaba haciendo una critica de una sinfonía de Bruckner, en la caja del cd decía que era una version X, conseguí la partitura de esa versión y me puse a escucharla. ¡No coincidía! Le pregunté a mi esposa que lee y escucha en su cabeza partituras completas sin problema alguno a ver si estaba leyéndola mal. Me dijo que no, que la música iba por un lado y la partitura era diferente. ¿Qué hacer? Llamé a Charles que vivía cerca de mi casa y que por suerte estaba en Londres y le plantee el problema. Me respondió de inmediato, “¿en la pagina xxx que dice?”. Dice: “)(*&”.... “¿Y como va la música en esa parte?” Va así: “&^%$#@”. Me dio varios ejemplos más y enseguida me dijo: “no es esa versión que dice la caja, es la versión abhg”.... Y así lo escribí para una gran revista inglesa y para la BBC, corrigiendo el error que ninguno de mis colegas mas eruditos había notado en otras publicaciones. Pero claro, ¿cómo mencionar a Charles? Nunca lo hice ..., pero ahora lo hago.

Charles tenía paciencia pero no tenía paciencia para tonterías ni para tontos, muchas veces escribió cartas a la prensa criticando ciertos artículos y corrigiéndolos, pero siempre con altura y con dignidad, sin apuntar el dedo.

Para Charles hacer música era solo una parte de su profesión, ya que Charles era un gran musicólogo que además orquestaba y componía sin problema alguno y que sabía como llegar al centro nervioso de las obras sin imponer grandes visiones desde afuera. Su gran virtud fue que tomaba a la música desde adentro y así sonaba, no había nada exterior, los efectos salían en forma integral, todo era tan natural, su Beethoven, su Mozart (la mejor versión de Las Bodas de Figaro que escuché en mi vida fue dirigida por él en la Ópera Real.....),y por supuesto su Janacek no tenían pares, todo sonaba sin esfuerzo como música pura, era un director de batuta liviana y de sonrisa australiana, tan australiana como su acento. Y así lo recordaré, como uno de los mas grandes entre los grandes, pero modesto.


Este artículo fue publicado el 30/07/2010

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Referencias:


Charles Mackerras

Comentarios:


Teresa 26/08/2010 12:47:03
Sí, excelente artículo. Gracias.

Frederic Sese 03/08/2010 16:31:04
Extraordinario artículo tanto en lo musical como en lo personal como en su forma literaria.


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