Como
en los buenos tiempos del Palladium, Tito, El Rey del timbal, volvió
al Birdland de Nueva York en 1998 para grabar en vivo uno de sus grandes
discos, un fonograma que le valió su quinto Grammy. En esta
ocasión Tito Puente lideró una banda gigante con cuatro saxofones,
cuatro trompetas, cuatro trombones, dos bajos, piano, voces y percusión.
Un equipo todos estrellas en el que aparece como invitado el virtuoso
flautista Dave Valentín.
Volvió como en los viejos tiempos, como en aquellas
décadas del cuarenta y cincuenta en las que los ritmos caribeños
fusionaban el norte con el sur, el blanco con el negro y ensanchaban la
paleta musical del continente. El Rey volvió al Birdland con el
legado de los ritmos afrocubanos que Mario Bauzá, Machito, Chano
Pozo, Noro Morales y Arsenio metieron en el jazz de Harlem, en el espíritu
de los barrios latinos.
El registro contiene diez piezas, la primera de las cuales
es Lullaby Birdland, original de George Shearing, en arreglo de
Tito Puente. Es esta obra el opening, la portada tras la cual hay
un mundo mágico de sonidos. Le sigue Mambo inn, un clásico
del cubop, un número de los primeros años de la década
del cincuenta, original de Mario Bauzá, Sampson y Woodland, arreglada
también por El Rey. Los bloques de los metales y los saxofones
son impactantes y los coros de un virtuosismo sabroso. Peter Yellin y Bobby
Porcelli en los altos, Mario Rivera en el tenor y Mitch Forman en el barítono
están inmersos en el magisterio conceptual del gigante Paquito D'Rivera,
lo cual da a la pieza una perfecta cohesión entre los coros y un
extraordinario empaste en los bloques.
Cayuco, compuesta y arreglada por Tito Puente, es
un cha cha cha en el que se destacan los solos del contrabajista
Carlos Henríquez, la voz de Frankie Morales y la flauta de Dave
Valentín quien florea en el clásico estilo de la charanga,
en el sabor a lo Richar Egües y Arcaño. Complicación
es un son de Francisco Aguabella, que Tito arregló y grabó
por primera vez en 1957 y que canta Frankie Morales, un improvisador con
auténtico sabor bailable.
A continuación se escucha Mambo en Blues,
de la autoría de El Rey, un verdadero clásico que data del
año 1952 y en el que se destacan las inspiraciones del trombonista
Juan Pablo Torres. La pieza número 6 tiene como título Babarabatiri,
y es de Antar Daly en arreglo original de Tito Puente. Es esta otra de
las piezas que se hicieron grandes en la época del Palladium y que
hoy es todo un clásico del jazz latino; en ella, sobresalen nuevamente
la voz de Morales -quien inspira sobre la historia de la propia pieza-
y el genial Juan Pablo Torres con su trombón. A dónde vas,
de Puente, con arreglo de Sonny Bravo, es una guajira con reminiscencias
de Oye como va, en la que el piano de Bravo, la trompeta de John Walsh
y la flauta de Dave Valentín hacen maravillas.
Ascendiendo al clímax de este disco increíble
nos encontramos con la pieza Flauta y timbal, compuesta y arreglada
por El Rey, en la que se produce una fabulosa controversia entre Tito y
Valentín, donde ambos contrincantes sacan chispas a su instrumento.
Más bajo, es otra pieza para virtuosos instrumentistas.
Compuesta y arreglada por Tito Puente, está hecha para el lucimiento
de los contrabajistas Rubén Rodríguez y Carlos Henríquez,
quienes entre dobles cuerdas, pasajes de gran velocidad, armónicos
y tumbaos a todo swing hacen un registro a fondo de sus instrumentos.
La última pieza de este disco increíble es
Cua cua, de Jesús Guerra con arreglo de Tito. Es esta una
de esas maravillosas descargas bailables con las que hay que echar un pie.
Es imposible no hacerlo ante el impetuoso ritmo de esa banda gigante, frente
a la que Morales hace delicias con sus improvisaciones, y El rey, con sus
timbales en la luna, nos saca el movimiento de los huesos.
Mambo Birdland, como se le conoce a este disco increíble,
obtuvo un Grammy el pasado 2 de febrero. Fue este el último
premio de la academia que Tito Puente sostuvo en sus manos, fue este el
último trabajo discográfico que El Rey produjo. Esta
locura para bailadores fue uno de sus últimos y más logrados
trabajos. El pasado jueves primero de junio parecía que los medios
iban a estallar con la noticia. Tito Puentes, El rey, había
fallecido en el hospital de la Universidad de Nueva York. Era el final
de una carrera brillante en la que grabó más de cien discos,
cinco de los cuales resultaron merecedores de un Grammy. La música
latinoamericana y caribeña estaban de luto. El son, el cha cha
cha, el merengue, la cumbia, la plena, la guaracha, la guajira, el
bolero, el mambo, la bachata, el cubop, el afro cuban jazz, la rumba en
todas sus formas -yambú, columbia y guaguancó-, tenían
aquí un tambor menos en su fiesta. Un timbal que marchó rumbo
a la eternidad, para desde allí sonar, sonar, sonar.
Disponible en Internet