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Rostropovich
y la Berenguela
Más artículos de este autorJuan Gil
8 de Julio de 1999. Santiago de Compostela. Plaza de la Quintana.Real Filharmonía de Galicia. Violonchelo: Mstislav Rostropovich. Director: Andreas S. Weiser. Programa: Concierto para Violonchelo en do mayor de J. Haydn,Variaciones Rococó de P. I. Chaikowski, Sinfonía nº 104 en re mayor, "Londres" de J. Haydn, Sinfonía nº 1 en re mayor "Clásica" op. 25 de S. Prokofiev. Festival Internacional de Música de Galicia.
Aforo: 1296 localidades Asistencia: 100%

     La presencia de Mstislav Rostropovich en el Festival Internacional de Música de Galicia era una de las principales bazas con las que contaba la organización para activar una política publicitaria de nombres tan frecuente en este tipo de eventos.

      La tarde se le presentaba un tanto apretada a Rostropovich. Tras la puntual rueda de prensa de las seis menos cuarto tuvo lugar la "prueba acústica" que resultó ser un ensayo más o menos improvisado en el que el violonchelista usurpó el puesto del director y dio numerosas indicaciones de última hora a la orquesta.

     Si para algo sirvió la "prueba" fue principalmente para dos cosas: una; unificar criterios sobre la interpretación, lo que no es muy recomendable hacer poco antes de empezar un concierto y más si el solista es quien los impone, y dos; darse cuenta de que la Berenguela supera en varios decibelios a la orquesta.

     De esta segunda constatación tomaron buena nota los organizadores y tras un cálculo horario muy apretado redistribuyeron el orden de las obras y retrasaron el inicio 25 minutos para que no coincidieran las once campanadas y los cuatro cuartos previos con alguna de las obras. Así primero interpretaron las dos obras para Violoncelo, el concierto en do mayor de Haydn y las variaciones Rococó, pasando la Sinfonía 104 "Londres" de Haydn y la nº 1 "Clásica" de Prokofiev a ocupar la segunda parte.

     En cuanto a lo estrictamente musical Rostropovich ofreció un Chaikowski muy bien elaborado, cosa que no puedo decir del concierto de Haydn en el que la afinación no quedó nada clara, especialmente en los registros agudos y en los pasajes rápidos, carencia que compensó con una brillante cadencia en el primer movimiento y un Adagio molto cantabile de excepcional expresividad.

     Tras un intervalo en que la campana pudo explayarse dieron comienzo las variaciones Rococó, eso si acompañadas del móvil de turno, los relojes digitales atrasados y los platos de las cafeterías de detrás del escenario. Ahora las notas estaban perfectamente afinadas y los agudos se mantuvieron nítidos y claros, golpes de arco seguros en las partes más enérgicas que daban paso a las suaves notas sostenidas y a unos silencios perfectamente respetados y cargados de gran valor musical. Aunque algunos momentos del ensayo estuvieron por encima del resultado final, Rostropovich hizo gala de su profesionalidad y virtuosismo.

     Por su parte la Real Filharmonía me sorprendió gratamente. Siempre he considerado que uno de los principales problemas de los que adolecía era la falta de vitalidad, pero quizás haya sido la motivación de acompañar a un carismático solista o la novedad de ponerse en las manos de Andreas S. Weiser, no lo sé, la cuestión es que funcionó. 

     Su labor acompañante en la primera parte del concierto se caracterizó por los altibajos. Partiendo de un Haydn temeroso y expectante llegó a un Chaikowski mucho más acertado a todos los niveles, donde cabe destacar el papel del viento en el "ritornello" final de cada variación moviéndose con delicada exactitud.

     Si bien Weiser tuvo poco que decir en el concierto de Haydn y en las variaciones de Chaikowski, inmóvil y escueto en sus indicaciones ya que Rostropovich dejó bien claro desde el principio quien mandaba, se liberó en el momento que se encontró a solas con la orquesta. La segunda parte estuvo más animada, especialmente en la sinfonía "Clásica" de Prokofiev con un Allegro exaltado y vigoroso, teniendo sólo algunos problemas la cuerda en el finale. Pero en general la orquesta estuvo en todo momento a la altura de las circunstancias, con una comodidad que supongo les viene dada por el repertorio clásico que han trabajado constantemente en la "escuela" Rilling-Zumalave.

     El mayor inconveniente fue el entorno. Acústicamente la Quintana deja mucho que desear cuando se trata de música "unplugged" (si se me permite el extranjerismo) ya no sólo por todas las molestias que se puedan producir en la calle, sino en mayor medida por la perdida de potencia sonora que esto supone. Esta fue la razón por la que muchas de las frases rápidas de Rostropovich se quedaban en simple intuición de movimiento ascendente o descendente, y obligó a la orquesta a exagerar los fortes para contrarrestar este efecto. Aunque esto también tiene sus ventajas ya que la reverberación natural hizo que el sonido fuese más empastado.

     Quizás Weiser debía haber buscado una dinámica más plana para evitar que muchos de los pianísimos se perdiesen pero esto ya sería pedir demasiado. 

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© 1.999 by María Valvanera, Santiago