| Norte
y Sur
Concierto patrocinado por Canresa con la colaboración
de La Caja de Canarias
Las Palmas. 3 de febrero. Peteris Vask: Stimmen
[Voces]. Vivaldi/Piazzolla: Las Estaciones
Peteris Vask, nacido en Letonia el 16 de abril
de 1946, estudió música -especializándose
en violín- en un ambiente de total rusificación del que no
se libera Letonia hasta 1991 por el colapso de La Unión Soviética.
Según sus propias palabras, recogidas en una entrevista con Christoph
Schlüren [ver nota 1](1),
no tenían televisión, no se conseguían grabaciones
discográficas, pero nosotros teníamos una gran tradición
musical al vivir la música en nuestras casas y en la iglesia.
Bajo estas premisas, Vask entendió la música
no solo como un arte en el que expresar sus sentimientos y emociones, sino
también como un medio a través del cual comunicacar sus vivencias
personales, estrechamente vinculadas a la trayectoria política de
su país. En este sentido, Stimen, expresa esta idea. Compuesta
como una verdadera sinfonía para cuerdas estructurada en tres partes
y basada en la misma idea que su Segundo Cuarteto. Una sección
introductoria, bajo el epígrafe de Klusuma balsis [Voces
del Silencio] nos adentra en esta dramática y detallista composición,
que llega a su parte central en Dzivibas balsis [Voces de vida]
en la que se recrean los sonidos de la naturaleza a través de distintos
cantos de pájaros. El final, Sirdsapzinas balsis [Voces de
Conciencia] nos transmite al mismo tiempo la depresión y el optimismo
de un pueblo a través de esta elegía que nos sumerge en el
alma de Letonia.
La interpretación de la Kremerata, sin la
presencia de Gidon Kremer fue correctísima. Comenzando con un pianissino
casi inaudible, abordaron la calma que la obra de Vask reserva para las
Voces
del Silencio, transmitida con gran expresividad y sutileza que contrasta
con la técnica que se exige en la interpretación de la segunda
parte, en la que se usan las cuerdas incluso como instrumentos de percusión
al tener que dar pequeños golpes en la tapa de los instrumentos
imitando los sonidos de los pájaros en el árbol. Casi cada
violín, viola o cello utilizado como solista, con escrituras distintas
se van fundiendo poco a poco hasta alcanzar la sonoridad entremezclada
de un bosque poblado de aves distintas entablando entre ellas diferentes
diálogos. Finalmente, las Voces de Conciencia, vuelven a
demandar sutilidad a las cuerdas, que además mostraron su profunda
comprensión de la música de Vask.
Gidon Kremer fue el solista de Las 8 Estaciones
[Le
otto stagioni], proyecto en el que ha embarcado al compositor
Leonid
Desyatnykov [ver nota 2] que ha
realizado los arreglos pertinentes para la interpretación. El
proyecto es el equivalente musical de una exposición contemporánea,
en la que tanto las pinturas antiguas como las obras modernas aparecen
sobre una misma base. Y es que el globo, siendo redondo, tienen
dos hemisferios. esto supone una duplicación de las estaciones -con
excepción de los lugares infinitamente soleados o de aquellos con
escasez de luz-. Por esta razón tenemos dos veces 4 estaciones,
o simplemente 8 estaciones. La música existió siempre y no
dependió ni del norte ni del sur.
Entendida así, se interpretaron La Primavera
(Vivaldi)
-El Verano (Piazzolla) - El Verano (Vivaldi) -El Otoño
(Piazzolla)-
El Otoño (Vivaldi) -
El Invierno (Piazzolla)-
El Invierno
(Vivaldi) - La Primavera
(Piazzolla) en una suerte de cambios
continuos entre los sones venecianos y los bonaerenses en los que Kremer
y su conjunto lograron brillar, especialmente porque el material de
Vivaldi está reproducido sin cambios excepto en la articulación,
los "tempi" y los medios de producción del sonido que a menudo difieren
radicalmente del convencional [ver
nota 3]. La articulación marcaba
claramente los cambios de tempo y compás, además de
la utilización de golpes de arco modernos en relación con
los usos vivaldianos. Los tempi fueron resaltados en extremo. Los
lentos no demasiado cantabiles y los rápidos se ejecutaron como
rapidísimos, se acentuaban los silencios e incluso se introdujo
el rubato. En la producción de sonido se recurrió a las técnicas
contemporáneas, sonido dulce en contraste con rasgado, a veces simples
roces con la cuerda que se dejaban resonar en el aire y en ocasiones con
legno (con la madera del arco) o sur ponticello (sobre el puente)
produciendo armónicos de distinta sonoridad a la habitual.
La opiniones sobre la interpretación de Las
Estaciones de Vivaldi pueden estar divididas, pero es obvio que no
es ese Vivaldi el que quiere mostrarnos la Kremerata. Su visión
de Piazzolla, como demostraron en la noche anterior, es acertada y su concepción
musical profunda. Escuchar Le otto stagioni demuestra, como dice Desyatnykov,
que la herencia clásica es esencialmente un organismo vivo, en
desarrollo.
Luisa del Rosario
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