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La hermana menor
Más artículos de este autorJulio Andrade Malde
La Coruña, 6 de Junio de 1999. Teatro Rosalía Castro. "Festival Mozart". W.A. Mozart: Concierto para violín y orquesta número 5, en La mayor, K. 219; "Una broma musical", en Fa mayor, K. 522; Concierto para clarinete y orquesta, en La mayor, K. 622. Orquesta de Cámara de la Sinfónica de Galicia; solista de clarinete, Vicente Alberola; violín concertino y director, Massimo Spadano.

    La Orquesta de Cámara se formó en el seno de la Orquesta Sinfónica de Galicia para abarcar un repertorio de gran interés que ésta no podía cubrir. La agrupación es aún muy joven y, en consecuencia, todavía se halla en proceso de maduración y perfeccionamiento. Pero resulta evidente que está en el buen camino ya que, a medida que transcurren los meses, se encuentra más conjuntada; el reiterado trabajo en común hace que sus interpretaciones resulten cada vez más perfectas.

     Hay además otra cuestión de la mayor importancia: el repertorio para orquesta de cámara obliga a las colectividades instrumentales a un ajuste muy preciso; a un particular refinamiento en el fraseo, sobre todo en la articulación de los arcos; a una exquisita planificación de la dinámica. De todo ello se beneficia la hermana mayor, la Sinfónica de Galicia, puesto que los integrantes de la agrupación camerística también forman parte de ella. 

      Massimo Spadano ha mostrado en repetidas ocasiones que es un excelente músico. Su aportación a la Orquesta de Cámara, tanto en el papel de director como en su doble desempeño de concertino y solista, es muy importante. Tal vez, por el momento, la agrupación no esté madura para tocar prácticamente sin director, como fue el caso del hermoso Concierto para violín, de Mozart, donde Spadano, situado lógicamente de espaldas a los músicos, tuvo que dar prioridad absoluta a su función como ejecutante. Por eso, aun reconociendo que la versión fue muy estimable y que el violinista mantuvo un brillante nivel interpretativo (espléndida la difícil cadencia del primer tiempo, por citar un solo ejemplo), creo que no fue éste el mejor momento del concierto.

     Escuchando la singular broma musical mozartiana, ese sorprendente "Sexteto de músicos populares" (un cuarteto de cuerda con dos trompas), no podía menos de pensar en el esfuerzo que costaba al compositor escribir música deliberadamente mala y errónea. Digo mala porque es evidente la búsqueda -no siempre conseguida- de una inspiración vulgar (el tema zafio del Allegro, por ejemplo); y digo errónea porque las disonancias de las trompas y la progresión ascendente conclusiva en el Minuetto, así como el aspecto caótico del último tiempo, que concluye con unos acordes absolutamente insólitos, son errores de bulto buscados también de intento. Un público numeroso y muy entendido (a las doce de la mañana de un domingo sólo va a un concierto quien tiene verdadero interés por la música, al menos en esta ciudad) siguió encantado la tomadura de pelo mozartiana. 

      Se hablaba en el entreacto de que nuestros oídos actuales están habituados a disonancias mucho más fuertes. Cierto. Y también a los evidentes pasajes politonales del último tiempo, y a los singulares cambios de tonalidad. Por eso en nuestros días, la partitura se escucha con una sonrisa en los labios. Hoy la vemos más como una broma inocente que como un violento sarcasmo. Versión excelente de la orquesta, muy bien conducida por Spadano en su doble función de director y concertino. 

      El momento culminante del concierto fue la espléndida versión del Concierto para clarinete. La Orquesta mantuvo un altísimo nivel para dar réplica a la extraordinaria versión del primer clarinetista de la Sinfónica, Vicente Alberola. Este joven virtuoso ha dado repetidas muestras de su categoría artística tanto en los pasajes a solo del repertorio habitual para gran orquesta como formando parte de conjuntos instrumentales más reducidos. La espléndida sonoridad que obtiene del instrumento, su justeza, perfecta afinación y -acaso sobre todo- el fraseo exquisito que le caracteriza, obtenido mediante un delicado juego con los volúmenes y un sutilísimo "rubato"; todo ello hace que sus interpretaciones resulten inconfundibles. 

       El público coruñés ha sabido reconocer, desde hace ya mucho tiempo, la excepcional calidad artística de Alberola; de manera que su versión del Concierto para clarinete de Mozart sólo asombró a nuestros visitantes; para nosotros, fue una nueva muestra de la categoría de nuestro clarinetista principal. Los ataques en pianísimo, los juegos de volúmenes y de tesituras, los efectos-eco, el cuidado en los pasajes transicionales, el modelado dinámico de las más sutiles frases... Y, acaso por encima de todo, un segundo tiempo en verdad maravilloso, pleno de serena belleza. Cuando expiró la última nota de la hermosa partitura mozartiana, la audiencia prorrumpió en interminables aplausos y exclamaciones de entusiasmo. Un acto de entera justicia. 
 


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© 1999 by Julio Andrade Malde, La Coruña