| Made
in Cleveland
Las Palmas. 22 de enero. Concierto patrocinado por Canresa
con la colaboración de Almacenes Caspe, Destry Holding N.V., Ernst
& Young e Isolux Wat.
Alfred Schnittke: (K)ein Sommernachtsstraum; Bela
Bartok; El Mandarín Maravilloso, suite para orquesta Op. 19
(Sz. 73); Franz Schubert: Sinfonía n.9 [Catalogada anteriormente
como n.8] (D. 944) "La Grande". The Cleveland Orchestra. Christoph von
Dohnanyi (director).
Segundo programa de la Cleveland y por segunda
vez también, gran capacidad de combinación de obras de Dohnanyi,
que muestra al público un equilibrio entre la música de nuestro
siglo y el romanticismo.
En Schnittke (1934-1998) -ignorado por
completo en las notas del programa de mano de José Antonio Cubiles-
encontramos la conjunción del clasicismo y barroco con los modos
y formas armónicas del estilo contemporáneo. (K)ein Sommernachtsstraum
[(Ning)ún sueño de una noche de verano] fue compuesta en
1985, y en ella se aprecia ese gusto por las mezclas y formas que antes
mencionábamos. Comienza con una dulce melodía interpretada
por un violín acompañado de piano -Kozue Funakoshi
interpretó con la delicadeza requerida esta entrada-, que luego
pasa a la flauta, siendo la armonía dejada al clave. Tras una breve
introducción en la que se llegan a convertir en cuarteto, entra
la orquesta haciendo variaciones sobre el tema. Aquí es donde se
muestra la técnica de Schnittke, que a pesar de hacer girar esta
pequeña pieza -apenas 10 minutos- alrededor de misma célula
musical no resulta reiterativa pues siempre cambia la sonoridad, el balance
entre instrumentos o el contrapunto. La Cleveland volvió a lucirse
en la ejecución, que siempre estuvo en el estilo adecuado, y nos
dejó un hermoso preludio con el que comenzar la velada que continuó
con la Suit de Bartok.
Christoph von Dohnanyi, nieto de quien
estrenara el 15 de octubre de 1928 la obra de Bartok en Budapest,
Erno Dohnanyi, interpreta la música contemporánea
de forma magistral. Su entendimiento y profundidad hacen que la orquesta
sepa exactamente qué espera de ella. En el ensayo matutino volvieron
a fijar algunos puntos de la interpretación, especialmente del final
de la obra. Rapidísima ejecución para todos los ejecutantes
que solventaron en el concierto maravillosamente. Este trabajo continuado
al que Dohnanyi somete a sus músicos tiene la recompensa del público,
que supo apreciar la conjunción de la orquesta y que funde a sus
integrantes como si de un solo instrumento se tratara. Se aprecia, por
otro lado, la influencia ejercida por La Consagración de la Primavera
en la Suite de Bartok, aunque el maestro húngaro evidencia
sus propios criterios rítmicos, formales e instrumentales.
Con la sensación de estar ante una de
las mejores orquestas que han pasado por el Festival, fuimos al descanso,
esperando la continuación de la velada en la que aún nos
quedaba por escuchar La Grande de Schubert.
La Sinfonía n.9 de Schubert,
[catalogada anteriormente como n.8] forma parte del repertorio habitual
de la Orquesta de Cleveland, que demostró que también interpretan
con profundidad las piezas clave del siglo XIX. Las líneas melódicas
perfectamente resaltadas, así como el intercambio instrumental dan
la sensación de estar escuchando a una camerata en lugar de a una
gran orquesta formada por casi 100 ejecutantes. Sentimos -nuevamente- como
las condiciones acústicas de la sala favorecen a los vientos y maderas
sobre la cuerda, a pesar del esfuerzo de los ejecutantes de arco por equilibrar
la sonoridad de los forte. Salvando esto, la interpretación fue
rica en detalles, cuidada y expresiva. Dohnanyi encontró de nuevo
respuesta en sus músicos, y estos trasladaron al público
con sensibilidad la obra de Schubert.
Luisa del Rosario
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