Nigel Kennedy es una figura internacional, de eso
no hay duda alguna, y precisamente por la certera convicción de
ese hecho nos preguntamos: ¿una ciudad de 500.000 habitantes no
puede llenar un auditorio de 1600 personas con una superestrella de la
música clásica-pop?
Con un aforo de 1600 butacas, algo más de
400 vacías. Eso sólo lo explican dos cosas. Por un lado la
ineficiente comunicación con la prensa propiciada por el manager
de Kennedy: Kennedy no da ruedas de prensa, Kennedy pone todo tipo de
trabas a los reporteros gráficos, Kennedy no da entrevistas a no
ser que se pidan con suficiente tiempo de antelación. Esta que
les escribe ha estado en contacto con los organizadores nada más
saber que el violinista viajaría a Las Palmas y el por qué
es obvio ¿dará rueda de prensa?, ¿dará entrevista?.
Desde un mes antes de que su avión aterrizada en Gran Canaria estábamos
pidiendo una interview... pero la conclusión tras la respuesta
de su manager es que debería haber pedido una entrevista antes
de saber que vendrían a Las Palmas... Ya se sabe que últimamente
la telepatía es lo que se estila con los divos.
La segunda cuestión que podría
explicar las butacas vacías es la organización. Una breve
nota de prensa el día antes del concierto es insuficiente para que
el público llegue hasta la ventanilla, entre otras cosas porque
seguro que la mayoría pensaríamos que ya estarían
agotadas las localidades. El que no se sepa que Kennedy está en
Las Palmas, es también obvio que es culpa de la prensa, pero como
ustedes comprenderan, también es lógico pensar que para publicar
algo es necesario un mínimo de información.
El amable lector que lee mis reseñas
sabe que no soy un crítico sesudo, cada cual tiene su forma
de contar las cosas, y como segura estoy de que me perdonará el
símil, me voy al fútbol, donde, por cierto, se llenan los
estadios un sábado-domingo sí y otro también. Si Kennedy
fuera un futbolista se hubiera sentado en la mesa con micrófonos
antes, durante y después del partido, hubieramos sabido
qué opinaba de lo divino y lo humano -musicalmente, claro-, y mientras
sus fans estarían un poco más cerca del mito, la prensa estaría
contenta por poder cumplir con su trabajo: informar.
No es el caso. Por primera vez en la corta
pero intensa historia del Auditorio cada persona que trabajaba en el centro
debía mostrar su acreditación por petición expresa
de Kennedy. Los compañeros gráficos hubieron de estar en
el Auditorio dos horas y media antes del concierto para tomar fotos o grabar
imágenes a partir de la fila siete -mientras Kennedy Jr.
revoloteaba por el escenario y su mamá corría tras él-
... Los medios de comunicación locales tuvieron a bien tirar al
cubo de la basura todo el material gráfico recogido, pues en todas
aparecía el dichoso kennedyto revoloteando (parecía
entrenado para el sabotaje de los medios de comunicación). Todos
menos el diario Canarias7, que publica en la edición del
25 de junio una deliciosa instantánea donde se ve en primer plano
al padre tocando el violín y al fondo al vástago sujetado
por su madre cual hoolingan detenido por la policia: una deliciosa
escena familiar.
Kennedy es una figura, cierto, pero alguien
tienen que explicar por qué quedaron vacías más de
400 butacas en una ciudad ansiosa por los grandes conciertos, donde unas
semanas atrás Michael Nymann llenó de calle.
¡Ah!, Por cierto, tocó de fábula,
incluyendo el
Preludio de la Partita n.3 de Bach,
en mega-prestísimo.
La mala educación no da derecho a más.
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