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Estreno en Colombia de “La flauta mágica”
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Julián Monsalve
Medellín, 1 de julio de 2000. Teatro Metropolitano de Medellín. Wolfgang Amadé Mozart: Die Zauberflöte KV 620, Singspiel en dos actos sobre libretto de Emanuel Schikaneder. “Sarastro”, Iván García; “La Reina de la Noche”, Giovanna Sportelli; “Tamino”, Hans Mogollón; “Pamina”, Silvia Cuenca, “Papageno”, Blas Canedo; “Papagena”, Delcy Janeth Estrada; "Monostatos", Wilson Aguirre; “1ª Dama de la Reina”, Giovanna Giacometto; “2ª Dama de la Reina”, Luz Elena Peñaranda; “3ª Dama de la Reina”, Angela Simbaqueba. Orquesta Sinfónica de la Universidad Eafit; Corales Tomás Luís de Victoria (Director: Gustavo Yepes) y Tonos Humanos (Directora, Cecilia Espinosa Arango). Director musical, Cecilia Espinosa Arango. Escenografía e Iluminación, Jorge de Fex; Vestuario, Gilda Wolf y Javier Franco; Puesta en Escena, Javier Franco.
El día 1 de julio fue una de las noches más emocionantes en 18 años de mi vida, pues tuve la gran oportunidad de asistir al estreno escénico de La flauta mágica en la ciudad de Medellín. Quiero compartir con ustedes algunas de las apreciaciones mías y, a lo que se pudo apreciar, del público en general sobre esta función que dejó felices a todos los asistentes. 

   Medellín es la segunda Ciudad Colombiana más importante después de Bogotá, la capital. Musicalmente ha tenido un desempeño más o menos bueno y ha realizado buenas producciones musicales en los últimos años. Existen dos conservatorios musicales de tradición, la Universidad de Antioquia y el Instituto de Bellas Artes, quienes siempre han llevado a cabo la educación de los músicos antioqueños. Recientemente la Universidad Eafit, abrió su facultad de música, haciendo mucho más énfasis en la dirección y composición y en instrumento, sin mucho énfasis en el área del canto. A partir de la creación de esta facultad la actividad musical de Medellín se ha acrecentado fuertemente, llegando incluso a poder traer a la ciudad agrupaciones musicales de talla internacional. El más reciente e importante logro de la Universidad Eafit fue el gran empuje proporcionado para la producción de La flauta mágica

   Respecto a cantantes la ciudad ha producido un buen elenco, incluso uno que otro de talla internacional. Existe en la ciudad un buen movimiento coral que ha tomado gran fuerza, existen la “Coral Tomás Luís de Victoria”, los coros “Tonos humanos” y “Arcadia”; de gran participación en la actividad musical y coral de la ciudad. En la ciudad existen varios escenarios musicales, sin embargo los últimos aptos para la ópera fueron demolidos hace bastantes años para la construcción de grandes edificios. En la Actualidad existe el teatro Pablo Tobón Uribe, de pocas localidades y con una acústica "buena", pero que no solventa todas las carencias, además de que es un teatro pequeño. El teatro Metropolitano se creó hace 13 años con el fin de solventar la actividad musical, pero debido a la falta del capital el teatro no se terminó correcta y completamente, lo que creo una acústica muy regular, sobre todo para los últimos asientos. Además existen otros teatros, alguno de ellos con buena acústica, pero no con la suficiente entidad para que se lleve a cabo una ópera.

   Montar una ópera en Medellín siempre ha sido un trabajo costoso y muy difícil, comenzando porque la ciudad no cuenta con un escenario apropiado, con las condiciones acústicas necesarias para la ópera, además de los inconvenientes económicos que implica. El mayor problema siempre fueron los cantantes, pues son pocos en esta ciudad los que confían en los cantantes locales. En los dos últimos años hubo producción de óperas como Traviata, Boheme y la opereta Die Fledermaus, a cargo, casi completamente, de extranjeros, con resultados buenos. 

   Últimamente la actividad musical de la ciudad se ha acrecentado gracias al apoyo de la empresa privada y de los buenos músicos que hay en la ciudad y aquí destaco la labor de Cecilia Espinosa, quien superando a cualquier director de la ciudad, hoy en día se ha colocado en el podium de la mejor directora, por encima de los directores que existen. Se ha destacado tanto en Dirección Coral, en lo que ha hecho "perfecciones" y eminencias como la “Coral Tomás Luis de Victoria” y el “Coro Tonos Humanos”. Espinosa lo apostó todo a La Flauta Mágica, confiando en los músicos y en los recursos de la ciudad; el resultado, modestamente y teniendo en cuenta que Medellín no ha sido nunca la Meca de la Ópera: todo un éxito.

