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La viola múltiple

Paul Hindemith: Sonata para viola opus 25, Nº1; Bernd Alois Zimmermann: Sonata para viola; Luciano Berio: Sequenza VI; Gérard Grisey: Prologue; Emmanuel Nunes: Einspielung III; Elliott Carter: Figment IV; Gilles Binchois/Georg Kröll: Tant Plus Ayme; Pierre Boulez: Messagesquisse; Johannes Ockeghem/Bruno Maderna: Malor me bat; Wolfgang Rihm: Canzona nuova. Domenico Gabrielli: Ricercare 1; Jonathan Harvey: Ricercare una melodia; Carlo Gesualdo/Christophe Desjardins: Madrigale X (Quinto Libro); Ivan Fedele: Elettra. Christophe Desjardins, viola. Kaisa Pousset, productora. Sébastien Naves y Andreas Werner, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 146:23 minutos de duración grabados en Marthalen y Alfortville, de agosto de 2008 a febrero de 2009. æon AECD 0981. Distribuidor en España: Diverdi
imagen En la extensa entrevista que el pasado mes de febrero publicamos en Mundoclasico.com [leer entrevista] con Christophe Desjardins (Caen, 1962), miembro del Ensemble Intercontemporain parisino y uno de los violas más destacados de nuestro tiempo, el músico francés afirmaba que la viola se había vuelto “múltiple”, debido a la gran cantidad de técnicas, lenguajes e innovaciones que han hecho avanzar sus posibilidades expresivas a lo largo del siglo XX, tomando como referencia un instrumento cuya construcción ha permanecido, básicamente, inalterada.

Pues bien, en aquella entrevista Christophe Desjardins nos anunciaba ya el inminente lanzamiento de un doble compacto del sello æon en el cual realizaría un repaso por algunos de los hitos fundamentales que, en su opinión, han marcado la evolución de su instrumento. Es precisamente de ese lanzamiento discográfico del que damos cuenta hoy en las páginas de nuestro diario; una edición marcada por la alta calidad a todos los niveles: compositores recogidos, obras, interpretación, grabación y presentación.

Desjardins divide su propuesta en dos partes. La primera es ‘Alto’, y en ella realiza ese recorrido antes mencionado, partiendo de la Sonata para viola opus 25, nº 1 (1922) de Paul Hindemith (1895-1963), en su calidad de viola y compositor, uno de los primeros grandes valedores de este instrumento en el siglo XX, como sus cuatro sonatas para viola dan fe. La versión de Desjardins se mantiene, como el resto de las interpretaciones de estos compactos, entre lo sobresaliente y lo excepcional. Su lectura es muy sobria, técnica y limpia en los dos primeros movimientos, sabiamente construidos en cuanto a estructura, mientras que en el tercero impresiona su desarrollo rítmico, con una modernidad reconcebida en la que Desjardins intuye ya asomos que mucho más tarde llegarían a su plenitud en las últimas obras de Ligeti. A ello contrapone un ‘Langsam’ final sombrío, austero, con un trabajo inmaculado de la polifonía a través de las dobles cuerdas y de los episodios melódicos.

La Sonata para viola (1955) de Bernd Alois Zimmermann (1918-1970) vuelve a poner al alemán en contacto con uno de los compositores al que más admiró durante toda su vida: Johann Sebastian Bach, del que en esta Sonata se cita su coral Gelobet seist du, Jesu Christ BWV 604. Obra de extrema atención al timbre, al color y al refinamiento técnico en cuanto a la producción sonora, Desjardins expone esta joya musical enfatizando sus texturas agudas, sus pasajes sul ponticello, los tejidos tonales que se afirman y desvanecen de forma por momentos casi imperceptible. Con un tratamiento musical muy marcado por Webern, la cita bachiana final supone revisitar los orígenes espirituales de la música germánica desde sus estadios más desarrollados, en la inmediata posguerra.

De la impresionante Sequenza VI (1967) de Luciano Berio (1925-2003) ya había grabado el propio Desjardins una magnífica versión para la Deutsche Grammophon (457 038-2) en el año 1998. Pues bien, la que ahora nos brinda æon es incluso superior a aquélla, ejecutada con una velocidad, vehemencia y rotundidad en la métrica que asustan. La capacidad técnica del francés alcanza aquí una de sus cúspides interpretativas, no sólo por los vibrantes pasajes iniciales, sino por el marcado contraste que expone en los compases finales de la obra, que desgrana con gran sabiduría y calma. La toma sonora ayuda, y mucho, siendo la más impresionante que haya escuchado para esta pieza. Quizás por ello la situaría como la versión de referencia, incluso por encima de Garth Knox, que en su lectura de 1995 para Mode (161/3) se muestra más ‘Arditti’; esto es, más metálico y aristado en su sonido; mientras que Desjardins despliega un Berio más mediterráneo, menos abrupto y más fluido.

El inclasificable Prologue (1976) de Gérard Grisey (1946-1998), primera parte del monumental ciclo Les espaces acoustiques (1974-85), es todo un tour de force para viola entre lo técnico y lo expresivo, al borde del delirio, de lo alucinatorio. Desjardins lo concibe casi como un camino hacia el infierno, como un descenso a través de un cuadro del Bosco, con su suerte de movimiento perpetuo, de ostinato constantemente renovado en sus soluciones a partir de esa melodía de cinco notas expuestas en un arpeggio prácticamente roto. La sucesión de oleadas del Prologue va aportando vías de desarrollo de una variedad increíble, gracias al concienzudo trabajo armónico típico de los espectralistas, y a la disposición adyacente de toda una batería de instrumentos utilizados como fuentes de resonancia: piano, ondas Martenot, percusión... Ello es tratado en esta versión de forma electrónica, con resultados fascinantes y soluciones acústicas tan inéditas como desconcertantes que marcan uno de los puntos álgidos del disco, y una de las versiones señeras de la obra junto a Knox en Kairos (0012422KAI).

