Lindberg,
o como disfrutar
de la música
Las Palmas. 13 de enero. E. Grieg: Suite Holberg, Op.
40. G.Ph. Telemann: Concierto para trombón y cuerda. Ch.
Lindberg: Arabenne, para trombón y cuerda. A. Dvorak:
Serenata para cuerda, Op. 22. Oslo Camerata. Christian Lindberg (trombón).
Stephan Barratt-Due (violín/director).
La Oslo Camerata, conjunto subvencionado por
el Ministerio de Asuntos Exteriores y por la Fundación para Artistas
en Activo (FFUK) de Noruega, está formada por un grupo de jóvenes
que aún continúan sus estudios musicales. Sólo su
director y violín principal, Stephan Barrat-Due, y la violista coreana
Soon-Mi Chung destacan por su currículum musical. Sin embargo la
Camerata goza de una calidad excelente. Estos jóvenes músicos
demuestran que la formación de conjuntos de cuerda de calidad es
factible, y si bien en su interpretación, como diría el eminente
crítico español Ángel F. Mayo, no hubo refinamientos
vieneses, sí mostró vigor, afinación y buen hacer.
Anoche también pudimos ver y escuchar
a Christian Lindberg. Como intérprete del Concierto para trombón
y cuerda de Telemann. Como compositor y solista en Arabenne, también
para trombón y cuerda, y en el bis como performer. Conocido
por todos, especialmente por su interpretación del Concierto
Motorbike de Jan Sandtröm, salvó con extrema soltura
el concierto de Telemann en el que ya mostró su gran capacidad interpretativa.
Las series de semicorcheas del Vivace son, desde luego, una prueba de capacidad
para cualquier trombonista.
Tras la lectura del programa de mano, en el
que se presentaba Arabenne -primera pieza de Lindberg como
compositor y aún inédita en disco- la sala esperó
una
obra más tradicional y accesible a un público mayoritario,
pero hubo sorpresa. En
Arabenne no sólo se retrata la capacidad
tímbrica del instrumento, que Lindberg lleva desde el extremo
más agudo hasta el más grave con técnica virtuosística,
sino también una preocupación por el tratamiento armónico
de la cuerda, trabajada en su conjunto como un instrumento de percusión
durante la mayor parte de la pieza en sintonía con las líneas
compositivas actuales.
La normalidad de los acontecimientos hubiera
presagiado un bis al uso, pero en lugar de una pieza de repertorio
Lindberg ofreció un recital de cómo disfrutar de la música.
Salió al escenario hasta situarse en el centro, miró a la
sala y comenzó a vocear unas frases en noruego, de las de sólo
podemos intuir el significado por sus gestos. Estaba enfadado y tiró
la chaqueta al suelo. Acto seguido comienza a tocar, saltar, dar golpes
con su instrumento en el suelo, de nuevo mira al público y recita
en español un texto -posiblemente del Quijote-, y continúa
tocando y saltando. Canta unas estrofas -esta vez no se en qué idioma
pero con una voz potente- y de nuevo toca.
El público no tuvo por menos que aplaudir
doblemente. ¡Qué genio!.
Luisa del Rosario
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