   Los Cantantes fueron un éxito en su gran Mayoría, tanto como cantantes como de actores, pues cautivaron al público, a pesar de su corta trayectoria actoral: Hans Mogollón fue un Tamino de timbre cálido y ligero, sin problemas de registro ni de interpretación, con una dicción y vocalización impecables. Las Tres Damas, estuvieron muy bien acopladas, sonaron como una unidad, su caracterización un tanto cómica se robó la atención del público. Otro que se robó la atención y la acogida del público, tal vez más por su actuación que por su voz fue Papageno, interpretado por el barítono Blas Canedo. Lo mismo que Papagena, quien a pesar de su intervención tan corta, logró demostrar sus grandes dotes como Soprano Lírica y de actriz, que bien hubiera podido ser, por su voz y por su figura bella y elegante una excelente Pamina. El personaje de Pamina lo hizo la soprano Silvia Cuenca, de larga trayectoria en el país, quien a pesar de sus años sigue demostrando sus dotes y su fama bien ganada; tal vez ya es hora de que sea remplazada por voces más jóvenes y con igual o más talento aún.

   La Reina de la Noche fue quien despertó mi controversia. Hubo dos interpretes y a ambas tuve la oportunidad de escucharlas en días anteriores. El público, no muy entendido, poco acostumbrado a grandes voces y exigencias aplaudió y se emocionó con "Zum Leid" y "Der Hölle Rache", sin embargo, uno mantiene sus comentarios y sus críticas. Una fue la soprano Claudia Coral, quien tiene un biotipo perfecto de soprano ligera, excelente para los pasajes más complejos de todo el repertorio de coloratura, de una emisión sumamente fácil, capaz de llenar todo el teatro. Su voz a pesar de ser ligera posee un mordiente fuerte, un timbre squillante. Posee tanto el registro como la capacidad para afrontar a un buen tiempo los complicados pasajes. Excelente Reina. 

   De quien no puedo decir lo mismo es de la segunda; la soprano Giovanna Sportelli, quien también vino de Venezuela a realizar dicho papel. A pesar de poder solventar con alguna facilidad ambas arias y ser aplaudida por sus agudos, no corresponde adecuadamente a este papel. Se autodenomina "Soprano ligero - coloratura" termino reservado para Editha Gruberova o la legendaria Amelita Gali Curci, cuando casi tiene problemas con el tiempo en “Der Hölle Rache”; no tiene la suficiente velocidad para afrontar los pasajes de coloratura, ni los agudos con suficiente ligereza. Tiene un buen volumen, pero ya sea su color o su timbre no son elegantes, sobre todo en los graves, donde su voz suena algo hueca y velada; y tal vez queriendo imitar cierto dramatismo pasó por parecer una voz anciana y fatigada. De todos modos al público pareció animarle mucho las dos arias.

   Un personaje que se robó muchos aplausos fue el bajo Iván García, quien vino de Venezuela a interpretar el papel de Sarastro, y con toda la razón, tiene un timbre cálido y vigoroso, un volumen muy bueno, que sobrepasa el foso sobradamente, de excelente impostación y resonancia. A pesar de no ser un bajo profundo y rocoso como lo exige Sarastro, capaz de descender a los abismos más graves y logró con su registro y su actuación un magnífico papel. Valió la pena que hubiera venido y siempre será bienvenido.

   Los coros estuvieron excelentes, bien balanceados tanto en voces masculinas y femeninas. Las Corales Tomás Luís de Victoria y Tonos Humanos, fundadas por Cecilia Espinosa demuestran cada vez más prestigio y tradición. En cuanto a la orquesta, no puedo decir mucho, pues no soy lo suficientemente entendido en cuestiones orquestales; solo puedo decir que tuvo poco volumen, debido a la muy regular acústica del teatro, sobre todo por el foso tan profundo, que impedía que el sonido se proyectara por todo el teatro.

   Cuando se trata de novatos en la actuación hay que disfrutar y luego corregir los errores, antes que juzgar primero. La escenografía un tanto minimalista y simplificada, debido a los elevados costos que representa, sin embargo funcionalmente logró sus objetivos. En el vestuario considero que faltó concebir toda la obra, junto con la escenografía como una unidad, como un todo, en el que las relaciones se generan entre sí, y no surgen como fragmentos aislados; pues todo en la obra tiene correspondencia, así como los números, los símbolos, los elementos en sí.

   Habida cuenta que se trataba de una producción casi netamente Colombiana, Medellinense, considero que fue todo un éxito, fue algo así como nuestros primeros pasos en la ópera, unos pasos bien dados, fuertes y seguros, a los que les hace falta depurarse un poco para llegar a la perfección, a la experiencia; es un hecho importante, un motivo que llena de alegría y de entusiasmo, sobre todo cuando hay tantas noticias malas y tantas situaciones angustiosas en las sociedades, sí se puede creer en el arte, en los ideales de la música y de nuestro amigo Amadé Mozart.
 

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