| Quando comence
a abrir los ojos en la musica no avia en esta Ciudad rastro de música
de organo accidental. Así hablaba Francisco Correa de Arauxo
en sus "Advertencias" respecto al ambiente organístico en la Sevilla
de los primeros años del siglo XVII. Y así podríamos
hablar muchos cacereños a los que nos apasiona la música
histórica para órgano. Sin embargo, la realidad se nos presenta
distinta, emocionante, palpitante y, por supuesto, prometedora.
Esta realidad a la que nos referimos no es
desde luego una casualidad, al menos en la ciudad de Cáceres. Está
estrechamente vinculada al paso y magisterio de organistas como Guillermo
L. Alemany. El problema, no sólo cacereño, sino de muchos
lugares, es la paciencia ante el anhelado "relevo generacional" que en
nuestro caso parece asegurado.
El pasado día 13 de marzo, con motivo
del 40º aniversario de la Parroquia de San José y en colaboración
con la Asociación Musical Cacereña, tuvo lugar un concierto
de órgano a cargo de los hermanos Sánchez Sánchez
en el cual el auditorio tuvo la oportunidad de escuchar un repertorio compuesto
por obras de F.Correa de Arauxo, J. Pachelbel, Antonio
de Cabezón, Pablo Bruna y J.S. Bach.
Fue un concierto excepcional por varias razones.
La primera quizá por el repertorio elegido por los hermanos Sánchez
Sánchez (Manuel, Tomás y Francisco), excepto una breve composición
de Cesar Franck, el resto del repertorio pertenecía en su
integridad a la virtuosa literatura organística de los siglos XVI
y XVII española, y a la dieciochesca alemana. Sobre la habilidad
de estos jóvenes intépretes podemos constatar aventuras tan
interesantes como la que les llevó a hacer sonar simultáneamente
los dos órganos de la catedral de Coria.
Hacer frente a un repertorio tan "delicado"
como éste es ya de por sí un mérito excepcional dada
la complejidad de la escritura y por supuesto de su ejecución; en
segundo lugar debemos resaltar la juventud de los intérpretes, cuestión
no menos importante sobre todo por la relativa escasez de intérpretes
interesados por resucitar la música sacra (o no) para órgano
compuesta siglos atrás.
El repertorio al que aludimos estuvo compuesto
en su primera parte por un Tiento pequeño y fácil de
Arauxo
además de una Fuga en Re M de Pachelbel y Preludio
y Fuga nº 5 en Sol M de J.S. Bach, todas interpretadas por Manuel
Sánchez.
La segunda parte, a cargo de Tomás Sánchez,
comenzó con una hermosa interpretación de las Diferencias
sobre el "Canto del Cavallero" del burgalés Antonio de Cabezón,
al que siguieron Preludio y Fuga en Do m y Preludio y Fuga en
La m de J.S. Bach.
La tercera parte, ejecutada por Francisco,
estuvo encabezada por una
batalla de 6º Tono de P. Bruna,
Preludio
y Fuga en Sol M
y
Preludio y Fuga en Do M de J.S.Bach.
Tres pequeñas obras de arte que hicieron las delicias de los asistentes.
Sobre la interpretación cabe señalar
una cuestión: el concierto fue hermoso y evocador, con pasajes emocionantes.
Realmente se hizo corto. La dificultad que entraña tañer
este instrumento y con un repertorio tan significativo fueron salvadas
sin mayores inconvenientes sobre todo si tenemos en cuenta la modernidad
del órgano que sirvió para la ejecución (ausencia
de teclado partido), y los inconvenientes de un instrumento tan complejo
en su mecánica y tan poco atendido.
Buena articulación, hermosos y delicados
fraseos llenaron de bellísimas notas un templo y al público
asistente. Lo más interesante -no por su dificultad técnica
sino expresiva- quizá fueron las piezas de Cabezón,
cuyas diferencias sobre el
Canto del Cavallero, sonaron con gran
exquisitez y una medida propias de los maestros en el arte de la glosa
del siglo XVI y la Batalla de 6º tono de Bruna. Obras e intérpretes
se fusionaron en un perfecto entendimiento de resultados más que
admirables y preciosistas.
Podríamos acabar coincidiendo con Aguilera
nota
el pasaje de la glosa, el aire, la imitación propia, o de las otras
voces...
El futuro del órgano en Cáceres
está sin duda asegurado. |