MC

Especial: Festival Internacional de Música de Galicia - 1999
La producción de L’enfant et les sortilèges de Maurice Ravel
José Víctor Carou Fernández
Maurice Ravel (1874-1937)

Parte I
Bolero

Parte II

L’enfant et les sortilèges
Fantasía lírica en dos partes de Maurice Ravel, sobre el poema de Colette

Producción: Teatro della Fenice de Venezia
L’enfant: Catherine Dubosc
Maman / La Tasse chinoise / La Libellule: Mabel Perelstein
La Bergère / La Chouette: Laura Alonso
La Feu / La Princesse / Le Rossignol: Anna Maria dell’Oste
La Chatte / L’Écureuil: Annie Vavrille
La Chauve-souris / Une Pastourelle: Tiziana Tramonti
Un Pâtre: Silvia Montanari
Le Fauteuil / Un Arbre: Jean-Louis Melet
L’Horloge comtoise / Le Chat: Marc Barrand
La Théière: B. Van der Meersch
Le Petit Vieillard / La Rainette / L’Arithmètique: Bruno Lazzaretti

Coro del Colegio San Francisco Javier de Santiago
Coro de la Comunidad de Madrid
Orquesta Nacional de Estonia
Dirección musical: Arvo Volmer
Dirección de escena: Maurizio Scaparro
Escenografía: Emmanuelle Luzzati

29 de julio de 1999. 21:00 h.
Auditorio de Galicia (Santiago de Compostela)


     El Festival Internacional de Música de Galicia -que se celebrará el próximo mes de julio en Santiago de Compostela y otras ciudades gallegas- continúa con la presentación de sus principales actividades escénicas. Si hace unas semanas Lindsay Kemp visitó Santiago para presentar la producción de La Flauta Mágica (estrenada en el Festival de Peralada), ha sido ahora el turno del director teatral italiano Maurizio Scaparro y su visión de L’enfant et les sortilèges de Maurice Ravel. Maurizio Scaparro es, tras dirigir numerosas instituciones teatrales italianas y europeas en sus más de 30 años de carrera profesional, el actual director del Teatro Eliseo de Roma. Vinculado principalmente a la dirección teatral, sus producciones en el mundo de la lírica incluyen La Vera Storia de Luciano Berio, La Scala di Seta de Rossini (Pesaro), Il Barbiere di Siviglia de Paisiello (Spoletto), Il Turco in Italia de Rossini, Così fan tutte de Mozart o L’heure espagnola y L’enfant et les sortilèges para el Teatro della Fenice de Venezia, que ahora nos ocupa.

     El director italiano estuvo acompañado en la rueda de prensa por Ángel Domínguez (director artístico del festival), que resaltó la importancia y alta calidad artística de las producciones operísticas –Flauta y L’enfant- dentro de la programación del festival. Domínguez informó de que las localidades para las óperas son las más solicitadas hasta el momento por el público. Tras ensalzar la figura de Maurizio Scaparro y la presencia de la Orquesta Nacional de Estonia en el foso -"... una de las más importantes del norte de Europa... de gran calidad y proyección, sobre todo por el trabajo que está realizando con ella Gidon Kremer..."-, señaló la voluntad del festival de ofrecer la mayor proporción posible de expresiones musicales de Galicia, sobre todo en el campo de la interpretación, como es el caso de la soprano Laura Alonso Padín

     La representación de L’enfant et les sortilèges, dirigida por Arvo Volmer (y no por Michael Plasson como fue anunciado inicialmente) estará precedida por la interpretación del célebre Bolero que compuso el propio Ravel. Interrogado sobre el motivo de interpretar esta obra orquestal y no L’heure espagnola (la otra ópera de Ravel, que suele ser interpretada en la misma sesión junto a L’enfant, como también se hizo en el estreno veneciano de esta producción), Angel Domínguez señaló que "... es una voluntad, no ocultada, de este festival la interpretación de obras populares, como es el caso del Bolero...".

     Maurizio Scaparro inició su intervención señalando las especiales circunstancias que rodearon el estreno de esta producción. Tras el incendio del principal teatro de ópera veneciano, este espectáculo, concebido para el escenario de La Fenice, tuvo que ser estrenado en una carpa ("Palafenice"). "Esta producción de L’enfant et les sortilèges fue un éxito a pesar de las desastrosas condiciones de trabajo, con ensayos rodeados por un ensordecedor ruido exterior...". Scaparro reflexionó sobre este acontecimiento: "... cuando finalizamos el espectáculo vivimos momentos de gran intensidad... A pesar del incendio pudimos pensar que los bárbaros no vencerán... Es difícil olvidar un desastre de este tipo, el poder del dinero es demasiado fuerte, desafortunadamente nos encontramos ante la Europa de los bancos y no ante la Europa de la unidad cultural...". Sobre los resultados de la producción afirmó que "... con la perspectiva de tres años de vida de esta producción –esto no lo podría decir antes del estreno- pienso que hemos realizado un gran trabajo... es una producción muy poética y, a la vez, útil".

