
Hace poco más de tres décadas, tocar los instrumentos con los cuales ahora habitualmente se ejecuta la música ‘antigua’ era un desafío. Para muchos esto es cosa bien sabida, para los jóvenes de hoy, que encuentran disponibles en las instituciones oficiales cátedras de laúd junto a las de piano, lo es menos. En aquellos tiempos los pasos se hacían con dificultad, y día a día, y con prudencia. Me basta decir que cuando coloqué por primera vez cuerdas de tripa a mi viola da gamba, mi maestro en Buenos Aires consideró esto un gesto de arrogancia. En aquel entonces la lucha fundamental ante nuestros colegas de los instrumentos ‘normales’ era convencerlos que se podía hacer música escuchable con nuestros instrumentos.
No fue fácil pero recuerdo que si para nosotros existía una barrera que resultaba el límite de lo posible era el
cornetto. Si bien se tardaba mucho en afinar un laúd, tocar de manera digna un
cornetto nos parecía quimérico. El nivel actual de excelencia técnica de ‘nuestros’ instrumentos se debe al trabajo y al genio de algunos pioneros a los cuales el futuro habrá de rendir justicia, sin duda: fueron uno o dos por instrumentos. Con el
cornetto, uno de esos nombres es sin duda el de Jean-Pierre Canihac. Su grupo histórico Les Sacqueboutiers de Toulouse son mucho más que un grupo, son un laboratorio de formación. El grupo es bastante flexible en su composición pero los pilares del ensamble, además de Canihac son Daniel Lassalle en trombón y Yasuko Bouvard en el órgano positivo. Alguno de sus integrantes son docentes en Lyon y Barcelona y es precisamente en la ciudad catalana donde se ha formado una emanación joven del ensamble francés, La Caravaggia, que ya ha cosechado importantes reconocimientos.
En un marco de enorme belleza, la famosa abacial de Saint-Pierre en Moissac se presentaron juntos los músicos de Les Sacqueboutiers junto a los de La Caravaggia en una solidaridad ejemplar que los mostró indistintos en la escena. La abadía es la del celebre tímpano que recoge Umberto Eco en
El nombre de la rosa cuando escribe que “El rostro del Sentado era severo e impasible…” En semejante lugar los músicos se exhibieron bajo la dirección de Canihac y de Lluis Coll en la siguiente formación: dos
cornetti, dos chirimías, cuatro sacabuches, dos dulcianas y un percusionista. Ocasionalmente alguno de los integrantes en el concierto ejecutó flauta dulce.
Momento del concierto
© 2009 by Michel Laborde
Si bien el programa anunciaba músicas de
El Cancionero del Duque de Lerma, en realidad cuanto se escuchó -fabordones, himnos y motetes- derivaba de variadas fuentes: tres de ellas europeas, provenientes de Utrecht, Lerma y Granada, y también del Archivo de la catedral mexicana de Puebla. En efecto, la obra que cerró el concierto fue el
Super fluminia Babilonia de Phillipe Rogier que es una de la docena de obras que Robert Stevenson catalogó hace ya cuarenta años. Fue en la música de Rogier donde el grupo musical mostró su sonoridad llena, y fue muy controlada en cambio en el resto del programa que comprendió, sin embargo una obra
concitata como
La Guerre, basada en Janequin-Verdelot. Se escucharon además obras de Gombert, Lasso, Nanino, Josquin y Guerrero, entre algunos anónimos.
Se estuvo ante un grupo único sin posibilidad de distinguir a dos ensambles. Se percibieron además individualidades de nivel altísimo que se mostraron en posiciones espaciales combinadas de las maneras mas variadas.
El resultado musical fue magnifico. Un sonido homogéneo, mórbido, elástico, fiel a las características del director del grupo que prioriza la tersura del sonido más que la articulación pronunciada. Canhiac en esa velada ha continuado enseñando porque lo que se escuchó fue magistral en el cabal sentido de la palabra.
Las músicas de Guerrero, hermosísimo el
Pange Lingua, fueron servidas con un fraseo fiel al texto que escondido en esta versión instrumental, evocaban.
Momento del concierto
© 2009 by Michel Laborde
Como antes he escrito, recién en el final se disolvió un reservado pudor tanto en el sonido del concierto en general, como en el ajuste rítmico de algunos finales y todo esto justificó en la conclusión un triunfo de fuegos de artificio ante el esperado sonido lleno que llevó a este concierto a la merecidísima aclamación del publico presente.
La iglesia acogió con una acústica generosa pero nunca excesiva, un público numeroso en el que, tal vez por las dificultades de acceso al lugar con medios públicos, no primaron los jóvenes.
La organización de este concierto, como la del día anterior a cargo de Les eléments, fue impecable y cuidadosa de los más pequeños detalles.
Para confirmar o desmentir lo arriba escrito los amigos de
Mundoclasico.com podrán escuchar la grabación de este concierto el miércoles 6 de mayo a las 14,30 en las ondas de France Musique.
Este artículo fue publicado el 05/05/2009
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