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Entre amigos

Santiago de Compostela, 07/07/2010. San Domingos de Bonaval. Programa: “Lamentos, Folías Célticas de Finisterre al Nuevo Mundo: Galicia. Irlanda, Esocia y Bretaña”. Jordi Savall, viola da gamba; Andrew Lawrence King, arpa irlandesa y salterio; Pedro Estevan, percusión; Carlos Nuñez., flautas y gaita. V Festival Via Stellae de Música, Compostela e os Seus Camiños. Ocupación: más del 100% inicialmente previsto.
imagen La semifinal del Mundial de Fútbol anticipó el comienzo de las Sesiones Golfas que este año forman parte del Festival Via Stellae. Así, este concierto, que debía haber empezado a las 20.30 –misma hora del España-Alemania-, acabó retrasándose hasta pasadas las 23 horas, y se prolongó hasta entrada la madrugada. Poco importó, pues el público entregado abarrotaba Bonaval para asistir a una curiosa cita en la que unieron fuerzas Jordi Savall, esta vez en su faceta de violagambista, Andrew Lawrence King al arpa, Pedro Estevan a la percusión y el gallego Carlos Nuñez, con flautas y gaita, para hacer un curioso repaso por música medieval y barroca de inspiración celta, desde las Cantigas de Alfonso X hasta obras de tradición popular irlandesa y escocesa, o de autores como James McPherson, Niel Gow o Turlough O’Carolan.

Un programa extenso, variado y refrescante, en el que hubo tiempo para momentos delicados –en el medley titulado The Lamento Set, en el que Savall estuvo sublime interpretando McPherson’s Lament- y desenfadados por igual. Un programa donde reinó el buen clima entre cuatro músicos de primer nivel, en un ambiente de camaradería que se contagió con facilidad al público; un público por cierto bastante diverso del que es habitual en el Via Stellae, tal vez arrastrados por el filón de Carlos Nuñez –que, pese a todo, se consagró, como era de esperar, a las flautas y solo sacó la gaita en las propinas- o incluso por el filón de la música celta en sí. Resultó muy interesante, ver a gente nueva vibrando junto a los habituales, en uno de esos conciertos que, directamente, reconcilian al público con la buena música bien interpretada, sea del estilo que sea.

En los aspectos estrictamente musicales, ésta ha sido sin duda alguna una de las más felices actuaciones de Jordi Savall en Galicia: en un repertorio bastante ajeno al que nos tiene acostumbrados, tocó con un sonido de suma limpieza, y alcanzó momentos de verdadera emoción, como el que ya he mencionado más arriba. Más allá de ser un artista mediático con un público fiel que le sigue, que lo es, la sólida formación y la exquisita sensibilidad con la que Carlos Nuñez toca la flauta ya no debería sorprender a nadie a estas alturas, quedando una vez más probada su calidad e inteligencia como músico, más allá incluso del repertorio que frecuenta habitualmente. Otro tanto puede decirse del arpista Andrew Lawrence King, que aportó su delicadeza para resaltar la belleza del sonido de los instrumentos. Pedro Estevan –que empieza a ser un elemento verdaderamente indispensable cuando Jordi Savall ofrece un concierto- es un virtuoso de la percusión, y su contribución, aparentemente secundaria, a esta velada, fue fundamental también para el triunfo. Cuatro músicos brillantes, que huyeron de lucimientos personales y decidieron trabajar en equipo, como cuatro amigos que se juntan para hacer música, disfrutando claramente con lo que estaban haciendo y transmitiendo ese disfrute al público. Particularmente sublime fue el momento en que Savall y Nuñez, solos, unieron fuerzas para interpretar un Gwetz tras el cual vino un silencio que dejó flotar la música en el aire, seguido por una ovación sincera: con razón, fue un momento, lo repito, verdaderamente sublime y de música de primer nivel, que bien podría resumir toda la tónica del concierto.

Tras casi dos horas de música sin interrupción, al borde de la una de la madrugada, cuando terminó el concierto, se desbordó el entusiasmo, consiguiendo dos propinas en las que Carlos Nuñez incorporó la gaita, para deleite de los muchos que habían ido exclusivamente a escucharle a Él: ahí la respuesta del público fue ya enloquecida con todos –desde el director artístico hasta algunos artistas extranjeros presentes porque actuaban en próximos días-, respondiendo encantados a la petición de palmas de Nuñez, acabando el concierto en una fiesta. Enhorabuena al Via Stellae por esta propuesta absolutamente acertada y necesaria.


Este artículo fue publicado el 27/07/2010

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Comentarios:


Otro espectador 01/08/2010 23:25:41
¿Qué fue lo que no le gustó? ¿La interpretación de Savall o el hecho de que un músico como Savall se preste a un concierto así? Porque si lo que no le gustó fue la música interpretada, con no ir hubiera solucionado su problema. Sabía lo que iba a escuchar ¿no?

Espectador 27/07/2010 7:47:04
Me da la impresión de que asistimos a dos conciertos diferentes. Soy admirador de Jordi Savall desde aquel disco [que no CD] del Libre Vermell y lo debí de escuchar en concierto unas 50 veces desde entonces. Esta de Bonaval fue la única vez que me pareció flojo. Despistes evidentes probablemente debidos a una falta de ensayos, desafinaciones frecuentes [muy raro en Savall], y una música sin interés hecha para que el flautista de Hamelín gallego saliera a escena. Quizás habría gustado esta fusión en Ortigueira o Lorient, pero en Via Stellae el nivel es demasiado alto para aguantar eso.


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