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Mambo Birland, un puente a la eternidad
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Antonio Gómez Sotolongo
Tito Puente: Lullaby Birdland, Mambo inn, Cayuco, Complicación, Mambo en Blues; Babarabatiri; Flauta y timbal; Más bajo; Cua cua. Grabado en el Birdland de Nueva York en 1998.
Como en los buenos tiempos del Palladium, Tito, El Rey del timbal, volvió al Birdland de Nueva York en 1998 para grabar en vivo uno de sus grandes discos, un fonograma que le valió su quinto Grammy. En esta ocasión Tito Puente lideró una banda gigante con cuatro saxofones, cuatro trompetas, cuatro trombones, dos bajos, piano, voces y percusión. Un equipo todos estrellas en el que aparece como invitado el virtuoso flautista Dave Valentín. 

   Volvió como en los viejos tiempos, como en aquellas décadas del cuarenta y cincuenta en las que los ritmos caribeños fusionaban el norte con el sur, el blanco con el negro y ensanchaban la paleta musical del continente. El Rey volvió al Birdland con el legado de los ritmos afrocubanos que Mario Bauzá, Machito, Chano Pozo, Noro Morales y Arsenio metieron en el jazz de Harlem, en el espíritu de los barrios latinos. 

   El registro contiene diez piezas, la primera de las cuales es Lullaby Birdland, original de George Shearing, en arreglo de Tito Puente. Es esta obra el opening, la portada tras la cual hay un mundo mágico de sonidos. Le sigue Mambo inn, un clásico del cubop, un número de los primeros años de la década del cincuenta, original de Mario Bauzá, Sampson y Woodland, arreglada también por El Rey. Los bloques de los metales y los saxofones son impactantes y los coros de un virtuosismo sabroso. Peter Yellin y Bobby Porcelli en los altos, Mario Rivera en el tenor y Mitch Forman en el barítono están inmersos en el magisterio conceptual del gigante Paquito D'Rivera, lo cual da a la pieza una perfecta cohesión entre los coros y un extraordinario empaste en los bloques.

   Cayuco, compuesta y arreglada por Tito Puente, es un cha cha cha en el que se destacan los solos del contrabajista Carlos Henríquez, la voz de Frankie Morales y la flauta de Dave Valentín quien florea en el clásico estilo de la charanga, en el sabor a lo Richar Egües y Arcaño. Complicación es un son de Francisco Aguabella, que Tito arregló y grabó por primera vez en 1957 y que canta Frankie Morales, un improvisador con auténtico sabor bailable. 

   A continuación se escucha Mambo en Blues, de la autoría de El Rey, un verdadero clásico que data del año 1952 y en el que se destacan las inspiraciones del trombonista Juan Pablo Torres. La pieza número 6 tiene como título Babarabatiri, y es de Antar Daly en arreglo original de Tito Puente. Es esta otra de las piezas que se hicieron grandes en la época del Palladium y que hoy es todo un clásico del jazz latino; en ella, sobresalen nuevamente la voz de Morales -quien inspira sobre la historia de la propia pieza- y el genial Juan Pablo Torres con su trombón. A dónde vas, de Puente, con arreglo de Sonny Bravo, es una guajira con reminiscencias de Oye como va, en la que el piano de Bravo, la trompeta de John Walsh y la flauta de Dave Valentín hacen maravillas. 

   Ascendiendo al clímax de este disco increíble nos encontramos con la pieza Flauta y timbal, compuesta y arreglada por El Rey, en la que se produce una fabulosa controversia entre Tito y Valentín, donde ambos contrincantes sacan chispas a su instrumento. 

   Más bajo, es otra pieza para virtuosos instrumentistas. Compuesta y arreglada por Tito Puente, está hecha para el lucimiento de los contrabajistas Rubén Rodríguez y Carlos Henríquez, quienes entre dobles cuerdas, pasajes de gran velocidad, armónicos y tumbaos a todo swing hacen un registro a fondo de sus instrumentos. 

   La última pieza de este disco increíble es Cua cua, de Jesús Guerra con arreglo de Tito. Es esta una de esas maravillosas descargas bailables con las que hay que echar un pie. Es imposible no hacerlo ante el impetuoso ritmo de esa banda gigante, frente a la que Morales hace delicias con sus improvisaciones, y El rey, con sus timbales en la luna, nos saca el movimiento de los huesos.

   Mambo Birdland, como se le conoce a este disco increíble, obtuvo un Grammy el pasado 2 de febrero. Fue este el último premio de la academia que Tito Puente sostuvo en sus manos, fue este el último trabajo discográfico que El Rey produjo. Esta locura para bailadores fue uno de sus últimos y más logrados trabajos. El pasado jueves primero de junio parecía que los medios iban a estallar con la noticia. Tito Puentes, El rey, había fallecido en el hospital de la Universidad de Nueva York. Era el final de una carrera brillante en la que grabó más de cien discos, cinco de los cuales resultaron merecedores de un Grammy. La música latinoamericana y caribeña estaban de luto. El son, el cha cha cha, el merengue, la cumbia, la plena, la guaracha, la guajira, el bolero, el mambo, la bachata, el cubop, el afro cuban jazz, la rumba en todas sus formas -yambú, columbia y guaguancó-, tenían aquí un tambor menos en su fiesta. Un timbal que marchó rumbo a la eternidad, para desde allí sonar, sonar, sonar.

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