Con Il Trovatore se abrió la XXXII
Edición del Festival de Ópera de Las Palmas, organizado por
la Asociación de Amigos Canarios de la Ópera (ACO).
El elenco, formado en su mayoría por
voces procedentes de la extinta Unión Soviética, estuvo arropado
por la coral del propio festival, y ambos nos brindaron en conjunto una
grata velada poniendo como pretexto una de las óperas menos lúcidas
de Verdi.
La inverosimil historia transcurre en Aragón
hacia 1413. La guardia del Conde de Luna vigila el palacio intentando capturar
a un trovador enamorado de Leonora. Para distraerse, Ferrando cuenta a
los soldados la historia de cómo una gitana mató al hermano
del Conde arrojándolo a una hoguera como venganza por la condena,
también al fuego, de su madre. Mientras, Leonora confiesa en los
jardines del palacio a su amiga Inés el amor que siente por un trovador.
En un campamento de gitanos en el Norte de España, Manrico duerme,
mientras su madre rememora el tiempo en que su madre murió
en la hoguera y ella, en vengaza, envió a un niño al fuego.
Manrico despierta con el monólogo y piensa que Azucena no es su
madre, aunque la mujer lo tranquiliza. Manrico cuenta a su madre su duelo
con el Conde Luna y cómo habiéndolo podido matar, sintió
una extraña sensación que se lo impidió. Una gitana
que espiaba cerca del campamento del Conde de Luna es apresada. Manrico,
que prepara su boda con Leonora recibe la noticia del destino de su madre.
En el intento de Manrico por salvar a su madre, es apresado por el conde.
Leonora promete al conde que será suya si libera a Manrico y su
madre. El conde accede, pero Leonora prefiere envenenarse que ser la esposa
del conde. El conde, que contempla como Leonora muere en los brazos de
Manrico, envía a éste al patíbulo, y despierta a su
madre para que lo vea morir. Cuando el hecho se consuma, Azucena confiesa
al conde que Manrico era su verdadero hermano, que salvó la vida
porque la gitana por equivocación envió al fuego a su propio
hijo.
El Trovador estuvo encarnado por el tenor Vladimir
Galouzine, cantante de gran potencia y proyección vocal pero
de discutible técnica, que restó alguna brillantez al papel
creado por Verdi. Mucho mejor, y el público supo reconocerlo, el
barítono Valeri Alesejev, que posee técnica y potencia
en grado suficiente para resolver la papeleta con holgada suficiencia.
Tatiana Anisimova comenzó con
timidez pero poco a poco aumentó su presencia vocal. Su voz, poderosa
pero algo quebradiza en los pasajes más agudos, fue suficientemente
digna para el papel de Leonora. Nos sorprendió negativamente Ludmila
Semciuk, con una voz forzada que casi nunca respondió ni al
requerimiento del papel ni a la música que sonaba en el mismo momento.
El coro, bien empastado, mereció la
ovación de los asistentes y se convirtió en uno de los garantes
de la grata velada. |