| Un
gran ensemble
Las Palmas 12 de febrero. Teatro
Pérez Galdós
Johann N. Hummel: Quinteto
en Mi bemol, Op. 87 para piano, violín, viola, cello y contrabajo.
Hermann
Goetz: Quinteto en Do menor, Op. 16 para piano, violín,
viola, cello y contrabajo. Johannes Brahms: Cuarteto n.1 en Sol
menor, Op. 25 para piano, violín, viola y cello. The Schubert
Ensemble of London (1): William, Howard (piano), Simon Blendis (violín),
Douglas Paterson (viola), Jane Salmon (cello), Peter Buckoke (contrabajo).
Johann Nepomuk Hummel
(1778-1837) compuso su Quinteto Op. 87 durante su época
vienesa, en 1802, y a pesar de encontrarnos en el Romanticismo (1789-1918),
Hummel destaca por su estilo clásico aunque enmarcado por elementos
románticos. Así expresa en sus composiciones una rica y variada
armonía junto a unas suaves líneas melódicas. Esta
doble influencia se observa claramente en el Quinteto que anoche
pudimos escuchar en la interpretación del Schubert Ensemble de Londres.
Un Allegro e risoluto assai seguido de un Allegro con fuoco
en el que las notas clásicas nos evocaban los modos mozartianos
nos condujeron a un Largo que se engarzó con el Allegro
agitato final en los que el romanticismo hace su aparición.
Siguiendo las líneas melódicas, los cinco componentes del
Ensemble ejecutaron sus partes recalcando el estilo. La cuerda con un sonido
suave, se conjunta con un piano tratado con delicadeza y que poco a poco
va a más.
William Howard, percatándose
de que el programa de mano no contenía nota alguna sobre las obras
ni compositores, tuvo apenas tiempo para preparar una breve introducción
a la segunda pieza. En un español comprensible para todos los presentes
se dirigió al público diciendo: Hermann Goetz (1840-1876)
es un compositor casi olvidado. Su temprana muerte a la edad de 35 años
no le permitió seguir componiendo. Nació en Alemania aunque
pasó los últimos 10 años de su vida en Suiza. Fue
amigo íntimo de Brahms. El "Quinteto" en Do menor lo escribió
en 1874 -dos años antes de su muerte- aunque fue publicado en 1878.
En la obra Goetz escribió "Si un hombre mortal se refugia en el
silencio del dolor puede un Dios poderoso saber cómo se siente".
Como pueden imaginar, la obra no es muy alegre.
Durante la ejecución
pudimos comprobar lo que Howard nos había dicho. El pesimismo, dolor
y apasionamiento incluso del Andante sostenuto-Allegro con fuoco
fue seguido de un dulce Andante con moto en el que violín
y piano presentan el tema al que seguidamente se va incorporando el resto
de la cuerda. De hecho en esta pieza cada uno de los instrumentos cobra
protagonismo -incluido el contrabajo-, demostrando el Ensemble la calidad
individual de sus componentes. Algo más optimista el Allegro
moderato, concluye la obra con un Allegro vivace en el que de
nuevo la sonoridad del quinteto transmitió la esencia camerística
del conjunto.
La segunda parte fue ocupada
por el Cuarteto n. 1 Op. 25 (1861), obra en la que un joven Johannes
Brahms de 28 años deja un gran peso en la parte de piano especialmente
porque iba destinada a ser interpretada por él mismo habida cuenda
de su doble faceta de compositor y solista. El cuarteto comienza con un
brillante solo de piano, en el que Howard marcó la pauta a seguir
entendiendo por completo el planteamiento de este largo Allegro
inicial, al poco, se une la cuerda en unísono -con perfecta afinación-
hasta llegar al fortísimo. Tras este largo episodio el Intermezzo:
Allegro ma non troppo nos introduce en otro ambiente totalmente distinto,
con bellas melodías cantabiles y ciertamente misteriosas hasta llegar
al Andante con moto en el que de nuevo volvemos al fortísimo.
El Rondo alla zingarese (Presto) resulta toda una cadencia virtuosística
para el conjunto en el que el ritmo trepidante exige la mejor técnica
posible.
La claridad en los pasajes
rápidos, la calidad de cada uno de los componentes del conjunto
que notamos nítidamente cuando las piezas requieren sus solos, la
dulzura de la cuerda combinada con la sonoridad plena que consiguen, y
la presencia del piano perfectamente manejado hacen de este Ensemble un
extraordinario conjunto de cámara merecedor de la reputación
internacional que han conseguido desde su fundación en 1983.
Los aplausos del público
obligaron
al Ensemble a dar varios bis. El primero dedicado a la compositora francesa
Louis
Farrenc (1804-1875), de la que pudimos escuchar el espléndido
tercer movimiento del Quinteto en la menor Op. 30 (1842) y que el
Ensemble apenas hace dos meses incorporó a su repertorio según
nos dijo Howard al final del concierto. La segunda pieza también
fue dedicada a una compositora, esta vez contemporánea, la escocesa
Judith
Weir la cual ha compuesto un Quinteto dedicado al Schubert Ensemble.
La pieza seleccionada fue una pequeña joya en la que se aprecia
la influencia celta de la autora, El Rey de Francia.
El
Schubert Ensemble of London continuará su gira por España,
porgramada entre los días 10 y 16 de febrero (San Sebastián,
Bilbao, Las Palmas, Castellón y Santander). Más información:
www.schubertensemble.com
Luisa del Rosario
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