| Elektra
Las Palmas. 24 de enero. Concierto patrocinado por Canresa
con la colaboración de La Caja de Canarias.
Richard Strauss: Elektra (versión concierto).
Kölner Rundfunk - Sinfonie - Orchester. Deborah Polaski, Helga Thiede,
Ulla Gustafsson, Nyla van Ingen y Regina Schörg (sopranos); Reinhild
Runkel, Borjana Mateeva y Gabriele Sima (mezzosopranos); Andrea Bönig
(contralto); Kurt Azesberger y Tomasso Randazzo (tenores); Wolfgang Brendel
(barítono); Renatus Mészár (bajo); Semyon Bychkov
(director).
La primera de las dos óperas en concierto
programadas en esta edición del Festival de Música nos llegó
anoche, Elektra, y de nuevo coincidiendo con el aniversario de su
estreno, el 25 de enero de 1909 (90 años). Basada en la obra homónima
de Sófocles, Hugo von Hofmannsthal trabaja en
el libreto según las indicaciones de Strauss que ya tenía
algunas ideas musicales previamente elaboradas. La trama acumula la tensión
de la partitura prácticamente de principio a fin, aliviando sólo
la intensidad dramática en muy pocas ocasiones. Obra expresionista
magníficamente orquestada, anuncia ya lo que llegaría a ser
constantes en Schönberg y Alban Berg.
Semyon Bychkov mostró su conocimiento de la
partitura, deleitando al público asistente con una buena versión
de la obra, en la que faltó, si acaso, la colaboración de
un juego de luces. La Kölner Rundfunk - Sinfonie - Orchester (KRSO)
dió buena cuenta de su ejecución, en todo momento correcta
y ajustada a la batuta que se amoldó a las características
vocales de los cantantes. Espléndida Elektra en la voz de Deborah
Polaski, que situada en un lado del esnenario -a la izquierda del director-
expresó la locura dramática de la protagonista no sólo
con su potente voz y buen timbre sonoro, sino con sus dotes teatrales pese
a que quedaron más contenidas en el final, en el que la danza que
emprende enloquecida no finalizó con su desplome.
El resto de los cantantes, que iban entrando
y saliendo del escenario, se colocaban a la derecha del director. Este
distinciamiento entre Climemnestra, Crisotemis, Egisto e incluso Orestes
de Elektra, no restó conjunción al grupo, que aunque visualmente
separados, realizaron perfectamente los duos. Climemnestra -Reinhild
Runkel- convincente, más aún si tenemos en cuenta que
se encontraba aquejada de un problema en su garganta que no le impidió
jugar con su tesitura y alarmarnos con sus gritos de muerte. Helga Thiede
encarnó el papel de Crisotemis muy bien no solo por su lirismo vocal
sino por sus esfuerzos por acompañar su papel de los gestos adecuados.
Su salida tras recibir la noticia de la muerte de Orestes, y especialmente
su último dúo con Elektra en la que cada una habla de sus
propias sensaciones fueron de una altísima calidad.
Egisto -Kurt Azesberger- continuó
en la línea de buen hacer. Timbre sutil y correcta expresividad
acompañaron sus frases antes de que Orestes le diera muerte, un
Orestes interpretado por el barítono alemán Wolfgang Brendel.
Espléndida voz que supo emplear en su actuación alcanzando
tanto en los piano como en el forte una gran expresividad. Los papeles
secundarios tampoco desmerecieron, aunque fueron los que menos intención
teatral dieron a su interpretación.
Velada pues que satisfizo al público, que siguió el desarrollo
de la trama tanto por la traducción simultánea en un panel
electrónico como por la espléndida sinopsis que de Ángel
Mayo se incluyó en el programa de mano.
Luisa del Rosario
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