El siguiente compositor abordado por Desjardins es el portugués Emmanuel Nunes (Lisboa, 1941), del cual el viola francés ya había grabado un excepcional monográfico, en mi opinión entre las cumbres interpretativas del catálogo discográfico del lisboeta (æon AECD 0756). En esta ocasión escuchamos Einspielung III (1982), una obra muy sobria, compacta y densa, en la cual el trabajo con las voces y su contrapunto nos remite a su herencia formal debida a la muy querida por Nunes Segunda Escuela de Viena, de entre cuyos compositores Anton Webern parece asomarse en su tramo final. Como siempre, la perfecta afinación de Desjardins, su musicalidad y la capacidad para apuntalar las estructuras musicales en un recorrido tan largo como Einspielung III, hacen de él un intérprete idóneo para Nunes.

Cierra el primer compacto la brevísima Figment IV (2007), del venerable decano de los compositores Elliott Carter (New York, 1908), que curiosamente firma la obra más reciente del disco, y la única escrita en el siglo XXI. Se trata de una obra sobria y de un lenguaje muy depurado, que porta ecos de otros tiempos, que han sido (todos ellos, y como sumatorio) los del propio Carter, un artesano de la música que ha trascendido a décadas, corrientes, escuelas y estilos con una impronta personal que encuentra en Desjardins a un magnífico traductor.

El segundo compacto, ‘Multiples’, trabaja de forma exquisita el montaje de diversas voces pregrabadas, ofreciendo versiones en las que Desjardins se multiplica en varias violas electrónicamente superpuestas para ampliar los horizontes del instrumento. Una de las adaptaciones para violas que podemos escuchar en este compacto es Messagesquisse (1976), de Pierre Boulez (Montbrison, 1925), que adquiere de este modo una tesitura más aguda, y en manos de Desjardins una perfección técnica encomiable, repleta de matices, al contar con tan extraordinario solista grabado y superpuesto en todas las voces de la obra.

La composición más extensa del compacto es la Canzona nuova, del alemán Wolfgang Rihm (Karlsruhe, 1952), elaborada a partir de su Canzona de 1982, en esta ocasión para cuatro violas. Se trata de una música ‘dionisíaca’, que según el propio Rihm pretende investigar los modos de articulación de la viola, así como los colores y timbres de este instrumento; en cuya voz desarrolla esa suerte de nuevo romanticismo que tantas veces aflora en las piezas del alemán.

Original para trompeta, en Ricercare una melodia (1984), del británico Jonathan Harvey (Sutton Coldfield, 1939), Desjardins juega con un canon en cinco partes obtenido a través de la electrónica, en el que constantemente se juega con el color de la viola vía transposición tonal; en un proceso que trata de desarrollar motivos melódicos que van resultando quebrados.

De Ivan Fedele (Lecce, 1953) escuchamos Elettra (1999), una pieza que apuesta por la complejidad sonora tanto en la viola acústica como en su relación con una perturbadora electrónica en vivo que explota los gestos técnicos de la misma: glissandi, sul tasto, pizzicati, etc., además de la filiación estilística de este instrumento a diversos momentos históricos, con lo cual en sí supone una suerte de síntesis y perfecto cierre para este magnífico viaje a través de la historia de la viola, situados de lleno en un tumulto sonoro de corte futurista que borda con excelso virtuosismo Desjardins.

Junto a estas transcripciones y partituras originales para viola, nos encontramos con una serie de piezas adaptadas para este instrumento provenientes de diversas etapas históricas de la música, como el Ricercare 1, de Domenico Gabrieli. Producto de la recomposición son Tant Plus Ayme (2003), de Gilles Binchois, tratada por Georg Kröll; Malor me bat, de Johannes Ockeghem, en el arreglo de Bruno Maderna; y el Madrigale X (Quinto Libro), de Carlo Gesualdo, en una actualización para violas a cargo del propio Christophe Desjardins. Todas estas versiones e interpretaciones destilan una gran belleza, aunque uno eche en falta la impronta histórica que confiere el bellísimo sonido de la viola d’amore.

Todo un viaje por la historia de la viola, así pues, alquitarado en apenas 146 minutos; toda una biblioteca sobre la interpretación de este instrumento resumida en 14 capítulos ejemplares. Quizás echemos algunos episodios de menos, como las The Viola in my Life, de Feldman; si bien parece haber optado æon por no repetir piezas que el propio Desjardins ya había grabado previamente en algunos de sus anteriores y extraordinarios registros para el sello francés.

Las tomas sonoras son absolutamente prodigiosas, encabezando en lo técnico las versiones que hasta ahora disponíamos para estas piezas. A ello añadimos la cuidadísima presentación que acostumbra æon y unos amplios textos muy informativos a cargo del propio Christophe Desjardins, en los que desglosa el sentido de este ambicioso programa. Soberbio, sin paliativos.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Diverdi


Este artículo fue publicado el 24/05/2010

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Referencias:


Christophe Desjardins


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