El
día 1 de julio fue una de las noches más emocionantes en
18 años de mi vida, pues tuve la gran oportunidad de asistir al
estreno escénico de La flauta mágica en la ciudad
de Medellín. Quiero compartir con ustedes algunas de las apreciaciones
mías y, a lo que se pudo apreciar, del público en general
sobre esta función que dejó felices a todos los asistentes.
Medellín es la segunda Ciudad Colombiana más
importante después de Bogotá, la capital. Musicalmente ha
tenido un desempeño más o menos bueno y ha realizado buenas
producciones musicales en los últimos años. Existen dos conservatorios
musicales de tradición, la Universidad de Antioquia y el Instituto
de Bellas Artes, quienes siempre han llevado a cabo la educación
de los músicos antioqueños. Recientemente la Universidad
Eafit, abrió su facultad de música, haciendo mucho más
énfasis en la dirección y composición y en instrumento,
sin mucho énfasis en el área del canto. A partir de la creación
de esta facultad la actividad musical de Medellín se ha acrecentado
fuertemente, llegando incluso a poder traer a la ciudad agrupaciones musicales
de talla internacional. El más reciente e importante logro de la
Universidad Eafit fue el gran empuje proporcionado para la producción
de La flauta mágica.
Respecto a cantantes la ciudad ha producido un buen elenco,
incluso uno que otro de talla internacional. Existe en la ciudad un buen
movimiento coral que ha tomado gran fuerza, existen la “Coral Tomás
Luís de Victoria”, los coros “Tonos humanos” y “Arcadia”; de gran
participación en la actividad musical y coral de la ciudad. En la
ciudad existen varios escenarios musicales, sin embargo los últimos
aptos para la ópera fueron demolidos hace bastantes años
para la construcción de grandes edificios. En la Actualidad existe
el teatro Pablo Tobón Uribe, de pocas localidades y con una acústica
"buena", pero que no solventa todas las carencias, además de que
es un teatro pequeño. El teatro Metropolitano se creó hace
13 años con el fin de solventar la actividad musical, pero debido
a la falta del capital el teatro no se terminó correcta y completamente,
lo que creo una acústica muy regular, sobre todo para los últimos
asientos. Además existen otros teatros, alguno de ellos con buena
acústica, pero no con la suficiente entidad para que se lleve a
cabo una ópera.
Montar una ópera en Medellín siempre ha sido
un trabajo costoso y muy difícil, comenzando porque la ciudad no
cuenta con un escenario apropiado, con las condiciones acústicas
necesarias para la ópera, además de los inconvenientes económicos
que implica. El mayor problema siempre fueron los cantantes, pues son pocos
en esta ciudad los que confían en los cantantes locales. En los
dos últimos años hubo producción de óperas
como Traviata, Boheme y la opereta Die Fledermaus,
a cargo, casi completamente, de extranjeros, con resultados buenos.
Últimamente la actividad musical de la ciudad se
ha acrecentado gracias al apoyo de la empresa privada y de los buenos músicos
que hay en la ciudad y aquí destaco la labor de Cecilia Espinosa,
quien superando a cualquier director de la ciudad, hoy en día se
ha colocado en el podium de la mejor directora, por encima de los directores
que existen. Se ha destacado tanto en Dirección Coral, en lo que
ha hecho "perfecciones" y eminencias como la “Coral Tomás Luis de
Victoria” y el “Coro Tonos Humanos”. Espinosa lo apostó todo a La
Flauta Mágica, confiando en los músicos y en los recursos
de la ciudad; el resultado, modestamente y teniendo en cuenta que Medellín
no ha sido nunca la Meca de la Ópera: todo un éxito.
Los Cantantes fueron un éxito en su gran Mayoría,
tanto como cantantes como de actores, pues cautivaron al público,
a pesar de su corta trayectoria actoral: Hans Mogollón fue un Tamino
de timbre cálido y ligero, sin problemas de registro ni de interpretación,
con una dicción y vocalización impecables. Las Tres Damas,
estuvieron muy bien acopladas, sonaron como una unidad, su caracterización
un tanto cómica se robó la atención del público.
Otro que se robó la atención y la acogida del público,
tal vez más por su actuación que por su voz fue Papageno,
interpretado por el barítono Blas Canedo. Lo mismo que Papagena,
quien a pesar de su intervención tan corta, logró demostrar
sus grandes dotes como Soprano Lírica y de actriz, que bien hubiera
podido ser, por su voz y por su figura bella y elegante una excelente Pamina.
