El último concierto de temporada de la Orquesta Nacional de España de este año, estuvo dedicado a su principal director invitado, Walter Weller, con motivo de su 60 aniversario. El programa se inició con Romeo y Julieta de Chaikovsky. La dilatada obertura encontró sus mejores momentos en el primer tema cuando los arcos y el arpa contribuyeron a crear el necesario efecto hipnótico y ensoñador de la pieza. El tema central y el final, sin embargo adolecieron de una sección de metal mal empastada con el resto de la orquesta, y lo que es peor, con problemas de afinación y de coordinación. Las canciones de Musorgsky transcurrieron herméticas y misteriosas con una buena sonoridad en la orquesta y una notable labor por parte del barítono Robert Holl. Su voz se encuentra más a gusto en el centro y el grave. En cuanto a su interpretación se basó más en los golpes de efecto que en un verdadero dramatismo, ofreciendo no obstante una excelente lectura de las danzas de Musorgsky. El programa se cerró con la 4ª Sinfonía de Beethoven, a la cual no venía mal un pequeño recorte en la cuerda de la orquesta (12 violonchelos me parecen excesivos para Beethoven). El primer tiempo discurrió dúctil y equilibrado, conducido con un vivaz tempo, y precedido de una buena introducción. El segundo intercaló momentos bastante lineales con otros extraordinarios, entre los que cuento las intervenciones sublimes del clarinete. Con todo lo mejor resultó el Finale, vigoroso, acentuado y pleno de ritmo e intensidad. Walter Weller es un magnífico director, algo falto de sentido lírico pero con gran sentido rítmico y de concertación. Supo no desmelenarse demasiado con una orquesta que no le responde. Se encuentra en una estupenda edad para un director y recibió calurosos aplausos al finalizar el concierto, a partes iguales, por su labor y por su cumpleaños. |