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Afinidad interpretativa. El Cuarteto de Cuerdas Eppes

San José de Costa Rica, 13/02/2008. Teatro Eugene O’Neill. Cuarteto de Cuerdas Eppes (Florida State University): Rang Hee Kim, violín I (Michele Deconet, Venecia y Padua, 1751); Kim Hain, violín II (Tetsuo Matsuda, Barrington, Illinois, 2000); Anabelle Terbetski, viola (Álvaro Escalante, Guadalajara, 1997); Katie Geeseman, violonchelo (Morglato Morella, Mantua y Venecia, 1594). Joseph Haydn, Cuarteto en sol mayor, opus 64, N° 4, Hob. III: 66. Béla Bartók: Cuarteto nº 4. Charles Ives: Cuarteto nº 1. Ludwig van Beethoven: Cuarteto en si bemol mayor, opus 18, N° 6. Ástor Piazolla: Four, for Tango. Serie: Promesas Artísticas del Siglo XXI. Presentación: Centro Cultural Costarricense Norteamericano.
imagen Las prolijas interpretaciones modeladas por el Cuarteto de Cuerdas Eppes, formado por cuatro mujeres jóvenes que completan estudios de posgrado en el Colegio de Música de la Universidad Estatal de Florida, en Tallahassee, evidenciaron no solo el talento particular y la alta calidad de la enseñanza musical en esa institución, también demostraron un grado inusual de entendimiento y afinidad artística entre sus integrantes.

Sería comprensible que las jóvenes quieran proseguir carreras individuales, pero antes quizá deberían considerar la conveniencia de mantenerse unidas e instituirse en conjunto permanente, porque la fusión interpretativa que han alcanzado en el poco tiempo que llevan tocando juntas me parece un augurio de que sería provechoso que se mantuvieran asociadas.

Esta unión de sensibilidad y voluntades es el requisito indispensable para el desempeño acabado en el difícil género del cuarteto de cuerdas, en el que las cuatro voces instrumentales deben acoplarse sin perder su distinción propia.
Esto se me hizo evidente de inmediato en la versión puntual y refinada que las ejecutantes brindaron del Cuarteto en sol mayor de Joseph Haydn quien creó el género clásico del cuarteto de cuerdas.


Fotografía © 2008 by Francisco Rodríguez

De los seis cuartetos de cuerdas compuestos por Béla Bartók considerados como la contribución más prominente al género en el siglo XX, el Cuarteto N° 4 es el que se escucha con mayor frecuencia. De él, el Cuarteto Eppes forjó una lectura concentrada y escrupulosa, muy atenta a los inusitados timbres específicos de cada uno de los cinco movimientos.

Tal vez fue por seguir a una obra tan original e inaudita como la de Bartók, pero el Cuarteto N° 1, titulado Del Ejército de Salvación, de Charles Ives me sonó anodino y poco interesante en esta primera audición de los dos movimientos iniciales.

En sus 16 cuartetos de cuerdas, Ludwig van Beethoven alcanzó alturas musicales y anímicas imponderables. En el Cuarteto en si bemol mayor último de la primera colección que salió a la luz, todavía es notable la influencia de Haydn y Mozart, aunque la voz de Beethoven se mantiene inconfundible. Frases fluidas, espontaneidad, sonido terso y lozano destacaron en la interpretación robusta moldeada por las jóvenes.

Bien que muy cumplida en el aspecto técnico, me hizo falta algo más de humorismo y picardía en la versión del Cuarteto de Cuerdas Eppes de Four, for Tango (Cuatro para tango), de Ástor Piazzolla que concluyó la función.

El público se mantuvo atento y aplaudió de manera cálida el rendimiento laudable del Cuarteto de Cuerdas Eppes, pero fue irritante que en dos ocasiones el sonido de teléfonos celulares perturbara la audición.


Este artículo fue publicado el 27/02/2008

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La crítica de Andrés Sáenz y la foto interior se publican por cortesía del diario "La Nación" de San José de Costa Rica

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