| Asistimos el viernes a un concierto que merece ser destacado, tanto por ser uno de los numerosos conciertos que tienen lugar estos últimas días del año, así como por constituir una actividad solidaria, de las múltiples que se celebran también en este caótico y violento fin de año, siglo y milenio (sin entrar en las discusiones sobre cuándo exactamente se produce ese cambio, aceptamos sin duda la importancia de una fecha como el 2000). Pues bien, este concierto que tuvo lugar en la sala de cámara del Auditorio Nacional, fue por estos motivos un evento muy especial. Referente a la organización del concierto, la idea parte de Adela de la Fuente (recopiladora de los temas interpretados) y de su hija, la compositora Alicia Díaz de la Fuente, autora de los arreglos vocal-instrumentales. Los beneficios fueron para el Consorcio de España por Kosovo que reúne a las siguientes organizaciones: Fundación Humanismo y Democracia, la Fundación CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), Farmacéuticos sin Fronteras, Asociación Mensajeros de la Paz y la Fundación Cánovas del Castillo. Este consorcio de ONG viene desarrollando una importante labor humanitaria trabajando en la reconstrucción de la región kosovar y posibilitar la vuelta a casa de los refugiados en las condiciones más idóneas, para poder reiniciar sus vidas con dignidad. Parte de los refugiados kosovares que aún permanecen aquí asistieron también al concierto. Se pretendía en esta celebración musical recordar que el drama kosovar no ha terminado, y llamar a la solidaridad para que vuelva la normalidad a la región. El comienzo estuvo a cargo de Javier Rupérez, presidente de Humanismo y Democracia, que leyó un breve discurso sobre el desplazamiento de las gentes con motivos de los enfrentamientos militares y del apoyo necesario que deben proporcionarles desde donde es posible, en este caso desde España. Seguidamente el periodista Paco Lobatón que hizo de maestro de ceremonias, estableció contacto con tres de las personas que trabajan en Kosovo, así como con una kosovar que en su lengua saludó a los compatriotas que se encontraban en el concierto. Sin ahondar en la parte más demagógica del discurso y por un sentido de la coherencia se quiso tener presente a las personas que pasarán este año sus Navidades en ese país, fuera de sus casas y lejos de sus familias, al igual que muchos las pasarán en España, desplazados de sus lugares de origen. En cuanto a la parte musical, que más nos interesa aquí -pero es evidente que no podíamos obviar los anteriores comentarios- sin duda sorprende la diversidad de la procedencia de la música interpretada. Desde Japón hasta Ecuador pasando por Malasia, Nigeria, Alemania, Polonia o España. La recopilación de las melodías ha sido hecha por Adela de la Fuente, quien además ha adaptado las letras al castellano. Esta traducción del texto, si bien extraña al oírlo en melodías de clara procedencia oriental, por ejemplo, permite que el mensaje sea comprendido por todos, y así fue, gracias a la buena dicción de los cantantes. Entre los solistas vocales destacó muy por encima del grupo la soprano solista Eva Mª del Moral, quien emocionó al público con su interpretación de una canción japonesa muy arropada por la flauta. Todas las canciones interpretadas eran del tiempo de la Navidad. La instrumentación corrió a cargo de Adela de la Fuente, quien también interpretaba el órgano. Este instrumento participó en los dos villancicos españoles, de lo mejor de la noche sin duda, especialmente el que abrió la segunda parte de la noche titulado María lava pañales. Los arreglos de Alicia Díaz mantenían parte de las características tímbricas de la procedencia geográfica de la música, con ausencia de recargamientos, sin abusar excesivamente de la percusión, elemento que sabemos es recurso fácil. El grupo instrumental estaba formado por dos flautistas, violín, violonchelo, guitarra, órgano y dos percusionistas que interpretaban un gran abanico de instrumentos. A pesar de todo este grupo, la interpretación adoleció de una dirección más flexible, más rica en matices así como en los tempos. Excesiva la rigidez para la interpretación de música de raíz folclórica, aún con 27 personas en la escena. El coro estuvo correcto, si bien en algún momento se echó en falta una mayor intensidad de la interpretación que sí mostraron el resto de músicos participantes. El concierto se cerró con dos bises, y sin duda un gran éxito, tanto para los músicos como para las distintas organizaciones. Los beneficios del concierto serán destinados por el consorcio para el envío de material escolar y juguetes a los niños kosovares. Esperamos que en próximas ocasiones continúe esta colaboración entre músicos y ONG, y que en el futuro asistamos a una sala repleta de público entre los que desearíamos ver a muchos más músicos. |