El Festival Internacional de Música
de Galicia -que se celebrará el próximo mes de julio en Santiago
de Compostela y otras ciudades gallegas- continúa con la presentación
de sus principales actividades escénicas. Si hace unas semanas Lindsay
Kemp visitó Santiago para presentar la producción de
La
Flauta Mágica (estrenada en el Festival de Peralada), ha sido
ahora el turno del director teatral italiano Maurizio Scaparro y su visión
de L’enfant et les sortilèges de Maurice Ravel. Maurizio
Scaparro es, tras dirigir numerosas instituciones teatrales italianas y
europeas en sus más de 30 años de carrera profesional, el
actual director del Teatro Eliseo de Roma. Vinculado principalmente a la
dirección teatral, sus producciones en el mundo de la lírica
incluyen La Vera Storia de Luciano Berio, La Scala di Seta
de Rossini (Pesaro), Il Barbiere di Siviglia de Paisiello (Spoletto),
Il
Turco in Italia de Rossini,
Così fan tutte de Mozart
o L’heure espagnola y L’enfant et les sortilèges para
el Teatro della Fenice de Venezia, que ahora nos ocupa.
El director italiano estuvo acompañado
en la rueda de prensa por Ángel Domínguez (director
artístico del festival), que resaltó la importancia y alta
calidad artística de las producciones operísticas –Flauta
y L’enfant- dentro de la programación del festival. Domínguez
informó de que las localidades para las óperas son las más
solicitadas hasta el momento por el público. Tras ensalzar la figura
de Maurizio Scaparro y la presencia de la Orquesta Nacional de Estonia
en el foso -"... una de las más importantes del norte de Europa...
de gran calidad y proyección, sobre todo por el trabajo que está
realizando con ella Gidon Kremer..."-, señaló la voluntad
del festival de ofrecer la mayor proporción posible de expresiones
musicales de Galicia, sobre todo en el campo de la interpretación,
como es el caso de la soprano Laura Alonso Padín.
La representación de L’enfant et
les sortilèges, dirigida por Arvo Volmer (y no por Michael
Plasson como fue anunciado inicialmente) estará precedida por la
interpretación del célebre
Bolero que compuso el propio
Ravel. Interrogado sobre el motivo de interpretar esta obra orquestal y
no L’heure espagnola (la otra ópera de Ravel, que suele ser
interpretada en la misma sesión junto a L’enfant, como también
se hizo en el estreno veneciano de esta producción), Angel Domínguez
señaló que "... es una voluntad, no ocultada, de este
festival la interpretación de obras populares, como es el caso del
Bolero...".
Maurizio Scaparro inició su intervención
señalando las especiales circunstancias que rodearon el estreno
de esta producción. Tras el incendio del principal teatro de ópera
veneciano, este espectáculo, concebido para el escenario de La Fenice,
tuvo que ser estrenado en una carpa ("Palafenice"). "Esta producción
de L’enfant et les sortilèges fue un éxito a pesar
de las desastrosas condiciones de trabajo, con ensayos rodeados por un
ensordecedor ruido exterior...".
Scaparro reflexionó
sobre este acontecimiento: "... cuando finalizamos el espectáculo
vivimos momentos de gran intensidad... A pesar del incendio pudimos pensar
que los bárbaros no vencerán... Es difícil olvidar
un desastre de este tipo, el poder del dinero es demasiado fuerte, desafortunadamente
nos encontramos ante la Europa de los bancos y no ante la Europa de la
unidad cultural...". Sobre los resultados de la producción afirmó
que "... con la perspectiva de tres años de vida de esta producción
–esto no lo podría decir antes del estreno- pienso que hemos realizado
un gran trabajo... es una producción muy poética y, a la
vez, útil".
"¿Qué es L’enfant et les
sortilèges?", se preguntó en alto Scaparro. "En
primer lugar, es una obra maestra fruto de la colaboración de una
gran escritora –Colette- y un gran músico –Ravel- que han creado
una fábula con una música absolutamente genial". "No
puedo decir que soy el depositario del alma de Ravel y Colette, pero sí
que estoy cualificado para representar esta obra... seguramente por ser
fiel al espíritu de L’enfant". Scaparro comparó L’enfant
con la otra ópera de Ravel. "... L’enfant et les sortilèges
no
debe ser confundida con L’heure espagnola; a pesar de representarse
habitualmente en la misma función tienen poco que ver entre sí:
L’heure
es
un divertimento con una música más vulgar que la de una creación
más profunda y sofisticada como L’enfant et les sortileges...".
