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Es posible que a algunos lectores les extrañe
este artículo en una revista dedicada tan exclusivamente a la música
clásica. Otros ya habrán observado que es costumbre de la
revista recoger aunque sólo sean las citas imprescindibles: necrológicas,
centenarios, etc., de la música "ligera" latina. ¿Qué
por qué?. Pues por varios motivos.
Porque no nos consideramos quien para marcar
las fronteras: La ópera es música clásica, de eso
no nos cabe duda, pero ¿y la zarzuela? Y si metemos la zarzuela
¿por qué no el género chico, que vale tanto o más
artísticamente hablando?; y si metemos el género chico ¿por
qué no el ínfimo?; y si metemos el ínfimo .... pues
ya hemos llegado a la copla.
A lo mejor también lo hacemos porque
sino, no lo hace nadie. Un par de artículos en el periódico,
unas esquelas, quizá un homenaje al que van casi exclusivamente
sus amigos y admiradores, y unos pocos políticos que se sienten
obligados. Merecen más.
Y si esto no les convence pues lo intentamos
por la "oratio obliqua": Juanita Reina cantó zarzuela, poca
porque nació cuando el género ya estaba en decadencia, pero
cantó zarzuela.
Sus primeros años y sus primeros éxitos
Juanita Reina Castrillo nació en Sevilla,
en el barrio de la Macarena -o por lo menos eso dice su biografía
oficial- el 25 de agosto de 1925. Su padre era un pescadero sevillano que
con el tiempo se convirtió en agente de conciertos y empresario
teatral. Unos dicen que se opuso a la carrera artística de Juanita,
otros que fue su principal promotor. En todo caso Juanita Reina actuó
en el espectáculo Tabaco y oro, que organizaba su padre,
siendo muy joven. No destacó especialmente en esta ocasión,
y la guerra y los años inmediatos a ella impidieron nuevas actuaciones.
Su auténtico debut vino de la mano del
cantaor Enrique "el Cojo", que le enseñó a moverse por el
escenario y le dio su estilo peculiar, mucho más apasionado y expansivo
que el de Conchita Piquer, quien había marcado el modelo de la canción
andaluza de posguerra. En 1942-3, aprovechando que Conchita Piquer estaba
de gira por Hispanoamérica, Juanita Reina se convierte en una de
las principales estrellas de la copla, junto con Lola Flores. Actúa
en varios espectáculos de Quintero, León y Quiroga, el trío
más destacado dentro de estos años, y de Ochaíta,
Valerio y el maestro Solano, el más conocido La España
de monsieur Dumas, (Madrid, Teatro Calderon, 1945). Cuando vuelve la
Piquer a España, tanto Lola Flores como Juanita Reina, han conseguido
hacerse ya con un público y su popularidad no se ve apenas afectada.
De estos años son canciones como Manuela la de Jerez, Compuesta
y sin novio, La señorita del acueducto o Los churumbeles,
que quedaron para siempre asociadas a su nombre.
También en estos mismos años
comienza su carrera como actriz cinematográfica. Era lo habitual
desde Raquel Meller y sobre todo desde Imperio Argentina: la cupletista
o tonadillera, para ser una auténtica estrella, tenía que
triunfar simultáneamente en los escenarios y en los platós
de cine. Su primera película, ya directamente como protagonista,
fue Blanca Paloma (1942) dirigida por Florián Rey. Luego
siguieron otras muchas como Canelita en rama, Macarena, Serenata
española, Sucedió en Sevilla, Vendaval,
La
cárcel de cristal y sus dos películas más famosas:
La Lola se va a los puertos (1947) dirigida por Juan de Orduña,
y Lola la Piconera (1951), basada en uno de sus canciones más
emblemáticas. La novia de Juan Lucero (1958), fue -creo-
su última película y en ella parece notarse ya una cierta
decadencia, o por lo menos un agotamiento del género. Prácticamente
todas estas películas fueron producidas por su propio padre a través
de la productora que él creó, "Reina". Su calidad artística
varía mucho, pero en todas ellas el objetivo es lucir la voz de
Juanita Reina, sin que el argumento y su verosimilitud sean factores importantes
a considerar. En los años sesenta la propia actriz creó un
gran revuelo al criticar públicamente el cine que se realizaba en
España y la imagen que se daba de Andalucía en él.
