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Una tarde
en el taller de Velázquez
por Juan Luis de la Montaña Conchiña
Complejo Cultural San Francisco de Cáceres,
12 de marzo de 1999
"Música instrumental del tiempo de Velázquez
(1599-1660)". Grupo barroco: "La Folía". Director:
Pedro Bonet. Organiza: Universidad de Extremadura en colaboración
con la Institución Cultural el Brocense. Pedro Bonet y Belén
González Castaño, flautas de pico. Fernando Sánchez,
bajoncillo tenor y bajón. Alberto Martínez Molina, clave.
Adrián Rodríguez Corral, violoncello
Repertorio: obras de Francisco Correa de
Arauxo, Enrique Botelero, Girolamo Frescobaldi, Dario Castello, Bartolomé
de Selma y Salaverde, Jacob Van Eyck, Johann Jacob Froberger y Andrea Falconiero.
Como aprendices en el taller del maestro nos sentimos todos los que
asistimos al concierto que el grupo español "La Folía" ofrecía
el pasado 12 de marzo en el Auditorio del Complejo San Francisco de Cáceres.
Y como aprendices embelesados hicimos un recorrido por la obra del maestro
sevillano y las músicas que sin duda ocuparon su época y
que él mismo disfrutó. De esta forma nos trasladamos a Madrid,
a la corte real, donde tantos años trabajó, pero tampoco
renunciamos a emprender viajes por los lugares más importantes de
la época en los que Velázquez tuvo oportunidad de contemplar
las más hermosas obras de arte, pero también, sin duda escuchar
las más deliciosas músicas de maestros italianos.
Cual recorrido por la pinacoteca del maestro fuimos escuchando lo mejor
de la etapa manierista del temprano barroco, claroscuros en las obras,
nuevas texturas fruto de esas nuevas innovaciones que se anunciaban en
la pintura y, por supuesto, en la música. Y no se pudo comenzar
mejor que con obras de un contemporáneo del pintor: Correa D’Arauxo.
De este maestro sevillano se interpretaron Tiento de medio registro
de bajón y Tiento de medio registro de tiple, ambas obras
excepcionalmente arregladas por el grupo para clave, viola bastarda (cello),
bajoncillo tenor y dos flautas de pico.
Continuaron obras de Enrique Botelero (españolización
de Henry Buttler) músico venido a la corte hispana con Carlos de
Gales, una sonata a dos realmente deliciosa sabiamente intercalada
entre el complejo repertorio organístico de sabor hispano y la música
italiana que vendría después.
Pronto emprendimos viaje a Italia de mano de Velázquez. Una vez
allí pudimos admirar la música de dos grandes innovadores
del momento: Girolamo Frescobaldi, del que pudimos escuchar Toccata
prima (Il Secondo Libro di Toccate, Roma 1627) y la Canzona La Tromboncina
(Il Primo Libro delle canzoni, Roma 1628). Ambas obras interpretadas al
clave y al violoncello. No podía faltar uno de los músicos
más inquietos de estos primeros años del siglo XVII, Darío
Castello. Castello trabajó en Venecia, como Giovanni Picchi, otro
maestro en el arte de la composición instrumental. Éste fue
un lugar excepcional para la producción musical instrumental y como
músico de su tiempo pudimos deleitarnos con dos sonatas en versión
para flautas de pico y continuo de su libro titulado Sonate concertante
in stil moderno, Venecia, 1629.
De vuelta a España y de nuevo en el taller de Velázquez,
esta vez en la corte madrileña, el auditorio pudo regocijarse con
varias piezas compuestas por el hijo del maestro de los instrumentos de
Capilla de Felipe III, Bartolomé de Selma y Salaverde, de su libro
Canzoni y Fantasie, publicado en Venecia en 1638, de hermosa y delicada
interpretación por una parte del grupo (flauta de pico, bajón
y clave).
La influencia de la pintura holandesa en el arte de Velázquez
también fue sabiamente recogido por el grupo "La Folía" en
dos obras que sorprendieron por la calidad, los compositores seleccionados
y lo excepcional de la interpretación. La música de Froberger
sonó al clave con una inusitada delicadeza que cautivó al
auditorio. Como contrapeso a la melancolía de Suite en sol menor
de Froberger el ímpetu de una batagglia o batalia de
Jacob Van Eyck a solo para flauta de pico. Ambas piezas fuero ejemplos
de esas pinceladas difusas que anuncian un melancólico barroco más
estilizado.
El final lo puso Andrea Falconiero de donde salieron algunas piezas,
Canzonas y Folías de su libro de 1650, que para solaz del auditorio
fueron el final perfecto por el recorrido de una obra llena de interesantes
matices cual pinceladas, inmersa en una época realmente especial
en la historia de las artes.
El recital estuvo lleno de aciertos. Comenzando por la interpretación
en conjunto, un sonido compacto y lograda afinación fue esencial
para mantenernos cautivados durante más de una hora. Hay que resaltar
un hecho excepcional: las interpretaciones a solo o con una parte más
reducida de instrumentación. Ello nos permitió comprobar
lo genial de los intérpretes, que dada su juventud, no puede por
menos que sugerirnos el brillante futuro que tiene por delante la música
antigua hispana.
La interpretación fue brillante, sugerente, colorida, rebosante
de claroscuros -como exigía el propio repertorio- llena de contrastes
y fabulosamente planteada en cuanto al repertorio seleccionado. La sensación
del auditorio fue de entusiasmo. Todo ello fue adornado con unos comentarios
introductorios realizados por su director rebosantes de sabiduría
y buenas formas, histórica y musicalmente hablando, que ilustraron
poderosamente una época, un pintor y un arte, el musical, íntimamente
relacionado con una etapa de creación tan singular como es la primera
mitad del siglo XVII.
He aquí el resultado de un producto bien hecho, bien pensado,
hermoso y cautivador, al que, como hemos podido comprobar en otras ocasiones,
el grupo "La Folía" que dirige Pedro Bonet, nos tiene acostumbrados.
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