| Romanticismo
Concierto patrocinado por Canresa con la colaboración
de la Fundación Retevisión.
Las Palmas, 4 de febrero. Brahms: Concierto
para violín, cello y orquesta, Op. 102. Nielsen: Sinfonía
n.1 Op. 7. Copenhagen Philharmonic Orchestra. Mihaela Martin (violín).
Frans Helmerson (cello). Okko Kamu (director).
Dedicada A aquel para quien ha sido compuesta
- pensando en su amigo y violinista Joseph Joachim-, el Doble
Concierto de Brahms aparece en el catálogo del autor
como una pieza de reconciliación, tras el distanciamiento producido
entre los amigos a raiz del proceso de separación del violinista,
en el que Brahms apoya a la esposa de Joachim. Pero independientemente
de las intenciones extramusicales, Brahms recoge la tradición del
doble concierto o de las sinfonías concertantes que había
estado en auge hasta principios del siglo XIX, siendo la Sinfonía
concertante para flauta y oboe (1868) atribuida a Moscheles el único
precedente inmediato al Doble concierto de Brahms.
Sin llegar a imponerse como pieza clave del compositor
romántico, Hanslick decía de ella que era una obra
mejor escrita que inspirada, muestra las posibilidades técnicas
y virtuosísticas del dúo concertante especialmente en el
tercer movimiento gracias a los consejos del violinista Joseph Joachim.
La orquestación, muy tradicional y por ende poco efectista, se plantea
como un acompañamiento sonoro en el que en algunos pasajes brilla
la melodía imitando los temas solistas.
Mihaela Martin y Frans Helmerson convencieron
a la sala durante toda la
audición de su alto grado de complementariedad. Acostumbrados a
tocar juntos -han grabado esta misma obra para el sello BMG/Arte Nova-
reflejaron en todo momento la sincronía de sus intervenciones: mismo
estilo, mismo entendimiento musical, mismo sentido. Virtuosos de su instrumento,
Martin ha obtenido entre otros el premio Chaikovsky de Moscú y el
Premio de Indianápolis mientras Helmerson da clases magistrales
en distintos puntos del mundo, incluido el concurso Leonard Rose de Maryland,
se alternan en sus entradas dando cada uno de ellos lo mejor de sí
mismo.
La Orquesta Filarmónica de Copenhage hizo
una lectura correcta de su parte bajo la batuta de Okko Kamu, entendiendo
la idea musical de los solistas que se reflejó sobre todo en la
concepción melancólica del Andante central, página
dominada por el lirismo romántico de Brahms. Al tiempo, la sonoridad
de la cuerda concertante, igual de emotiva y potente en ambos ejecutantes
en una interpretación de gran energía, consiguió mantener
el equilibrio en las imitaciones del dúo. Pese a ello, la acústica
de la sala volvió a demostrar su preferencia por el agudo y en el
Vivace
non troppo el violín se escuchó mejor que el cello en
los pasajes en los que tocaban juntos en distintas tesituras.
Y si la primera parte fue dedicada a un romántico,
la segunda -Sinfonía n. 1 de Carl Nielsen- se interpretó
bajo su halo. La partitura de Nielsen compuesta en 1892 significa la primera
incursión del autor en las grandes formas, cuestión que salva
tradicionalmente. Influido por Brahms y Mahler, sigue la línea clásica
de cuatro movimientos -Allegro orgoglioso [orgulloso]; Andante;
Allegro
comodo y Finale: Allegro con fuoco- con líneas sencillas
y sin grandes tratamientos novedosos.
La ejecución de la obra por parte de la orquesta
fue adecuada a lo que pidió Kamu, romanticismo en Nielsen. Melodías
bellamente vibradas por la cuerda con dulces sonoridades encontradas con
momentos de nostalgia hasta llegar al Allegro con fuoco, donde la pasión
fue la idea a seguir.
Los dos bises con que se agradecieron al público
los aplausos estuvieron dedicados a Lumbye (1810-1870), el Johann
Strauss nórdico, interpretando magníficamente dos de
sus Galops.
Luisa del Rosario
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