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... À Montreal
 

Las Palmas. 29 de enero. Concierto pratocinado por Canresa con la colaboración de La Caja de Canarias.
Manuel de Falla: El Amor brujo; Noches en los Jardines de España, impresión sinfónica para piano y orquesta. Claude Debussy: Prélude à làprés-midi d'un faune. Maurice Ravel: Bolero. Ottorino Respighi: Pinos de Roma, poema sinfónico. Orquesta Sinfónica de Montreal. Nancy Fabiola Herrea (mezzosoprano). Rosa Torres Pardo (piano), Charles Dutoit (director).

    Ambicioso segundo programa el presentado por la Orquesta de Montreal y Dutoit en el que se conjugó la música sinfónica española con la francesa y la italiana. Comenzó la noche con El Amor Brujo de Manuel de Falla, con la intervención de la mezzosoprano canaria Nancy Fabiola Herrera. La orquesta se mostró espléndida en todo momento, dando vida a la magnífica partitura de Falla. A Herrera, en cambio, le faltó potencia, aunque no expresividad. Su voz apenas audible en los graves no lució en la Canción del amor dolido, y no pudo acompañar como hubiésemos deseado la Canción del fuego fátuo.

    Tras Falla pudimos escuchar a Debussy. Se dice que Dutoit es un maestro en el arte de dirigir la música francesa y ciertamente es una fama merecida. El Preludio a la siesta de un fauno de Debussy fue toda una lección de buen hacer. Como ha dicho Pierre Boulez, la música moderna despertó con L'après-midi, pieza exquisita en la que pudimos escuchar los solos de Timothy Hutchins. La Orquesta de Montreal, siguiendo las indicaciones de Dutoit a la prefección, nos interpretó la contradicción entre lo real y lo irreal que Debussy expresa en su partitura con absoluta maestría y profundidad musical. Justo preludio a la música de Ravel, el segundo compositor francés de la noche. Independientemente de las relaciones personales que ambos mantuvieron, Ravel siempre vió a Debussy como a un maestro llegando a decir que había comprendido lo que era la música escuchando L'après-midi.

    Lo que comenzó siendo una especie de experimento sonoro se ha convertido en una de las obras más populares de Ravel, el Bolero. 16 minutos orquestados gradualmente sobre apenas dos temas musicales en los que va tejiendo un largo y progresivo crescendo. Como el propio Ravel reconocía antes de su estreno, el ritmo repetitivo, obsesivo, y la sencillez de las líneas melódicas podrían causar el tedio en el oyente. Y como todos sabemos, depende de la interpretación.

    Dutoit nos deleitó con  sus músicos con un Bolero magnífico. Tejió la instrumentación con delizadeza, sin prisa, y graduó el crescendo de forma acertada. El redoblante, situado a la izquierda del escenario tras los primeros violines, mantuvo el pulso hasta el final de la pieza uniéndose cada uno de los instrumentistas hasta conseguir la opresión. Sencillamente genial.

    La segunda parte volvió a abrirla una obra de Falla, Noches en los Jardines de España. Y si la Orquesta conducida por Dutoit volvió a brillar, la solista Rosa Torres Pardo no desmereció. La garra y fuerza de su interpretación pianística nos reconciliaron con los solos de Falla tras la decepción de la primera obra. El carácter andaluz de la pieza fue perfectamente interpretado por Torres Pardo demostrando su seguridad, técnica y comprensión ante la obra del maestro español. Dutoit y Torres Pardo mostraron además una sincronía absoluta entre piano y orquesta combinando las sonoridades en su medida exacta.

    La velada se cerró con los Pinos de Roma de Respighi. La trompeta entró y salió del escenario para recrear aún mejor la lejanía de sus sonidos en Pinos cerca de una catacumba, tras la estupenda recreación de Los Pinos de la Vía Borghese. Y ya en los Pinos de la Vía Apia asistimos a la eclosión de las tropas romanas en marcha, cuadro en el que pudimos ver como 2 trompas, 2 trombones y 2 trompetas acupaban un palco procenio sobre el lateral del escenario. Perfecta ejecución orquestal en manos de Dutoit que sirvió para cerrar el segundo programa en el que el público salió entusiasmado.

    Por cierto, una corresponsal bonaerense a la salida me dijo, después de tantos aplausos no nos dio un bis... ¡Dutoit en el Colon no hubiese salido con vida!
 

Luisa del Rosario
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