Jacques Offenbach, Les Contes d’Hoffmann. Producción de The Royal Opera House, Covent Garden (1981). John Schlesinger, dirección escénica. William Dudley, escenografía. Maria Björnson, vestuario. David Hersey, iluminación. John Wilson, iluminación para televisión. Brian Large, dirección para televisión. Plácido Domingo (Hoffmann), Luciana Serra (Olimpia), Agnes Baltsa (Giulietta), Ileana Cotrubas (Antonia), Claire Powell (Nicklauss / Muse), Robert Lloyd (Lindorf), Robert Tear (Spalanzani), Geraint Evans (Coppélius), Siegmund Nimsgern (Dappertutto), Philip Gelling (Schlemil), Francis Eggerton (Pittinaccio), Incola Ghiuselev (Dr. Miracle), Gwynne Howell (Crespel), Phyllis Cannan (Spirit of Antonia’s mother), Eric Garrett (Luther), Robin Leggate (Nathanel), John Rawnsley (Herrmann), Paul Crook (ander and Cochenille), Bernard Dickerson (Frantz), Deanne Begsma (Stella). The Royal Opera Chorus. The Orchestra of the Royal Opera House. Georges Prêtre, dirección musical. Idiomas: ingles, francés, alemán, italiano, español y japonés. Formato de sonido: Dolby Digital 2.0 Stereo. Duración total: 150 minutos. DVD 9 PAL. Códigos de región: 2,3,4,5,6. Una producción de NVC Arts. Warner Music Vision 0630-19392-2

Es justamente célebre esta versión de
Les Contes d’Hoffmann que Royal Opera House produjo en 1981 y que desde entonces se repone con éxito –yo mismo firmé una crítica en el año 2000 desde Londres para
Mundoclasico.com. Y es que Schlesinger permite que nos recreemos en los muchos detalles de la escenografía complicando lo menos posible el movimiento de los actores. De hecho, el movimiento gira en torno a ‘Hoffmann’, que es quien nos cuenta la historia de sus tres amores frustrados: ‘Olympia’, ‘Giulietta’ y ‘Antonia’. Los decorados están magníficamente realizados por William Dudley, así como el vestuario y la iluminación. A menudo no se comenta la dirección para la televisión, pero aquí merece un aparte.Todos sabemos de la maestría de Brian Large en la realización de este trabajo, pero en estos
Contes –quizá porque tuve ocasión de verlos en vivo y eso me permite la comparación– se supera a sí mismo. Cuenta con actores que se lo permiten. Por ejemplo: cuando Domingo acaba su canción de Kleinzack y añora a su amada, la cámara busca su cara; Domingo la sigue y finalmente la cámara se eleva sobre el escenario con la mirada del tenor fija en ella. El espectador, en ese momento, es el objeto del anhelo amoroso de ‘Hoffmann’ y resulta muy impactante. Pasa en más de una ocasión.Musicalmente, hay brillo para dar y tomar. Georges Prêtre suma a su buen trabajo como concertador, una gran capacidad para ofrecer un sonido elegante, aunque no por ello menos festivo y exuberante en las escenas que así lo requieren. Demuestra que conoce y respeta las voces acompañándolas con mimo y muestra cada acto como un mundo completamente diferente. ¿Qué más se podría pedir?Los cantantes también dan la talla. ‘La muñequita’ de Luciana Serra es eso, una muñequita de perfecta adecuación vocal. Agnes Baltsa se da completa en el papel de cortesana y firma una ‘Giulietta’ de peso, aunque el punto álgido es Ileana Cotrubas. Su ‘Antonia’ es antológica: la oscuridad del timbre, su morbidez y el fraseo ligero nos arrastran. Es una cantante de la que se habla menos de lo que merece. Junto a ellas están espléndidos Robin Leggate, el inolvidable Geraint Evans o Siegmund Nimsgern.Pero es ya hora de hablar del centro de todo: Plácido Domingo. ¡Qué ‘Hoffmann’! Vocalmente está pletórico –lo que no impide que no resulten tirantes algunos agudos– y es maravilloso dramáticamente. No queda más que sentarse, admirarlo y por momentos, pellizcarse para recordar que no es más que una ópera y que no le está pasando todo eso en la realidad. Su amor por las tres es patético, su borrachera fantástica y su desesperación final inolvidable. Ahí queda eso, parece decirnos Plácido Domingo al final de su interpretación, que no tiene rival en soporte videográfico.
Este artículo fue publicado el 24/10/2003
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