     "¿Qué es L’enfant et les sortilèges?", se preguntó en alto Scaparro. "En primer lugar, es una obra maestra fruto de la colaboración de una gran escritora –Colette- y un gran músico –Ravel- que han creado una fábula con una música absolutamente genial". "No puedo decir que soy el depositario del alma de Ravel y Colette, pero sí que estoy cualificado para representar esta obra... seguramente por ser fiel al espíritu de L’enfant". Scaparro comparó L’enfant con la otra ópera de Ravel. "... L’enfant et les sortilèges no debe ser confundida con L’heure espagnola; a pesar de representarse habitualmente en la misma función tienen poco que ver entre sí: L’heure es un divertimento con una música más vulgar que la de una creación más profunda y sofisticada como L’enfant et les sortileges...".

     Maurizio Scaparro habló de su visión de L’enfant. "Veo a un niño que sueña con una impresionante intensidad psicológica, sueña con su casa, con su madre, con los pequeños animales del jardín, con los árboles...; tanto el libretista como el músico ofrecen una moderna visión de los sueños... A través del sueño de este niño obtenemos una explicación de la complejidad psicológica del niño, con aspectos tan importantes como la obsesiva relación con su madre, la falta de padre, la falta de relación con un hombre (tan importante para el niño)...". El director italiano señaló la importancia del cambio escénico central en su producción: "La visión del jardín es una escena muy interesante, en la que se elimina la pared posterior de la habitación y el niño pasa a encontrarse dentro del jardín... los árboles se aproximan al niño en una transformación muy compleja".

     Con respecto al reestreno de su producción de L’enfant en Santiago, tras elogiar la belleza y luz de la noche compostelana, señaló "la importancia de poder contar con muchos de los "bravos" cantantes del estreno veneciano, como la soprano Catherine Dubosc que, además de una gran cantante que conoce perfectamente la obra de principio a fin, es una excepcional actriz". 

     Tras la rueda de prensa tuvimos la oportunidad de charlar unos minutos con Maurizio Scaparro. Comenzamos preguntando sobre el trabajo en la escena operística de un director, como él, fundamentalmente de teatro. "Yo hago una reggia operística al año. Para mí es un descanso, como un regalo; no me siento tan responsable si el trabajo no va todo lo bien que debiera. En la ópera compartimos la responsabilidad con la orquesta, con los cantantes, con el director musical, mientras que cuando dirijo teatro yo soy el máximo responsable del ritmo, de las pausas... cuando hay música esto ya está escrito".

     Interrogamos sobre el trabajo con los cantantes, con los divos. "Para mí es un gran placer colaborar con cantantes que disfrutan recitando. Cada vez hay más cantantes jóvenes que quieren trabajar con el regista, con lo que es más fácil realizar espectáculos que no son sólo ópera, como era hace años, sino también teatro".

     Scaparro afirmó que Peter Brook y Giorgio Strehler han sido los maestros que más han influido en su forma de hacer teatro. "Coincido con Peter Brook en sus bases para dirigir. Le interesa realizar ópera desde dos puntos de vista: ópera clásica desde una perspectiva contemporánea y ópera contemporánea desde un punto de vista clásico". Scaparro señaló la coincidencia con Strehler –con quien colaboró en la dirección del Teatro de Europa- de dirigir pocas producciones operísticas al año: "Strehler sostenía que no se pueden hacer más de dos reggias al año si se quiere ofrecer un buen producto". Se emocionó al continuar hablando del recientemente desaparecido director italiano: "Giorgio Strehler era un hombre de teatro, sus obras son poesía... pero una poesía útil que transmite todo el sentido de la ópera. Sólo he trabajado con él un año en París, pero hemos mantenido una gran amistad... Le echamos de menos".

     Una de las producciones operísticas más significativas de Scaparro ha sido (como en el caso de Strehler) el Così fan tutte mozartiano. "Mozart niño llega a Napolés con su padre, era un niño despierto y absorbe todo el modo de vida napolitano. Pienso que Mozart no ha querido hacer de su Così una ópera napolitana, aunque sí incluir todo lo que ha visto... Desde la primera escena introduzco, junto a los personajes, a un viejo y un niño -el pequeño Mozart- que observa atentamente todo lo que pasa a su alrededor, para después contarnos la historia. Estoy muy contento de esa producción, pienso que ha sido muy original".

     Sobre la crisis de los teatros de ópera italianos Maurizio Scaparro afirmó que "existe, es un hecho como lo es, por la pérdida de sensibilidad, la crisis en otros aspectos de la vida, en política y en economía". Señaló la mala gestión y la falta de imaginación como una de las causas de la crisis. "Se piensa siempre en las grandes figuras y no se puede hacer ópera siempre con Pavarotti. Hay afortunadamente muchos jóvenen cantantes muy interesantes... y si no se trabaja con ellos, nunca tendrán la oportunidad de llegar a ser Pavarotti".


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