| La
sonrisa de Bach
Las Palmas. 16 de enero. Johann Sebastian Bach: Cantata
BWV 207a "Auf, schmetternde Töne der muntern Trompeten!"; Cantata
BWV 104 "Du Hirte Israel, höre!"; Cantata BWV 214 "Tönet, Ihr
Pauken! Erschallet, Trompetem!". The Amsterdam Baroque Orchestra and Choir.
Suzie Leblanc (soprano); Michael Chance (contratenor), Paul Agnew (tenor);
Klaus Mertens (bajo), Ton Koopman (director).
La Amsterdam Baroque and Choir demuestran
que la interpretación en vivo sigue siendo el mejor medio de conectar
con la música. Este planteamiento, compartido por el público
que abarrotaba la sala de conciertos a tenor de los aplausos que recibió
su actuación, nos da pie a una nueva reflexión. La música
como diversión.
Ton Koopman dirige
una orquesta inusual, que sólo se reúne 7 u 8 veces al año
pero que trabaja incansablemente en busca de la esencia musical. El ambiente
que se respiró en el ensayo previo fue distendido. Nicholas Pap
(contrabajista) se presentaba con los pies cubiertos de arena y su tabla
de surfing -que viaja junto al contrabajo- a su espalda. Koopman llega
al escenario con el mismo equipaje de mano que traía en el avión,
un carrito-portamaletas con un maletín cargado de partituras. Los
miembros del coro subían y bajaban de la tarima bailando al son
de la música de Bach mientras la cuerda y los vientos se ponían
de acuerdo es la difícil tarea de la afinación del la.
Lógico es que este desbarajuste no
se vea una vez comienza el concierto, pero las caras de los músicos
siguen reflejando ese disfrute queles proporciona la música, en
este caso 2 cantatas profanas (BWV 207a y 214) que enmarcaron a una tercera
sacra (BWV 104).
La interpretación de la Amsterdam Baroque
Orchestra fue excelente, sobre todo los vientos, de tan difícil
afinación y tan importantes especialmente en las cantatas profanas.
Las cuerdas, apenas vibradas al igual que las voces, pusieron el soporte
de unión entre el bajo contínuo que marcó desde el
clave (BWV 207a y 214) o desde el órgano (BWV104) Koopman. Preocupados
por el ritmo acometieron unaagógica siempre medida que sirvió
de complemento a un coro extraordinario en el que hay que destacar la gran
labor delos contratenores y tenores.
En los dramma per musica de Bach -forma elegida
para las cantatas profanas que se interpretaron anoche- tienen un rol importante
los solistas, y todos ellos destacaron en su interpretación, en
la que el difícil papel de Michael Chance (contratenor) fue interpretado
con técnica sublime, a pesar de que la sala sinfónica no
ofrece las condiciones acústicas de máxima calidad que todos
desearíamos.
El tono sacro de la Cantata BWV 104 fue, así
mismo, tambien logrado gracias a una ejecución más pausada
y menos brillante, aunque refinada, en sonoridad amoldándose a las
exigencias de la partitura que sólo requiere los timbres de tenor
y bajo.
Desde el clave (sustituído por un órgano
en la Cantata BWV104) situado en el centro de la escena dirigió
Koopman las tres piezas. Y si transmite al público toda su energía
como director aún más lo consigue como intérprete.
Sus ágiles adornos brillaron en especial en los momentos en los
que el clave y el violonchelo formaba pareja como bajo contínuo
con el resto delos instrumentos. Su ejecución fue tal que me ha
dejado en duda ¿no es cierto que el clave no puede modificar su
matiz?.
Luisa del Rosario
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