El andalucismo de la posguerra
No se puede hablar de Juanita Reina sin hablar
un poco de su época: la crisis de las variedades en los años
posteriores a la Guerra Civil; el renacer de la canción andaluza
que poco a poco se convierte en otro género, la copla; los años
cuarenta y cincuenta, tan cutres y cerrados a lo exterior, y sin embargo
tan creativos. Poco puedo decir yo de esta época que no sea un hablar
de oídas, por eso prefiero citar a quienes vivieron ese momento
y lo saben contar mejor que yo. El final de la guerra española nos
sorprendió con el vivo entusiasmo hacia todo lo andaluz, en posiciones
ganadas a lo largo de los años, firmes ahora en la preferencia del
público [no hay que perder de vista que el género andaluz
fue siempre uno de los más abundantes dentro del cuplé].
Las antiguas canciones populares; la poesía de Rueda y Manuel Machado;
la inspiración nueva y antigua de Falla y Granados; las gitanerías,
sevillanas, de Pastora [Imperio]; las comedias amables y risueñas
de los hermanos Quintero; el instante decisivo de las estampas de "Argentinita";
el delirio, contagioso, por los romanceros de García Lorca, creadores
de una legión de rapsodas; las películas de Imperio Argentina,
desde La hermana San Sulpicio a Morena Clara y Carmen,
la de Triana; y por último la definitiva aportación de
Rafael de León y el maestro Quiroga; etapas de un género
que se presenta con valores indiscutibles. No se ha de contar ahora con
el natural cansancio por la saturación final, sino por cuanto, durante
varios años, ofrece de calidad histórica.
El "folklore" nos trajo de nuevo la arrogancia,
el garbo incontenible, de la tonadilla española, desterrando al
cuplé, de importación francesa.
Son tantos y tantos los nombres que habría
que citar para reflejar mínimamente lo que fueron estos años
..... Algunos merecidamente olvidados, otros injustamente olvidados y unos
pocos, apenas un puñado, que han pasado a nuestra historia: Conchita
Piquer -quien entonces aun no se llamaba Doña Concha-, Juanita Reina,
Lola Flores y Manolo Caracol, Juanito Valderrama, "El Príncipe Gitano",
Carmen Morell y Pepe Blanco, Gloria Romero, Gracia de Triana, Antonia Moreno,
Antoñita Colomé, Paquita Rico, Amalia de Isaura y pocos más
se recuerdan actualmente.
Los años triunfales
Pero volvamos a Juanita Reina. En los años
cuarenta y cincuenta su éxito era enorme, innegable, pero también
aparecieron voces críticas. Recojo algunas de ellas porque nos muestran,
mejor incluso que los artículos entusiastas, lo peculiar de su estilo,
sus aportaciones a la copla.
"La voz de Juanita Reina no ha encontrado todavía
el tono exacto. Se deja llevar por el entusiasmo juvenil, por sus excesivas
facultades. La canción es otra cosa. Me parece mal cuando imita
desplantes y salidas a lo Lola Flores, o que haga, con la voz, cosas que
ya hizo la Piquer, para demostrar que tiene más voz que ella. Las
imitaciones indican falta de personalidad, y esto no lo debe desear nunca
Juanita Reina."
"La tonadilla no requiere grandes voces ni
gritos desaforados, por mucha y buena voz que se tenga. Es cuestión,
tan sólo, de saber decir, de expresar suavemente. Juanita confunde
el género con la zarzuela, cosa grave. Vale más la expresión
honda, que el grito pelado; la congoja suave y medida, el movimiento garboso,
que la desorbitación de lo pequeño, de lo ínfimo."
"Juanita Reina no adelantaba. Le hacía
mucho daño ese excesivo éxito con que un público maleado
se entregaba cada noche. Sus mismos espectáculos eran y son mediocres,
rodeada de artistas que no le pueden hacer sombra."
"Tiene juventud, simpatía, cara bonita,
ya lo he dicho, cualidades personales que ayudan mucho a una artista, pero
que no lo hacen. El o ella se demuestran por su manera personal de decir,
por el matiz, los matices, con que dar claridad a las pasiones cantadas,
por la manera de mimar cada una de las frases, breves y rápidas,
de la canción."
"Juanita apareció en los escenarios
cuando el género ya estaba descubierto y limitados los horizontes.
Conchita Piquer lo había puesto de moda, dándole todas las
salidas. Era muy difícil para Juanita Reina hacer otra cosa que
seguir un camino ya trazado por la maestra."
