| El
primer estreno del Festival
Las Palmas. 11 enero-99. Auditorio Alfredo
Kraus. Concierto patrocinado por Canresa y Audi.
Georges Enescu: Rapsodia Rumana n.1, Op.11.
Carlos
Cruz de Castro: Sinfonía n.1 "Canarias". Carl Orff: Carmina
Burana. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Orfeón Donostiarra.
Elizabeth Richards (soprano), Carlos Mena (tenor), Dmitri Jarotonov (barítono).
Adrian Leaper (director)
El primero de los dos
estrenos que nos trae esta 15 edición del Festival de Música
de Canarias llegó la noche del lunes. Se trata de la primera sinfonía,
"Canarias", del compositor español Carlos
Cruz de Castro obra que según el propio autor -presente
en el auditorio durante esta
premiere-, nos sirve para hacerse
una idea de lo que hago con una orquesta y media hora. La pieza,
compuesta en tres movimientos, se inicia con una lenta introdución,
que enseguida da paso a un Presto en forma de sonata con dos temas sonoros
(articulaciones),
no melódicos, que la estructuran. En ritmos diferenciados de corcheas
y negras, Cruz de Castro forma dos temas-textura que desarrolla en canon
hasta la entrada de la reexposición.
Este primer movimiento, que
es sin duda alguna, el mejor de los tres, y en el que el arte del compositor
se capta con mayor claridad, contrasta con el segundo, en el que la melodía
de la folía de 11 compases en la que se basa se repite una y otra
vez en los distintos bloques sonoros en los que el compositor divide a
la orquesta, siendo, a pesar de los cambios armónicos a que está
sometida la danza, un desarrollo previsible.
De nuevo vuelve a brillar
el talento del maestro en el tercer movimiento, aunque no alcanza la brillantez
del primero. Compuesto en forma de rondo, se presentan los elementos anteriores
de manera cíclica intercalados con un elemento propio de esta tercera
sección, el trémolo.
Parte de la crítica
local ha destacado La Folía como lo mejor de la obra. Entiendo
sin embargo, que esto se debe en mayor medida a la aplicación de
un criterio emocional en lugar de a la razón derivada de una audición
estrictamente musical, pues no en vano, la folía, es un son típico
de las islas.
La interpretación
de la obra, a cargo de la orquesta Filarmónica de Gran Canaria bajo
la batuta de Adrian Leaper y ante una sala al completo, fue del gusto de
Cruz de Castro, que ya había estado presente en los ensayos. mostrándose
plenamente
satisfecho con el trabajo de Leaper. Si la obra tiene algún fallo..
en esta ocasión, es achacable únicamente al compositor.
El
conjunto estuvo perfecto en todo momento destacando el oboe y el viola
solista.
La
Rapsodia Rumana de Enescu y el Carmina Burana de Orff completaron
el programa. El Orfeón Donostiarra volvió, como en el día
anterior, a obtener el aplauso del público.
Luisa del Rosario
|