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La visita aleccionadora
de la periferia
Más artículos de este autorFernando Peregrín Gutiérrez
Madrid, 30 de octubre de 1999. Auditorio Nacional de Música. Sala Sinfónica. X Ciclo de Conciertos de la Universidad Politécnica de Madrid. Brahms: Doble concierto para violín, violonchelo y orquesta en La menor, Op. 102. Bruckner: Sinfonía nº 3 en Re menor A. 94 (versión de 1877). Franz Peter Zimmermann, violín. Antonio Meneses, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Galicia. Víctor Pablo Pérez, director.
     La Orquesta Sinfónica de Galicia y su titular Víctor Pablo Pérez se presentaron en Madrid con idéntico programa al reseñado recientemente por Julio Andrade Malde en A Coruña.  Me toca pues hacer simplemente de notario de sus atinados comentarios, y de dar testimonio del gran éxito alcanzado por orquesta y director en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, que presentó una gran entrada pese a ser sábado de fútbol con partido entre grandes rivales madrileños.

     Adicionalmente, me entero por su propia boca, de que Ángel Fernando Mayo está preparando un comentario, una columna de opinión más que una crítica, con motivo de haber oído consecutivamente, con el intervalo justo para refrescarse con un par de cañas, a la Orquesta y Coros Nacionales de España y Frühbeck de Burgos en un programa Wagner, y a la orquesta coruñesa y Víctor Pablo Pérez en el programa que comento. No se lo pierdan, queridos lectores, ya que esta coincidencia de conciertos dará oportunidad a buen seguro a sabias, divertidas y sabrosas opiniones de nuestro compañero Ángel F. Mayo sobre el centro y las periferias.

     Poco hueco me queda, flanqueado por Andrade y Mayo, para decir algo que añada información de valor sobre este concierto. Mas algo tengo que contarles a ustedes para que tengan noticia de la gran impresión que dejaron en mi tantos y tan buenos músicos. Para empezar, en el Doble concierto de Brahms, me impresionó la gran conjunción entre ambos solistas, Peter Zimmermann y Antonio Meneses. Pocas veces ha tenido tanto sentido eso que se llama diálogo entre dos instrumentos, tal era la concordancia de estilo y la complementariedad de los sonidos. En el caso de tener que destacar a uno por encima del otro, lo haría sin dudar y elegiría al violonchelista Meneses, uno de los mejores intérpretes de este instrumento que haya oído últimamente. El acompañamiento de Víctor Pablo Pérez y de su orquesta gallega fue refinado, elegante, de gran calidad. La cuerda baja, tan importante en este compositor, sonó con fuerza y morbidez, convirtiéndose en el verdadero soporte de los intercambios sonoros entre los solistas y los distintos grupos orquestales.

     En la segunda parte tuve ocasión de oír lo que posiblemente sea la mejor interpretación bruckneriana que se pueda lograr con intérpretes españoles o afincados en España. Víctor Pablo Pérez muestra continuamente progresos indudables tanto en el planteamiento de las sinfonías de Bruckner como en su ejecución. En el podio, y durante el concierto, el maestro no se limita a repetir lo ya ensayado, sino que parece dejarse llevar por la inspiración del momento y obtener de los músicos detalles que surgen espontáneamente del clima y el desarrollo de la propia interpretación. Se le ve cada vez con mayor soltura, con mayor poder de comunicación y con gran eficacia expresiva. Para un espectador atento, se hace evidente que el maestro burgalés moldea con su elegante mano izquierda las ondas sonoras y sabe resaltar clara y ordenadamente todos los elementos que le parecen más relevantes y dignos de captar con nitidez por el oyente.

     Cuando el maestro logre una mayor variedad en las progresiones sonoras, cuando los clímax se ordenen entre si en función de su mayor o menor valor culminante dentro de los respectivos movimientos o, incluso, de toda la obra, cuando la tensión se centre verdaderamente en los puntos clave, estaremos ante un intérprete excepcional de Bruckner. La juventud de Víctor Pablo permite concebir serias esperanzas a este respecto.

     La Orquesta Sinfónica de Galicia se empleó con entusiasmo, virtuosidad y disciplina, mostrándonos uno de los sonidos más bellos y de refinado poderío que se han oído en Madrid en estos últimos tiempos. Al finalizar, el público ovacionó larga y entusiásticamente a orquesta y director.

     Terminada esta breve reseña, me entero de que la visita a Jerez de la Frontera de estos mismos intérpretes con igual programa ha motivado una crítica también muy favorable de Fernando López Vargas-Machuca.
 

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