Efectivamente Juanita Reina fue siempre una
cancionista con más éxito de público que de crítica.
La competencia era muy dura. A Lola Flores se le consideraba más
andaluza, más genuina, más gitana. A Concha Piquer mejor
intérprete, más delicada, más cuidadosa, y fue siempre
la favorita de la crítica. A Juanita Reina le quedaba su voz, potente
y con un timbre muy bello, su honestidad en el trabajo, su garbo sevillano
y en general su estilo más refinado y elegante que el de la mayoría
de las folklóricas especialmente desde que en 1958 se retiró
Concha Piquer. De estos años se pueden citar canciones como: Carmen
de España, Silencio de Grana y Oro [un homenaje a Manolete],
Francisco
Alegre, Yo soy esa, Sin embargo te quiero,
Lola la
Piconera, etc.
Sus últimos años
En los años sesenta comenzó su
retirada de los escenarios. Las circunstancias personales más que
nada, le hicieron reducir sus actuaciones y poco a poco se convirtieron
en una retirada, nunca anunciada formalmente, y llena de reapariciones.
El 15 de junio de 1964 se casó con un bailaor, Federico Casado Algrenti,
más conocido como "Caracolillo", y al año siguiente nació
su único hijo, Federico Casado Reina. Durante los años siguientes
se dedicó exclusivamente a su familia.
Pero quizá, además de los motivos
personales, hubo otras razones para esta retirada tan temprana. José
Mª Rodríguez Méndez, cuando en el suplemento de 1959-1960
de la enciclopedia Espasa recoge la biografía de Juanita Reina,
da algunos datos preocupantes: "en los últimos años se ha
advertido en ella una merma de facultades y un oscurecimiento de la voz,
así como un amaneramiento en su elegancia que ha pasado a inclinarse
más hacia el anquilosamiento que a la estilización. Por otra
parte ha abusado un tanto de sus facultades de garganta prodigando inflexiones
de voz que no casan con la espontaneidad y el natural decir de la canción
folklórica. No tengo datos sobre sus estudios musicales en la infancia,
pero es probable que fuera vocalmente autodidacta [los 15-20 años
coincidieron con la guerra], imitadora de lo que escuchaba, pero sin una
técnica que le permitiera actuar sin forzar la voz. A eso se sumarían
las continuas giras y actuaciones sin descansos apenas. Y es probable que
a los treinta y cinco o cuarenta años la voz ya le hubiera empezado
a causar problemas y tuviera que autolimitarse."
En los años setenta montó una
academia de baile con su marido. Tras algunas actuaciones esporádicas
reapareció en 1979, primero en Sevilla y luego en Madrid. En 1984
actuó en el teatro de la Latina de Madrid junto a Carmen Sevilla
y Paquita Rico. En 1992, ¡cómo no!, dentro de los espectáculos
de la Expo, fue una de las principales figuras del espectáculo "Azabache",
actuando junto a Imperio Argentina y a varias figuras de las generaciones
posteriores de la copla como Nati Mistral, Rocío Jurado y María
Vidal. Su última actuación fue -según ABC- el 6 de
Junio de 1997. Luego la enfermedad y la muerte.
Esta fue también la etapa de los premios
y las conmemoraciones: la Medalla de Oro de Bellas Artes (1960), el Lazo
de la Orden de Isabel la Católica, la Medalla de Plata al Mérito
en el Trabajo (1975), la Medalla de Oro de Andalucía (1992), etc.
En 1994 el ayuntamiento de Sevilla le dedicó una glorieta en el
parque de María Luisa.
Y para terminar otra cita, en este caso Zúñiga
en su Historia del cuplé: "Las variedades fue
el género del que salieron las mejores artistas españolas.
El camino no era tan fácil como ahora, cuando el público
se contenta con la primera que canta dos coplas andaluzas. Costaba llegar
y se exigía a las que pretendían hacerlo. En esta escuela
aprendió a ser exigente consigo misma, a pedirse más y más,
cada vez, a cada actuación. Y, al fin, hallar en el "folklore" el
tono en que iba a cargar su acento personal, inimitable."
Zúñiga se refiere a Conchita
Piquer, pero estas mismas palabras se pueden aplicar -sin cambiar una coma-
a Juanita Reina. ¡Descanse en paz pero no en el olvido! |