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Música contemporánea de cuño variado

Madrid, 23/10/2006. Auditorio 400 del MNCARS. Pierrot Lunaire Ensemble Wien: Silvia Gelos (flautas), Gerd Meland (clarinetes), Stanislava Svirac (violín), Peter Gospodinov (violoncello), Gustavo Balanesco (piano). Gérard Grisey, Talea. Alban Berg, '2º movimiento' del Concierto de Cámara. Salvatore Sciarrino, Omaggio a Burri. Wolfgang Rihm, Chiffre IV. Arnold Schoenberg-Anton Weber, Sinfonía de Cámara op 9 . 2º Concierto de la Temporada del CDMC 2006/7. Aforo: 65%
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En su segundo concierto de la temporada, el CDMC (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea) trajo de Viena un conjunto especializado, a saber el 'Pierrot Lunaire Ensemble Wien', para tocar cinco obras de su repertorio, de música del siglo XX. Fue nuevamente interesante constatar la diferencia de estilo entre los compositores, reflejando Schoenberg y Berg el expresionismo vienés, mientras que Grisey, Sciarrino y Rihm, cada uno a su manera, hicieron gala de variados idiomas abstractos. Juan Carlos Moreno lo describe todo muy bien en sus notas al programa.

La obra de Grisey, que data de 1986, toma como primer tema el silencio, tema que recuerda también al final de la obra. Los cinco instrumentos (en rigor son más, porque se utilizan tres flautas -la normal, la alta y la baja- y tres clarinetes idem) producen toda clase de colores, lo mismo que el piano, que en varias ocasiones sirve de instrumento de percusión. La obra es interesante, me dejó intrigado, pero carece -seguramente a propósito- de toda emoción.

No se puede decir lo mismo del 'Adagio' del Concierto de Cámara para piano, violín y catorce instrumentos de viento, de Alban Berg, que fuera transcrito por el propio autor para violín, clarinete y piano en 1935, unos diez años después, y cuya versión escuchamos. Con razón, Berg quiso darle a esta música un carácter más íntimo, haciendo música de cámara con su propio material. En efecto, se trata de un movimiento muy cargado de emociones, de una noble tristeza, capaz de llegarte al corazón. Precioso el sonido de la violinista Svirac, capaz de expresar los sentimientos de esta música entrañable.

El Homenaje a Burri de Sciarrino -nacido en 1947- escrito para violín, flauta en sol y clarinete bajo recuerda la obra pictórica de Burri, que murió en 1995. Toda la obra transcurre en tinieblas sonoras, el violín apenas susurra con trémolos en la punta del arco, la flauta produce golpes quedos y secos, y al clarinete bajo a veces apenas se le oye respirando. Otra obra muy abstracta que crea un clima sugerente, pero que tampoco llega a emocionar.

En la segunda parte oímos, en primer término, Chiffre IV del alemán Rihm, escrito para clarinete bajo, violoncello y piano. Sus 12 minutos de extensión me parecieron largos para el contenido temático y/o sonoro.

Menos mal que el concierto terminó con una apabullante versión de la recreación que hiciera Anton Webern de la Sinfonía de Cámara op 9 de Schoenberg para el club de amigos vieneses que éste creó para escuchar música que no encuadraba dentro del gusto del gran público que acudía a las salas de conciertos, en aquel entonces. ¡Qué excelente compositor era Schoenberg! Cuando se oye esta música, tan bien tocada por el conjunto que nos visita, se descubren giros y secretos que atestiguan una maestría fuera de serie. Los dos motivos -uno de ellos una escala de cuartas ascendente- y el otro, una frase cromática, se perciben en toda clase de combinaciones. Y hay emoción a raudales, vaya si la hay. La preparación de varios momentos culminantes, cuidadosamente planificados vía sutiles acentos dinámicos, demostró a las claras un profundo conocimiento de la obra por los cinco intérpretes.

Fue tan solo hace pocos días que escuchamos la misma obra aquí en Madrid, en un ciclo dedicado a la Viena de aquellos tiempos. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero en este particular caso, no cabe ninguna comparación. Esto fue otra cosa, y la reacción del público fue la que correspondía: entusiasmo y agradecimiento por los momentos vividos, de gran altura artística.

Los cinco integrantes del Pierrot Lunaire Ensemble Wien, tres mujeres y dos hombres (violoncello y piano) demostraron que no solamente eran buenos instrumentistas sino, más aún, buenos músicos. Sus nombres no son precisamente muy austríacos -todos vienen de diferentes orígenes- pero fueron acogidos por las autoridades austríacas como representativos de su vida cultural. ¡Digno ejemplo, a imitar!

En suma, música contemporánea de cuño variado, que nos llevó a diferentes mundos sonoros: todos muy atractivos e interesantes, pero no todos capaces de emocionar. Las versiones, todas óptimas, de gran calidad.



Este artículo fue publicado el 13/11/2006

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