El gran acontecimiento que trastocará el orden dieciochesco y logrará
una renovación profunda de la vida y de las ideas europeas en muy
pocos años es la Revolución Francesa. Iniciada en 1789, desarrollará
a lo largo de sus vicisitudes y conflictos un mundo de ideas que llevará
a la liquidación de los privilegios aristocráticos, impondrá
los ideales de libertad y triunfo del individualismo, cambiando paulatinamente
el orden anteriormente establecido. La configuración de una nueva
imagen del mundo en la que triunfará la burguesía dará
paso a la expansión comercial e industrial, apareciendo la democracia
parlamentaria y el liberalismo político. Por supuesto que todo esto
no se realizará sin oposición y serán, más
que nada, las monarquías absolutistas las que durante algunos lustros
se encarguen de defender e, incluso, intentar restaurar los valores antiguos
para, al final, acabar sucumbiendo al poder real de una potente burguesía
económica y a la influencia omnipresente de las ideas y sentimientos
revolucionarios.
La consecuencia artística y estética
de estos cambios sociales y culturales será el Romanticismo, movimiento
que se opone a la norma clásica y que concede una gran supremacía
a los valores y sentimientos individuales. El Romanticismo es un movimiento
individualista y, por lo tanto, resulta muy difícil establecer características
globales que convengan a todos los que lo practicaron.
Si los nombres de los períodos históricos
de la música siempre tienen una inherente dificultad porque, aunque
aglutinan ciertas características estilísticas, también
incluyen ciertos lapsos que no aparecen reflejados en las descripciones
oficiales, esta dificultad se ve agrandada de forma especial en el período
romántico dentro de la historia de la música. Aunque siempre
es posible definir un estilo o un conjunto de estilos significativamente
emparentados e, incluso, fijar con mayor o menor precisión las fechas
de su comienzo y de su finalización, tenemos que acabar reconociendo,
y más tratándose del Romanticismo, que las descripciones
resultan inapropiadas y que los límites del período son arbitrarios.
Clasicismo versus Romanticismo
En cuanto a la descripción de períodos
estilísticos, los términos "Clasicismo" y "Romanticismo"
son especialmente incómodos porque, en primer lugar, ambas palabras,
tal y como las empleamos en la literatura y en las bellas artes, tienen
una variedad de significados mucho mayor que el que les atribuimos habitualmente
en la historia de la música. "Clásico" sugiere algo perfecto,
ejemplar, un patrón con el cual han de medirse las producciones
ulteriores. Las obras de algunos autores antiguos como Palestrina fueron
clasificadas de "clásicas" y, sin embargo, en los siglos XIX y XX
fue la música de Haydn, Mozart y Beethoven la que se convirtió
en el ideal clásico. En cuanto al término "romántico",
se utiliza constantemente para significar tantas cosas que difícilmente
la podemos usar para calificar un estilo musical.
La segunda razón por la que la antítesis
tradicional Clasicismo-Romanticismo resulta confusa en la historia de la
música es porque no hay, en la práctica, tal antítesis
sino más bien una continuidad entre ambos estilos. Considerando
clásico al estilo de Haydn y Mozart y a las primeras composiciones
de Beethoven, nos encontramos que Beethoven, pero también los dos
ilustres austríacos, contribuyeron de forma importante a establecer
las bases para el nuevo estilo musical que, en términos generales,
se desarrollará durante todo el siglo XIX. Sabemos también
que al lado del genial sordo de Bonn cohabitaban otros compositores que
aportaron grandes logros a la evolución musical y que tuvieron la
"desgracia" de tocarles vivir la época de Beethoven, considerado
por algunos como el último compositor clásico y el primer
romántico.
Concepto de Romanticismo
El término Romanticismo procede de "romance"
que hacía referencia a un cuento o poema medieval que trataba de
personajes o sucesos heroicos y que estaba escrito en alguna de las lenguas
romances, es decir, alguna de las lenguas vernáculas descendientes
del latín. Por consiguiente, cuando comenzó a utilizarse
la palabra romántico
hacia mediados del siglo XVII, llevaba
la connotación de algo remoto, legendario, perteneciente a un mundo
imaginario o ideal que debía contrastarse con el mundo real del
presente. A principios del siglo XVIII, el espíritu romántico
manifiesta un aprecio por los escenarios naturales, salvajes y pintorescos.
En un sentido muy general, podemos decir
que todo el arte es romántico en tanto y en cuanto toma sus materiales
del mundo cotidiano para elaborarlos y transformarlos en un mundo nuevo.
Desde este punto de vista, el arte romántico difiere del clásico
por el mayor énfasis que pone sobre los atributos de los remoto
y de lo extraño. Por eso el Romanticismo no es un fenómeno
de algún período en particular sino que se ha dado en diversos
épocas y formas, pudiendo considerarse romántico al ars
nova en comparación con el ars antiqua , o al Barroco
en comparación con el Renacimiento, un poco de la misma manera que
el siglo XIX es romántico en comparación con el clasicismo
del siglo XVIII.
En música, el Romanticismo
tendrá un importancia capital, resultando una de las artes que más
se beneficiaron de él, puesto que al propugnar la expresión
de sentimientos y de ideas soñadoras e inconcretas, la música
resultó un vehículo muy apropiado. La introducción
del sentimiento dramático resulta un rasgo importante para la música
romántica, apareciendo también la libertad estilística
en cuanto que el hecho de componer no supone la obligación de aplicar
de la manera más correcta posible unas reglas preestablecidas, sino
expresar un mundo de ideas y sentimientos propios que buscan una forma
personal. Por ello, en la etapa romántica proliferarán las
pequeñas formas de esquemas libres y se intentará en ella
trascender los esquemas formales del XVIII. Aún quedaba, sin embargo,
por llevar a su más alta cima la expresión sinfónica,
y con ella las otras formas derivadas de la forma sonata(cuarteto, concierto).
Un hecho importante durante el período
romántico será la extinción de la figura del compositor
adscrito al servicio de una iglesia o de un príncipe, algo que se
mantuvo inmutable hasta Haydn y que incluso el mismo Mozart no logró
romper sin graves consecuencias. Desde Beethoven, el compositor será
un artista libre que compone por propia decisión y que asume una
responsabilidad como creador independiente ante su sociedad. Aceptará
el mecenazgo pero no la servidumbre y, en general, a lo largo de todo el
siglo intentará ganar su vida como una profesión liberal
por los ingresos que sus obras puedan procurarle.
|