Este
debería haber sido uno de los mejores conciertos del Festival, pero
también en este caso el lugar marcó negativamente los resultados.
Paul McCreesh confesó en la rueda de prensa que a él le hubiera
gustado que este concierto se realizara en la Catedral pero no fue posible
y la iglesia de San Francisco resultó una alternativa muy inferior.
Se supone que las iglesias suelen tener una buena acústica, pero
ésta en concreto es célebre -en Santiago y allende las fronteras-
por la reverberación. Incluso los coros parroquiales tienen grandes
dificultades cuando han de cantar allí. Y para una misa a 64 voces,
como era ésta, ya no sé que adjetivo aplicarle: confusa,
mareante, informe, y también - ¿por qué no? - inolvidable.
Para que se hagan una idea la música continuaba sonando durante
tres o cuatro segundos después de que el director cortaba, así
que los únicos silencios existentes fueron los finales de cada parte.
En realidad, si uno estaba atento al director se notaba que existían
más, porque él los marcaba.
Aunque también se puede enfocar por el lado positivo. Siempre se
habla del "miedo al silencio" como una característica del Barroco,
y aquí se notó como pocas veces....... Lástima que
otras características del Barroco como son los contrastes dinámicos
o tímbricos, y sobre todo los juegos entre solo y tutti, desaparecieran
totalmente dentro de la masa sonora informe en que se convirtió
la Misa ya desde el principio.
Ante
esta situación Paul McCreesh hizo lo que pudo: prescindió
totalmente del problema de los ecos y la reverberación, y optó
por una colocación de las voces y los instrumentos que aprovechara
lo mejor posible el espacio relativamente reducido de la iglesia. La misa
fue concebida para la catedral de Salzburgo y casi todas las interpretaciones
que McCreesh ha hecho de esta obra han sido en espacios mucho más
amplios que el de San Francisco, que no deja de ser una iglesia normal
del tardobarroco. Eso hizo que los diversos grupos tuvieran que estar muy
cercanos o directamente pegados unos a otros.
En concreto
dividió las 64 voces en ocho grupos de ocho voces: dos coros a 8
v. que estaban pegados; delante de ellos los dos grupos de solistas, también
de 8 v. cada uno; delante de cada grupo de coro + solistas se situaba una
orquesta, compuesta simplemente por un grupo de ocho cuerdas. Esta colocación
ayudaba en los "ripienos" pero perjudicaba en todos los demás casos
y la mayoría de las alternancias y juegos entre ambos coros, solistas
u orquestas se perdieron. El grupo de cornetas, sacabuches y las dos trompetas
solistas se situaban detrás del coro, con lo que se oían
poco excepto en los fortissimi. Ya en el fondo de la iglesia, en
la galería del coro, se situaban otros dos grupos de trompetas y
tambores, que tenían una función que podríamos calificar
a veces de ceremonial y otras como si fueran unas grandes losas sonoras
que le dieran peso a los tutti orquestales.
Realmente
fue una pena la deficiente sonoridad de la iglesia, porque el principal
atractivo de la misa es justamente su efectismo, su grandiosidad, y junto
a ella el intimismo de algunas partes como el Kyrie y el comienzo
del Credo. No hay grandes atractivos formales ni melódicos,
casi toda la obra se mueve en torno al Do mayor, la tonalidad más
fácil para las trompetas, excepto en el Agnus Dei, que tenía
un aire casi wagneriano. Sin embargo lo mejor de la misa estuvo en el motete
final, Plaudite tympana, que fue todo un muestrario de los recursos
de la orquesta, los solistas y el coro.
Porque
recursos tenían de sobra: unas trompetas barrocas siempre perfectamente
afinadas, una técnica vocal en el coro como sólo Inglaterra
con sus tradiciones sabe producir, un director y unos solistas que saben
dar vida a la música manteniéndose al mismo tiempo dentro
de los estilemas barrocos. En fin, que concluyo como empecé: tenía
casi todo para ser un gran concierto y no lo fue.
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| Nota
de la dirección
Mundo
Clásico no publicará crítica del concierto celebrado
el día 20 en el cementerio de Sa Domingos de Bonaval, en el cual
se interpretó el Requiem
de Mozart. José Manuel Agra,
del gabinete del Conselleiro de Cultura ha negado a Mundo Clásico
entradas numeradas para este concierto. En una carta de 1 de julio, Agra
nos comunicaba su intención de "limitar al máximo
el acceso a la prensa". A pesar de los numerosos obstáculos a nuestra
labor, Mundo Clásico seguirá informando sobre el desarrollo
del Festival Internacional de Galicia si bien no podemos garantizar la
cobertura de todos los actos que se celebren.
La dirección de Mundo Clásico
lamenta escuchar la expresión "limitar
al
máximo el acceso a la prensa" en boca de quien está en
una administración cuya presidencia ostenta Don Manuel Fraga Iribarne,
antiguo Ministro de Información, de cuyos desvelos por los
límites
de la prensa están los españoles ampliamente informados. |