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de Junio de 1999. Festival Mozart. A Coruña. Academy of Ancient
Music. Piano: Robert Levin. Director: Christopher Hogwood. Programa: Obertura
de "Idomeneo" K. 366, Concierto para piano y orquesta nº 27, K. 595,
Rondó para piano y orquesta en re mayor, K. 382 y Idomeneo: selección
de la música para ballet, K. 367, todas ellas -como no- de Mozart. |
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El concierto
resultó decepcionante. De los que hubo hasta ahora en el Festival
Mozart, claramente el que menos me gustó. Y no quiero decir que
fuera malo, ni que cometieran ningún error, sino simplemente que
resultó anodino, sin nada especial, por momentos incluso aburrido.
La mayor
decepción fue el pianista. Había escuchado a Levin en grabaciones
y me había gustado su enfoque de las obras, además el fortepiano
me había parecido un instrumento interesante. Sin embargo en vivo
Levin es peor pianista que en el disco, su Mozart suena embarullado, con
una pulsación confusa, incluso por momentos con poco gusto musical.
Las cadencias que hizo en las dos obras, improvisadas por él mismo
-lo que significaba uno de los atractivos del concierto- fueron poco más
que un ejercicio técnico sin mucha coherencia musical. Conste que
seguramente eso es lo más purista: las improvisaciones, salvo en
el caso de compositores geniales, debían ser algo muy decepcionante.
Pero el día anterior Postnikova había tocado una cadencia
preciosa compuesta por Shnitke para el concierto 25 de Mozart, y
la diferencia era evidente. Respecto al fortepiano, se trataba de un instrumento
con muy poca sonoridad y con un timbre muy soso.
Otra
cosa me molestó de Levin, y reconozco que eso es manía personal,
no me gustan los pianistas con afán de protagonismo y Levin es el
más payaso que he visto en mucho tiempo. Dirigía a la orquesta
como si Hogwood no existiera; tocaba constantemente, incluso durante los
tuttis de la orquesta, improvisando ornamentaciones y variaciones propias.
Mi compañero de asiento dice que Hogwood en cierto momento ya se
enfadó y le mandó callar: yo no lo vi, pero no me cuesta
nada creerlo.
La orquesta
bien, pero sin grandes maravillas. O a lo mejor hay que considerar maravilloso
que tocando con instrumentos originales -todos sabemos lo c....... que
pueden llegar a ser con el intérprete- no pasara nada. ¡Bueno!,
las trompas la pifiaron una vez, pero no serían auténticas
trompas del XVIII si no lo hicieran. El director también me gustó
mucho, sobre todo en la música de ballet de Idomeneo. Interesante
la obra e interesante la interpretación. Hogwood consiguió
que la obra sonara como una curiosa mezcla de lenguaje mozartiano y forma
barroca.
Para
terminar, y como bis, tocaron el tercer movimiento del Concierto para
piano nº 25 de Mozart. El mismo concierto que había tocado
el día anterior la Orquesta Sinfónica
de Galicia con Rodjdestvenski como director y Victoria Postnikova
como pianista. Y la verdad, sonó mucho mejor en la versión
rusa.
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