Jaime Conde Salazar | | Madrid, 28 de noviembre de 1999. Teatro Pradillo. Ciclo de danza De cuerpos... bien presentes. Vergine. Compañía Losdedae. Coreógrafo: Chevi Muraday. Bailarines: Carolina Butrach, María Isabel Fuentes, Mercedes del Castillo, Ángel Zotes, Luisa Mas, Chevi Muraday, Sandra Cardozo. | |
| La compañía Losdedae abre el nuevo ciclo de danza del Teatro Pradillo con un programa triple que incluye De 9 a 3, Una continua, una discontinua, y el estreno en Madrid de la obra Vergine que da título al espectáculo. Estas tres obras anuncian de forma clara y rotunda los principales aspectos que definen la propuesta del madrileño Chevi Muraday, cosa que se agradece en estos tiempos de indecisiones y medias tintas. Y, aunque el tiempo dirá y todavía quedan muchas cosas por ver, ya hoy podemos disfrutar de estos caminos que se abren. El primer camino a señalar es el intenso trabajo físico . Como si se tratara de alcanzar cierta consciencia a través del movimiento, los bailarines se ven envueltos en una serie de tareas esforzadas que hacen evidente su presencia corporal. Lo que vemos son sus cuerpos en movimiento, más allá de cualquier otra idea que nos podamos hacer allí dentro. Así, las tres piezas son una auténtica celebración física en la que los cuerpos muestran claramente de qué están hechos, muestran la carne. Pero, al contrario de lo que suele suceder cuando los principales esfuerzos se sitúan en diseño coreográfico, aquí los bailarines no están mudos. Es más, parecen en todo momento movidos por una necesidad perentoria de hablar, de hablar de la vida. Por ello, ese primer camino hecho fundamentalmente de movimiento, se transforma en otro en el que tiene lugar la experimentación con el lenguaje. En este sentido nos encontramos con propuestas que tienen ver tanto con la búsqueda de paralelismos entre los movimientos y las palabras, como con la exploración de distintas formas expresivas. Como resultado de esta recuperación del lenguaje, la presencia física del cuerpo se hace todavía más evidente. Recuperada la voz, el cuerpo se hace, más que nunca, de carne (como bien nos ha enseñado Pina Bausch). Y la carne siempre tiene una historia que contar aunque aquí la historia no sea tanto un trabajo sobre ciertas estrategias narrativas como la exploración del carácter físico e incluso material del cuerpo. Por ello no es extraño que el principal asunto presente en las tres obras, y en especial en Vergine, es la sexualidad. Y como decía, no es que se ofrezcan una serie de argumentos o reflexiones sobre el tema, sino que al mostrarse los cuerpos de una forma tan rotunda, toda esa serie de significados y matices sexuales emergen inmediatamente como un atributo más . Así lo que puede parecer un trabajo acrobático complaciente con los gustos menos arriesgados, acaba enfrentándonos a nuestros deseos y, por lo tanto, descubriéndo nuestro cuerpo de espectadores.Cuerpos presentes, cuerpos para hablar. Todos estos inicios concentrados en este programa triple no hacen más que anunciar cosas buenas. Pero el camino hay que andarlo y esto sólo es el principio. Por eso uno no deja de desear que pase el tiempo (a pesar de los peligros que esto conlleva) y ver cómo envejecen todos estos buenos síntomas, todas estas presencias carnales. |