El personaje de Pamina lo hizo la soprano Silvia Cuenca, de larga trayectoria
en el país, quien a pesar de sus años sigue demostrando sus
dotes y su fama bien ganada; tal vez ya es hora de que sea remplazada por
voces más jóvenes y con igual o más talento aún.
La Reina de la Noche fue quien despertó mi controversia.
Hubo dos interpretes y a ambas tuve la oportunidad de escucharlas en días
anteriores. El público, no muy entendido, poco acostumbrado a grandes
voces y exigencias aplaudió y se emocionó con "Zum Leid"
y "Der Hölle Rache", sin embargo, uno mantiene sus comentarios y sus
críticas. Una fue la soprano Claudia Coral, quien tiene un biotipo
perfecto de soprano ligera, excelente para los pasajes más complejos
de todo el repertorio de coloratura, de una emisión sumamente fácil,
capaz de llenar todo el teatro. Su voz a pesar de ser ligera posee un mordiente
fuerte, un timbre squillante. Posee tanto el registro como la capacidad
para afrontar a un buen tiempo los complicados pasajes. Excelente Reina.
De quien no puedo decir lo mismo es de la segunda; la soprano
Giovanna Sportelli, quien también vino de Venezuela a realizar dicho
papel. A pesar de poder solventar con alguna facilidad ambas arias y ser
aplaudida por sus agudos, no corresponde adecuadamente a este papel. Se
autodenomina "Soprano ligero - coloratura" termino reservado para Editha
Gruberova o la legendaria Amelita Gali Curci, cuando casi tiene problemas
con el tiempo en “Der Hölle Rache”; no tiene la suficiente velocidad
para afrontar los pasajes de coloratura, ni los agudos con suficiente ligereza.
Tiene un buen volumen, pero ya sea su color o su timbre no son elegantes,
sobre todo en los graves, donde su voz suena algo hueca y velada; y tal
vez queriendo imitar cierto dramatismo pasó por parecer una voz
anciana y fatigada. De todos modos al público pareció animarle
mucho las dos arias.
Un personaje que se robó muchos aplausos fue el
bajo Iván García, quien vino de Venezuela a interpretar el
papel de Sarastro, y con toda la razón, tiene un timbre cálido
y vigoroso, un volumen muy bueno, que sobrepasa el foso sobradamente, de
excelente impostación y resonancia. A pesar de no ser un bajo profundo
y rocoso como lo exige Sarastro, capaz de descender a los abismos más
graves y logró con su registro y su actuación un magnífico
papel. Valió la pena que hubiera venido y siempre será bienvenido.
Los coros estuvieron excelentes, bien balanceados tanto
en voces masculinas y femeninas. Las Corales Tomás Luís de
Victoria y Tonos Humanos, fundadas por Cecilia Espinosa demuestran cada
vez más prestigio y tradición. En cuanto a la orquesta, no
puedo decir mucho, pues no soy lo suficientemente entendido en cuestiones
orquestales; solo puedo decir que tuvo poco volumen, debido a la muy regular
acústica del teatro, sobre todo por el foso tan profundo, que impedía
que el sonido se proyectara por todo el teatro.
Cuando se trata de novatos en la actuación hay que
disfrutar y luego corregir los errores, antes que juzgar primero. La escenografía
un tanto minimalista y simplificada, debido a los elevados costos que representa,
sin embargo funcionalmente logró sus objetivos. En el vestuario
considero que faltó concebir toda la obra, junto con la escenografía
como una unidad, como un todo, en el que las relaciones se generan entre
sí, y no surgen como fragmentos aislados; pues todo en la obra tiene
correspondencia, así como los números, los símbolos,
los elementos en sí.
Habida cuenta que se trataba de una producción casi
netamente Colombiana, Medellinense, considero que fue todo un éxito,
fue algo así como nuestros primeros pasos en la ópera, unos
pasos bien dados, fuertes y seguros, a los que les hace falta depurarse
un poco para llegar a la perfección, a la experiencia; es un hecho
importante, un motivo que llena de alegría y de entusiasmo, sobre
todo cuando hay tantas noticias malas y tantas situaciones angustiosas
en las sociedades, sí se puede creer en el arte, en los ideales
de la música y de nuestro amigo Amadé Mozart.