MC Failed to execute CGI : Win32 Error Code = 2
Failed to execute CGI : Win32 Error Code = 2
Failed to execute CGI : Win32 Error Code = 2
Más artículos en esta sección Crítica de Conciertos: Festival de Música de Galicia
"Cada vez hay nás mediocres en el Mundo de la música"
De como Maazel avaló 
con hechos sus propias palabras
Más artículos de este autorXoán M. Carreira
Festival Internacional de Galicia. 18 de julio de 1999. Santiago de Compostela, Plaza de la Quintana. Ludwig van Beethoven: 7ª sinfonía en la mayor Op. 92; Richard Strauss: Don Juan Op. 20; R. Strauss - Arthur Rodzinski: Suite de Der Rosenkavalier Op. 59 AV 145. Philharmonia Orchestra, director Lorin Maazel

Aforo: 1058 localidades de pago y 238 de protocolo. Asistencia: 90% de pago y 30% de protocolo


     En su nueva visita a Santiago, al lanzar a su orquesta contra los elementos, Maazel ha tenido mayor fortuna que la que cupo al violoncello de Rostropovich, otro músico habitual en la ciudad. La temperatura, fresca, no era molesta. Las campanas de las horas y la Berenguela parecieron querer emular la discreción inglesa. El ruido de platos de los bares y el timbre de los teléfonos móviles tuvieron esporádicas intervenciones. El fresco consiguió acallar pronto el rítmico batir de las pulseras de las usuarias del castizo abanico. Incluso, no hizo acto de presencia el camión de la basura que amenizara el concierto de Rostropovich.

     Tampoco se produjeron interrupciones por parte de grupos de peregrinos con prisa por acceder a la catedral, como había sucedido en el concierto de la Real Filharmonía del día 12. Posiblemente colaboró a ello el hecho de que la Catedral estuviera cerrada. Cierto es que unos gamberros se divirtieron imitando grotescamente los movimientos de Maazel y, con sus poco templadas voces, los sonidos de la Philharmonia. Y que el concierto contó, por momentos, con la espontánea colaboración vocal de grupos que transitaban por la calle trasera del escenario, camino de los populares bares de la calle del Franco, quizás con la esperanza de mantener su elevada alcoholemia.

     Quizás tenga razón el director del Festival y estas cosas carezcan de importancia en un festival de verano. Lo importante en un festival de verano es que la gente se divierta y he de reconocer que eso se ha conseguido, al menos en el caso de los émulos de Maazel que parecían muy divertidos. Si lo menciono es debido a que Mundo Clásico es un diario y estas cosas tienen cierto interés informativo, no sólo para la prensa local que no ha dejado de comentarlas. En todo caso, les decía, Maazel se puede considerar afortunado pues todas estas incidencias no pasaron de ser pequeñas molestias estivales, como los mosquitos.

     Y es que Lorin Maazel parece sufrir problemas de salud cuando viene a dirigir a Santiago. Hace un año, en el Auditorio de Galicia, intentó dirigir la Symphonieorchester der Bayerischen Rundfuks a pesar del estado estuporoso en que se encontraba, el cuerpo flojo, la cabeza caída hacia la derecha, teniendo que apoyarse, por momentos, en el atril para conservar el equilibrio. En esta ocasión, a juzgar por la torpeza motora, también parecía encontrarse indispuesto, si bien, al contrario de la vez anterior, mostraba un gesto de radiante optimismo que me hizo recordar a Jack Nicholson, actor con el que Maazel tiene parecido facial, en Mejor imposible.

     Si en el lamentable concierto de hace un año no llegamos a escuchar nada calificable de discurso musical, debido a la falta de dirección, en esta ocasión Maazel intentó controlar la situación. Pero de modo tan confuso y arbitrario que no llegamos a escuchar ni una sola "frase straussiana" salvo el par de momentos del Don Juan en los que tomó el control la espléndida concertino de la Philharmonia y, claro está, en la luminosa intervención "molto espressivo e marcatto" de las trompas en fa en el "molto tranquilo". El régimen de trabajo de la Philharmonia, una orquesta privada, proporciona a sus músicos una gran experiencia en situaciones difíciles. Gracias a esta capacidad de autonomía de la Philharmonia (desde mi silla podía apreciar que los primeros atriles apenas dirigían la vista hacia Maazel) transcurrió sin mayores sobresaltos el Don Juan y dieron una versión arregladita del Bello Danubio azul, como regalo. No fue así en la suite de valses de Rodzinsky sobre el Caballero de la rosa, obra que ya había intentado dirigir Maazel en su anterior visita a Santiago, con resultados aún peores que en esta ocasión en la que, de todos modos, se hizo patente la descoordinación entre el director y una orquesta que parecía tener insuficientemente trabajada la obra.

     Por lo que se refiere a la sinfonía de Beethoven, tras un correcto primer movimiento en el que lo más destacable fue la discreta intervención de la campana de las horas, en el "Vivace", la orquesta ofreció un fino "Alegretto" en el que, por única vez en la noche, escuchamos las texturas que han dado justa fama a la Philharmonia. Los músicos, confiados, iniciaron un equilibrado "Presto" que parecía prometer nuevas donosuras. La segunda intervención de la campana de las horas, doble, pareció estimular a Maazel quien decidió acabar la sinfonía antes de la triple campanada de los tres cuartos. Maazel ganó a la campana por dos minutos de ventaja. Los músicos, agotados por el esfuerzo, fueron llegando un poco más tarde en tropelía, tal como habían tocado el "Allegro con brio".

     En un reportaje hagiográfico publicado el día anterior por el suplemento "Babelia" del diario El País, se afirmaba que Maazel "es el divo mejor pagado del planeta sinfónico". Esto es inexacto, el cachet oficial de Maazel es de 70.000 marcos alemanes. Exactamente la mitad del cachet oficial de Carlos Kleiber. En titulares publica una tajante afirmación de Lorin Maazel: "Cada vez hay más mediocres en el mundo de la música". Su actuación en la plaza de la Quintana ha sido una prueba a favor de sus palabras.
 

Error processing SSI file
Failed to execute CGI : Win32 Error Code = 2

© 1.999 by Xoán M. Carreira, A Coruña