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Brahms en Granada
Más artículos de este autorFrancisco Ruiz Montes
21 de mayo. F. Schubert: Sinfonía en Si menor D. 759 'Inacabada',  J. Strauss: Kaiser Walzer op. 437 'Vals del Emperador', J. Brahms: Sinfonía nº 1 en Do menor op. 68, Orquesta Ciudad de Granada, Salvador Mas (director)

28 y 29 de mayo. J. Brahms: Obertura trágica, op. 81. J. Brahms: Variaciones sobre un tema de Haydn op. 56a, J. Brahms: Sinfonía nº 2 en Re mayor, opus 73, Orquesta Ciudad de Granada, Salvador Mas (director)


     La Orquesta Ciudad de Granada ha cerrado una gran temporada 98/99 con dos conciertos dedicados a la figura de Johannes Brahms, conciertos que, con otros dos que abrirán la temporada 1999/2000, componen este Festival Brahms al que hacemos referencia en esta breve reseña. Un cierre que marca diferencias con el resto de la programación que nos ha ofrecido la OCG, pues la temporada 98/99 ha tenido "un perfume francés", y se ha clausurado con obras cumbres del sinfonismo alemán.

     En el primer concierto, celebrado el pasado viernes 21 en el Auditorio "Manuel de Falla", tuvimos la ocasión de escuchar la Sinfonía nº 1 en do menor, op.68, precedida por la "Inacabada" de Schubert y por el Vals del emperador de J. Strauss. Un acertado programa, sin duda, en el que todas las obras cautivaron, de un modo u otro, al público allí presente.

     Y esto fue así gracias al intensísimo trabajo de los profesores de la orquesta con el gran artífice de este éxito, el maestro Salvador Mas, cuya labor ha sido profundamente elogiada. El director catalán, que cada vez que visita Granada nos demuestra que realmente es "más", impresionó por su modo de conducir a los músicos y su habilidad para mover la música. La sutileza de su gesto no contrarrestaba para nada su precisión, y le bastaba una mirada para transmitir una relación o un matiz diferentes. Ahí pudimos comprobar la perfecta armonía en que habían trabajado los músicos con el maestro, dando una impresión muy distinta a la que recibimos en el concierto precedente, en el que una cierta falta de conexión y simpatía entre la orquesta y el director Günter Neuhold provocó unos resultados sonoros descuidados, incoloros e imprecisos en ciertas ocasiones.

     Pero volviendo al "programa Brahms", diremos que la orquesta estuvo aquí muy a la altura de las circunstancias, respondiendo con calidad muy notable a todos los problemas que las partituras iban planteando. De esta manera nos impactó la "Inacabada", especialmente su primer movimiento, con el que los músicos dejaron muy claro cómo iban a hacernos disfrutar esta vez. El sonido era esta vez claro y compacto, especialmente en los vientos, y todos los músicos pasaban con destreza las dificultades técnicas para interpretar y hacer música de verdad, que era de lo que se trataba. Un fraseo justo y proporcionado, un balance de sonoridades siempre equilibrado, y un buen trabajo de los instrumentos solistas, hicieron de aquella interpretación de la misteriosa sinfonía de Schubert un momento inolvidable de superación.

     Para relajarnos un poco tras el impacto inicial, nos llegó el simpático guiño del vals vienés con el Vals del emperador. Sin complejo alguno y como si todos los intérpretes tuviesen la más pura sangre vienesa, disfrutaron como enanos tocando esta famosísima pieza (se les veía sonreír como nunca desde el público). Y tras el descanso, llegó el esperado momento, el momento con el que no pocos aficionados y músicos de Granada habían soñado tanto: escuchar a la OCG tocar las sinfonías de Johannes Brahms.

     El inicio de la Primera se movió solemne y majestuosamente arrebatador, siempre guiado por el genial gesto de Salvador Mas, y creó un ambiente de quasi-sobrecogimiento romántico que se mantuvo creciente hasta el final de toda la ejecución. De hecho a más de uno el final de la obra le dejó el vello de punta. Fue un continuo fluctuar de tensiones entre secciones más intensas y momentos algo más serenos, donde la calidad de los solos resultaba decisiva. Casi sin que nos diéramos cuenta estabamos así ya en el último movimiento, resuelto con gran maestría por el director y los músicos e impactante en su efectividad gracias a los recursos interpretativos. Tras el final, la impresión era unánime entre los asistentes: hacía ya bastante tiempo que no escuchábamos así a la OCG.

     A la semana siguiente (hablamos ahora del pasado viernes 28), ávidos por asistir a otra proeza musical del estilo de la anterior, subimos de nuevo al Auditorio para disfrutar de un segundo programa no menos atractivo: la Segunda de Brahms, arropada por su fantástica Obertura trágica op.81 y las Variaciones sobre un tema de Haydn. En pocas palabras, se podría decir que se seguía apreciando la cordialidad entre músicos y director (de nuevo Salvador Mas, que dirigirá también el resto del ciclo) en un trabajo de ejecución limpio y en una interpretación tan bien conseguida como magistral. Gran parte de la efectividad se debió a la riqueza de contrastes (del tenso dramatismo de la Obertura a la sólida dulzura de las Variaciones) y a una cuidadosa y detallada lectura de la partitura.

     Pero lo que ya rompió con todas las posibles dudas fue la audición de la Sinfonía nº 2. Limpia, con toda seguridad y serena pero siempre llena, la música de esta bella composición ascendía con toda ligereza de la mano del maestro Mas a lo más alto de la sala; era realmente una masa sonora muy compacta pero amablemente moldeable, atrevida pero siempre dócil. Los momentos de mayor brillantez se sucedían suavemente, deslizándose por la calidez de las cuerdas, que independientemente de los diferentes timbres que pudieran ofrecer, tocaron siempre con una calidad muy especial. En cuanto a los vientos, en la misma línea, obtuvieron resultados igualmente brillantes pero nunca estridentes, muy en proporción a las cuerdas, ya fuera en conjunto, ya fuera en los solos. 

     Muy equilibrado también el color en los violonchelos, y sorprendentemente satisfactorio en las trompas. La coherencia en la interpretación provocaba una línea ascendente en la tensión de los asistentes, los cuales, al término del último movimiento, soltaron de golpe la respiración contenida en una exhalación de admiración que resonó en toda la sala, a la que siguió una prolongada ovación, merecida recompensa a la labor de Salvador Mas y a los profesores de la Orquesta Ciudad de Granada, que de esta inolvidable manera se despedían de su público hasta el mes de octubre, cuando concluirá el Festival Brahms con sus otras dos sinfonías y el Doble concierto.

     Esperemos que octubre llegue pronto, si es que la orquesta va a seguir en esta línea. Algunos ya estamos impacientes por escuchar la Cuarta. Por cierto, un dato curioso: con un poco de imaginación, estos conciertos se pueden disfrutar más, sobre todo si observamos al primero de los violines segundos, Anatoli Romanov, que guarda un asombroso parecido físico con Brahms (al menos desde el patio de butacas parece como si el propio compositor hubiese querido estar presente). En fin, un ciclo que, si se cierra tal y como se inició, va a ser francamente inolvidable.
 

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© 1999 by Francisco Ruiz Montes, Granada