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Días de fiesta
Más artículos de este autorJaime Conde Salazar
Madrid, 1 de febrero de 2000. Círculo de Bellas Artes. Sala de Columnas. Fiesta de inauguración del festival La Alternativa. Programa: Transformations. Marina Donderis. ¡Qué no estamos solos, joder!. Nekane Santamaría.
Comienza un nuevo festival esta vez bajo el título de La Alternativa. Ante un evento éste uno se hace demasiadas preguntas incómodas:¿alternativa a qué?, ¿cuánto de alternativo puede ser un festival patrocinado no sólo por organismos oficiales sino por medios de comunicación poderosos y absolutamente establecidos?. Bien es cierto que la organización parece que corre a cargo de tres de las más importantes salas alternativas  de nuestra ciudad. Pero también es cierto que tanto la estructura como el aspecto (el contenido está por ver) son los de un festival oficial como otro cualquiera: muchos espectáculos en muy poco tiempo y sin un argumento ni objetivo claro en toda esta programación frenética. Y comienzan las sospechas: ¿y si los organismos oficiales y demás poderes establecidos hubieran decidido prever y controlar lo que se supone  que está fuera de ellos mismos?.Parece que nos encontramos ante una de las paradojas más alucinantes de este sistema de festivales que nos embarga: la alternativa al sistema resulta que no sólo está sostenida por el sistema sino que además copia la forma del sistema mismo.¿Alternativa a qué?.¿Y no sería mejor limitarse a programar regularmente y dejarse de fiestas y festivales absurdos?.

   Pero dejémonos de elucubraciones ociosas y vayamos al grano porque la fiesta de ayer estuvo aderezada además de por la instalación sonora de Pep Llopis, por dos pequeños espectáculos de danza.

   El espectáculo comenzó con Transformations de Marina Donderis. Un espacio alargado a ras de suelo. En un extremo una pequeña piscina circular, en el otro un círculo de hojas secas y en el medio tres televisores. La gente agolpada en torno a la escena. Empujones y apreturas. Comienza a bailar una bellísima y exótica bailarina (perdónenme esta descarada incorrección política) con el pecho descubierto y salpicando al personal y empapando el escenario. Cuando acaba ella,  comienzan en el extremo de la hojas una pareja que se hace arrumacos con aspecto de danza contemporánea pero como además los vemos de cerca pues nos damos cuenta que tampoco hay nada que decir en lo coreográfico. Todo se llena de pompas de jabón (y esto no es una fantasía mía).La escena no puede ser más cursi y empalagosa. Acaba, afortunadamente, y vuelve al centro la bellísima bailarina. Como el suelo está mojado, de repente se resbala y se produce una brutal caída. La bellísima bailarina sigue bailando con la barbilla abierta y la nariz sangrando. Su vestido blanco se empapa de sangre y su extraordinaria belleza no hace más que crecer (al igual que mi incorrección) en un juego alucinante entre la brutalidad de la escena y la absoluta ingenuidad de la coreografía ("como un peluche que alguién sacó de la basura" que dirían los Fresones Rebeldes). Acaba el espectáculo y todos aplaudimos entusiasmados mientras ella saluda y llora aterrada sosteniéndose la barbilla y la nariz.

   El espectáculo continuó con Nekane Santamaría y su ¡Que no estamos solos joder!. Estalla la música electrónica y ella aparece en el escenario de la Sala de Columnas bailando como si estuviera en una discoteca. Movimientos descompuestos, estertores, golpes acelerados. De repente se para, y se nos muestra descarada. Su cuerpo se  ofrece altanero a los que miramos. La imagen se vuelve compulsiva, el movimiento comienza a reventar su quietud. Comienza de nuevo su baile frenético. Y de nuevo se para haciendo evidente el cruce de miradas y atajando cualquier erotización de su cuerpo: somos iguales, ella nos mira y nosotros le miramos. Comienza a desnudarse y habla por el micrófono. Se pone un vestido negro largo y la falda tapa la mitad superior de su cuerpo se mueve lento  descomponiéndose lentamente. Se cae. Se vuelve a caer y a caer golpeando sus huesos contra la tarima. Se quita el vestido y las bragas. Y nos mira provocando el encuentro. No hace falta dar más vueltas. Allí estuvimos y allí nos encontramos, ni más, ni menos.

   Cuando acabó el espectáculo, comenzó la caza del canapé pero yo me marché a casa, no tenía hambre.... 
 

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