Es la segunda vez que me enfrento a esta producción, que data de 2011, y sigo poniendo sobre la mesa los problemas que a mi entender se esconden tras la apuesta de la compañía catalana La Fura dels Baus. El paso del tiempo es una lastra para una puesta en escena que en tiempos supuso quizás un reto para el espectador, ávido de nuevas experiencias visuales.
Poco a poco nos vamos acercando con sigilo a ese 2046 en el que se ambienta, y a buen seguro la tecnología y los efectos, en los que se basa una buena parte de la experiencia propuesta, ha dado pasos más importantes de los pronosticados. Es bajo esa premisa donde pese a su relativa adolescencia se vuelven por ejemplo vetustas e incómodas las gafas 3D, aquellas que en principio protegen al espectador de mirar directamente a Turandot.
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