Maurizio Scaparro habló de su visión
de L’enfant. "Veo a un niño que sueña con una impresionante
intensidad psicológica, sueña con su casa, con su madre,
con los pequeños animales del jardín, con los árboles...;
tanto el libretista como el músico ofrecen una moderna visión
de los sueños... A través del sueño de este niño
obtenemos una explicación de la complejidad psicológica del
niño, con aspectos tan importantes como la obsesiva relación
con su madre, la falta de padre, la falta de relación con un hombre
(tan importante para el niño)...". El director italiano
señaló la importancia del cambio escénico central
en su producción: "La visión del jardín es una
escena muy interesante, en la que se elimina la pared posterior de la habitación
y el niño pasa a encontrarse dentro del jardín... los árboles
se aproximan al niño en una transformación muy compleja".
Con respecto al reestreno de su producción
de L’enfant en Santiago, tras elogiar la belleza y luz de la noche
compostelana, señaló "la importancia de poder contar con
muchos de los "bravos" cantantes del estreno veneciano, como la soprano
Catherine Dubosc que, además de una gran cantante que conoce perfectamente
la obra de principio a fin, es una excepcional actriz".
Tras la rueda de prensa tuvimos la oportunidad
de charlar unos minutos con Maurizio Scaparro. Comenzamos preguntando sobre
el trabajo en la escena operística de un director, como él,
fundamentalmente de teatro. "Yo hago una reggia operística
al año. Para mí es un descanso, como un regalo; no me siento
tan responsable si el trabajo no va todo lo bien que debiera. En la ópera
compartimos la responsabilidad con la orquesta, con los cantantes, con
el director musical, mientras que cuando dirijo teatro yo soy el máximo
responsable del ritmo, de las pausas... cuando hay música esto ya
está escrito".
Interrogamos sobre el trabajo con los cantantes,
con los divos. "Para mí es un gran placer colaborar con cantantes
que disfrutan recitando. Cada vez hay más cantantes jóvenes
que quieren trabajar con el regista, con lo que es más fácil
realizar espectáculos que no son sólo ópera, como
era hace años, sino también teatro".
Scaparro afirmó que Peter Brook y Giorgio
Strehler han sido los maestros que más han influido en su forma
de hacer teatro. "Coincido con Peter Brook en sus bases para dirigir.
Le interesa realizar ópera desde dos puntos de vista: ópera
clásica desde una perspectiva contemporánea y ópera
contemporánea desde un punto de vista clásico". Scaparro
señaló la coincidencia con Strehler –con quien colaboró
en la dirección del Teatro de Europa- de dirigir pocas producciones
operísticas al año: "Strehler sostenía que no se
pueden hacer más de dos reggias al año si se quiere
ofrecer un buen producto". Se emocionó al continuar hablando
del recientemente desaparecido director italiano: "Giorgio Strehler
era un hombre de teatro, sus obras son poesía... pero una poesía
útil que transmite todo el sentido de la ópera. Sólo
he trabajado con él un año en París, pero hemos mantenido
una gran amistad... Le echamos de menos".
Una de las producciones operísticas
más significativas de Scaparro ha sido (como en el caso de Strehler)
el Così fan tutte mozartiano. "Mozart niño llega
a Napolés con su padre, era un niño despierto y absorbe todo
el modo de vida napolitano. Pienso que Mozart no ha querido hacer de su
Così
una ópera napolitana, aunque sí incluir todo lo que ha visto...
Desde la primera escena introduzco, junto a los personajes, a un viejo
y un niño -el pequeño Mozart- que observa atentamente todo
lo que pasa a su alrededor, para después contarnos la historia.
Estoy muy contento de esa producción, pienso que ha sido muy original".
Sobre la crisis de los teatros de ópera
italianos Maurizio Scaparro afirmó que "existe, es un hecho como
lo es, por la pérdida de sensibilidad, la crisis en otros aspectos
de la vida, en política y en economía". Señaló
la mala gestión y la falta de imaginación como una de las
causas de la crisis. "Se piensa siempre en las grandes figuras y no
se puede hacer ópera siempre con Pavarotti. Hay afortunadamente
muchos jóvenen cantantes muy interesantes... y si no se trabaja
con ellos, nunca tendrán la oportunidad de llegar a ser Pavarotti". |