| Con obras del repertorio
operístico, zarzuela y canciones se compuso el tan esperado recital
del tenor gran canario Alfredo Kraus que pudo por fin celebrarse
en el marco del XXXII Festival de Ópera de Las Palmas tras su recuperación
del proceso gripal que le había afectado.
El programa comenzó con el Intermezzo
de Manon Lescaut de Puccini, interpretado por la orquesta
sola en una brillante ejecución que adelantaba el éxito seguro
de la velada. Tras esta, sale Kraus al escenario lo que motivó la
ovación de un auditorio repleto de sus más fieles seguidores
antes incluso de escuchar nota alguna de su garganta.
Magnífica es la técnica de Kraus, lo
que le permite conservar a sus 71 años una voz clara, de gran lirismo
y que se comporta igual de segura en toda la tesitura que abarca. Extraordinario
el dominio de la colocación vocal que tienen el tenor, lo que le
da una enorme proyección incluso en un auditorio, que a pesar de
llevar su nombre, no suele tratar bien a las voces. Aclamado en sus cuatro
intervenciones de la primera parte, nos fuimos al descanso con la maravillosa
Aria
de Kleinzac de los Cuentos de Hoffmann de Offenbach en
la que el tenor fue acompañado por las voces masculinas del coro.
La segunda parte, que de nuevo abrió la orquesta
sola -esta vez con la Vida Breve de Falla-, volvió
a mostrarnos a un Kraus en buena forma, y de nuevo el público quedó
encantado con sus cuatro segundas interpretaciones entre las que se contó
la encantadora obra de Obradors, Del cabello más sutil,
para voz, violín y arpa dejando a la parte vocal el peso del registro
medio y grave de la pieza. Cerró el recital Il Lamento de Federico
de
L'Arlesiana
de Cilea, pieza de difícil ejecución y en la que
si notamos la falta de la prodigiosa relajación de la máscara
a la que nos tiene habituados Alfredo Kraus, que aunque recuperado del
proceso gripal seguía mostrando en los silencios leves síntomas
de la enfermedad.
El rotundo éxito de Kraus ante su público
fue acompañado por una meritoria intervención del Coro del
festival de Ópera, que estuvo especialmente inspirado en el Choeur
des esclaves de Verdi, y de una buena interpretación
de la orquesta Filarmónica de Gran Canaria -con una cuerda que explotó
las posibilidades líricas de los acompañamientos de forma
perfecta- que dirigió el Director Artístico del Festival
de Ópera, Roger Rossel. Este, si bien lleva la batuta con
franca autoridad, resalta bien las melodías y juegos de voces de
los distintos grupos, aunque en algunas ocasiones los tiempos que aplica
a la interpretación no sean de reconocido consenso.
El final del concierto fue aprovechado por los Amigos
Canarios de la Ópera para hacer entrega de su primera medalla de
oro, que evidentemente recayó por unanimidad del jurado en Alfredo
Kraus. La medalla, entregada por Juan León, presidente de
la ACO, reconoce la trayectoria musical y amor incondicional de Kraus por
la ópera, al tiempo que sirve como conmemoración a los 40
años de su primera intervención en el Festival de Ópera
de Las Palmas. |