| Entender
la música
Concierto patrocinado por Canresa con la colaboración
de Unelco.
Las Palmas, 2 de febrero. Alfred Schnittke: Moz-Art
à la Haydn para dos violines y cuerda. Stravinsky: Apollon
Musagète, suit para cuerda. Astor Piazzolla: Tres
Piezas. Piazzolla/Desyatnikov: Tango Ballet. Kremerata
Baltica. Gidon Kremer (solista/director).
Con este interesante programa dedicado a la música
del siglo XX hizo su primera
intervención en Las Palmas la Kremerata Baltica, formación
fundada en 1996 por el violinista Gidon Kremer y compuesta por jóvenes
músicos de Letonia, Lituania y Estonia.
La profesionalidad de estos veinticinco jóvenes,
que tienen una edad media de 22 años, fue demostrada nada más
comenzar el concierto. Moz-Art à la Haydn , compuesta en
1977 por Schnittke y basada en el recitativo y aria de Mia speranza
sai... K.416, mostró no sólo el virtuosimo de Eva
Bindere y Gidon Kremer, que ejecutaron la parte solista, sino
el buen trabajo técnico y musical del conjunto.
Las luces se atenuaron al máximo y comenzamos
a escuchar los primeros compases de la pieza en un dulce piano hasta
llegar al forte, momento en el que se iluminó por completo
el escenario. Compases netamente clásicos se entremezclaban con
la propia música de Schnittke, que como siempre combinaba lo tonal
con lo atonal, la melodía y el ritmo en proporción precisa.
Los músicos debieron cambiarse de lugar, y con parsimonia mientras
seguían tocando se produjo el cambio. Continúa la interpretación
en brillante ejecución de los solistas y al llegar a un pasaje rápido
la cuerda debe ocupar su lugar primigenio. Esta vez aprovechan un breve
silencio que los obliga a correr hacia su puesto. De una de las puertas
laterales sale un joven con una batuta en su mano, se dirige al escenario
y ocupa el atril del director. Comienza a batir las manos mientras la música
se va perdiendo y el caos sonoro hace acto de presencia. Los músicos,
incluidos los solistas, van abandonando la tarima. Queda el director
y un contrabajo. Las luces se apagan. El público quedó encantado
tanto por la interpretación musical como por la puesta en escena
de esta pequeña joya de Schnittke ejecutada con sensibilidad y humor.
Tras este pequeño homenaje al recientemente
desaparecido Schnittke -3 de agosto de 1998-, la Kremerata interpretó
Apollon
Musagète de Stravinsky. Con menos efectos que la primera
pero igual de contemporánea pudimos en esta ocasión escuchar
la suavidad, potencia, expresividad y enorme calidad del conjunto
de cuerda. Compuesta por encargo de la mecenas norteamericana
Elizabeth
Sprague-Coolidge, se estrenó en Washington el 27 de abril de
1928 aunque su versión definitiva no llegaría hasta 1947,
en la que quedó con el título de Apollon. La ejecución
de la Kremerata con Gidon Kremer como concertino fue brillante, con perfecto
dominio técnico y control de los balances con los que juega Stravinsky
como los cambios legato-stacatto, o las medidas.
La obra de Astor Piazzolla ocupó ya
por completo la segunda parte. Los sones bonaerenses, el ritmo pasional
del tango mezclado con la técnica contrapuntística y armónica
adquirida por Piazzola con la plena confianza de su mentora Nadia Boulanger
deleitaron al público asistente. La ejecución de las Tres
Piezas
fue de antología. Dominio rítmico, agógico,
técnico y musical, acompañado por un estupendo pianista,
Vadim Sakharov, encantaron a la sala que aún continuó extasiada
hasta el
Tango Ballet en el que Kremer actuó como solista.
Los aplausos obligaron a la Kremerata a darnos
dos propinas, entre ellas unas simpáticas variaciones sobre
Cumpleaños
Feliz en las que Gidon Kremer volvió a demostrar su validad
de virtuoso.
Luisa del Rosario
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