El Teatro Real recibió anoche a la soprano italiana Mirella Freni (Módena, 1935), cantante que si mis notas no fallan, no actuaba en Madrid desde finales de los años sesenta, cuando cantó una memorable Bohème con Luciano Pavarotti. La Freni ha pisado el escenario del Real en el ocaso de su larga y ejemplar carrera, una carrera en la que ha trabajado con los grandes cantantes y directores musicales y de escena de la segunda mitad de este siglo. Sirvan como ejemplo, no sólo sus celebérrimas interpretaciones de Mimí, con Karajan y Pavarotti, sino también su participación, como Desdémona, en el histórico Otello que Carlos Kleiber dirigió en Milán y en el que también estaban Domingo y Zeffirelli; o su interpretación de Amelia en el Simon Boccanegra, dirigida musicalmente por Abbado y en la escena por Giorgio Strehler, en otra mítica producción de La Scala. Durante sus cuarenta largos años de carrera, debutó en el Comunale de Módena en 1955, cantando la Micaela de la Carmen; Mirella Freni ha sido, sobre todo, la gran soprano lírica de su generación, si bien en los últimos años ha abordado papeles más dramáticos. Y anoche en Madrid, nos deleitó con una selección de arias que, de alguna manera, resumen su trayectoria artística. El público rindió tributo a su categoría artística, ovacionándola respetuosamente varios minutos nada más salir al escenario. La cantante italiana, de técnica insuperable, se presentó en Madrid en plenas facultades vocales, y su interpretación de la escena de la carta del Eugene Oneguin fue sencillamente magistral, como también lo fue la del Allons, il le faut... Adieu, notre petite table de la Manon de Massenet. En este recorrido por algunas de sus mejores interpretaciones, tampoco podía faltar Adriana Lecouvreur de Cilea, ópera en la que la Freni siempre estuvo a la altura de la excepcional calidad de actrices – cantantes que exige el personaje. Ayer nos volvió a deleitar con el aria Io son l’umille ancella. Aria que, de alguna manera retrata la actitud que la Freni ha mantenido en toda su carrera: Soy la humilde sierva del genio creador; él me ha dado el don de la palabra – de la voz en este caso – y yo la difundo a los corazones. Freni había iniciado su recital con el Ritorna vincitor ¡ de Aida, así que desde los inicios supimos que no venía al Real a "cubrir el expediente", sino que estaba dispuesta a cantar y a arriesgar. Naturalmente que los años han pasado ya factura, sobre todo en el fiatto, pero su entrega fue encomiable. Escucharle cantar el Si, mi chiamano Mimí o el Donde lieta usci de La Bohème me resultó conmovedor y fue en esta parte del programa dónde la nostalgia se hizo mas patente, porque ella ha sido el espejo en el que se han mirado todas las sopranos de la nueva generación que han abordado este papel. La Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por García Navarro, la acompañó correctamente y nos ofreció desde una Obertura de las Visperas Sicilianas, con la que se inició el concierto, bastante irregular, a una Polonesa del Oneguin, brillante. En el medio, el intermezzo de Le Villi de Puccini, conocido como La tregenda – El Aquelarre -, el Preludio al IV Acto de la Adriana, y la página orquestal del Cid de Massenet, Castellana. Andaluza. |