Publicado en Mundoclasico.com (ISSN 1886-0605) el 11/05/2001

...Y que cumpláis muchos más

Por Pedro Coco y Fernando López Vargas
Sevilla, 02/05/2001. Teatro de la Maestranza. Arias, coros y escenas de óperas de Mozart, Rossini, Donizetti, Bizet, Verdi, Berlioz, Massenet y Vives. Musorgski/Ravel: Cuadros de una exposición. Ángeles Blancas, soprano; Lola Casariego, mezzosoprano, José Bros, tenor; Ángel Ódena, barítono; Stefano Palatchi, bajo. Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Vicente la Ferla, director del coro. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Miguel Ángel Gómez Martínez, director. Ciclo ‘Grandes intérpretes’. Gala Décimo Aniversario de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y del Teatro de la Maestranza.
El pasado dos de mayo se celebraban los diez años de la apertura del Teatro de la Maestranza. Sólo unos meses antes, el diez de enero concretamente, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla llegaba a la misma edad. ¡Quién lo diría! No ha sido mucho tiempo, pero ambas instituciones han desempeñado un papel importantísimo en la vida cultural de la ciudad. En el campo musical, prácticamente la han transformado por completo. Hemos sido muchos los que nos hemos acostumbrado al disfrute de la música clásica en directo gracias a su labor, acertada en unos aspectos y desafortunada en otros, pero siempre meritoria y elogiable. De ahí que nos sumemos al público de la gala que celebraba la doble conmemoración y entonemos el Cumpleaños feliz para las dos, que bien merecido se lo tienen.Ello no debe impedirnos realizar algunos reproches a la organización del evento. Tres concretamente. Primero: ¿a quién se le ocurre celebrarla un miércoles de feria, por mucho que fuera ese el día exacto de la celebración de uno de los aniversarios? Teniendo en cuenta el peso de esta fiesta en la ciudad, resulta cuanto menos discutible. Segundo: ¿no se dio cuenta el señor Castro, máximo responsable del coliseo hispalense, que confeccionar el programa a base de arias y coros de ópera es relegar a la ROSS al papel de comparsa? Tercero: ¿cómo no ha tenido en cuenta el señor Senra que imponer los Cuadros de una exposición como segunda parte, para lucimiento de la orquesta de la que es gerente, desequilibraría fuertemente el conjunto? Afirman que es falso eso de que se llevan como el perro y el gato, pero lo cierto es que a la hora confeccionar esta gala se han puesto de acuerdo tarde y mal. No sabemos qué solución hubiera sido la más oportuna (intercalar extensas páginas orquestales, ofrecer un oratorio o, quizá, celebrar los cumpleaños por separado), pero lo cierto es que a la que se ha llegado no ha satisfecho por completo a nadie.Por lo demás, está muy bien que a la hora de seleccionar cantantes se haya optado por voces españolas que hasta ahora no se habían podido escuchar en el Maestranza, dada la política seguida durante unos años por el teatro de contratar fundamentalmente extranjeros. Claro que la cosa supo a poco con sólo dos números por cabeza, pero como había que dar paso al -por otra parte justificadísimo- lucimiento de la orquesta, no había nada que hacer.Las mayores ovaciones llegaron con Ángeles Blancas, una soprano que Sevilla pedía oír en su teatro desde hacía mucho tiempo. Su Donna Elvira fue para recordar, con un acento de los de antes, aunque se tomara demasiadas licencias con el texto. Pero fue con la Salomé de Massenet con la que el público disfrutó más. Piensa interpretar la ópera completa, Herodiade, a fines del 2002 en el Maestranza, y el aperitivo no pudo ser más alentador: exquisita en la dicción, sensual en el color y segurísima en todos los registros. También Bros regaló uno de los momentos más emocionantes, con ‘Una furtiva lacrima’ a la que dotó de gran elegancia, un sello de este cantante. Son algunas sus carencias, pero no podemos olvidar que es uno de los más prometedores ligeros del momento. Su Fernando de Doña Francisquita de Vives resultó irreprochable, con una línea de canto fluida y un espléndido uso del legato.Casariego hizo lo que pudo ante dos figuras como las que le precedían. En Carmen expuso una variada paleta de colores, cierta brusquedad y algunos golpes de glotis que confirieron al aria un simpático matiz canalla. El Berlioz fue de gran nivel, una excelente ‘D’amour l’ardente flamme’, evidenciando en todo momento cada sílaba con la profesionalidad que la caracteriza.Ódena posee un volumen que no sabe controlar del todo, aunque llenó a Fígaro de frescura y simpatía, incluso dialogando con el director musical. En la escena de La Favorita mostró gran morbidez y una inteligencia expresiva que, lástima, no supo llevar a la cabaletta, pues sonó brusca y con dificultades en el registro agudo. La ‘Calunnia’ de Palatchi se expuso con excesiva planitud, aunque consiguió algunos golpes escénicos muy de agradecer. Sin embargo se mostró excelente en el aria de Fiesco del prólogo de Simón Boccanegra. Aristocrático en todo momento, mostró un elegante fraseo y una justa dosis del ‘toque cavernoso y profético’ que Verdi buscaba en el personaje.No hemos hablado hasta ahora de la orquesta. Para dirigirla se contó con Miguel Ángel Gómez Martínez, un nombre con cierto prestigio en el extranjero dentro del mundillo operístico. El maestro granadino ya había ofrecido hace años un concierto al frente de la ROSS que recordamos bastante aburrido, y hace tan sólo unos meses triunfó por todo lo alto con una portentosa dirección de I Puritani. Se nos ocurren un par de batutas españolas de mayor interés, pero aún así no nos pareció elección desafortunada. Efectivamente, él y la ROSS, si no triunfaron por todo lo alto, sí que al menos dejaron un buen sabor de boca.Y eso que la velada no había comenzado bien. La obertura de El barbero de Sevilla, que abrió el fuego, fue bastante mediocre. Gómez Martínez la dirigió con fría rigidez y sin la más mínima chispa. Rossini no apareció en ningún momento. Por su parte, la orquesta no estuvo precisamente lucida. La verdad, hacía tiempo que no la oíamos tocar de manera tan desaliñada. Incluso algunos solistas habitualmente formidables se limitaron a cumplir con corrección.Por suerte en las arias la ROSS recuperó su buen nivel medio habitual y la batuta se mostró atenta y voluntariosa. Se echaba de menos una mayor diferenciación estilística entre compositores pero, como nos decía un amigo, no nos encontramos tampoco con la lamentable dirección ‘de foso’ que tenemos que aguantar en los recitales líricos de ciertos grandes divos. Nos gustó especialmente la dirección del ‘Va pensiero’, decidida y nada meliflua, por mucho que las voces del coro de la Asociación de Amigos del Teatro aún no hayan alcanzado la destreza que a todos nos gustaría.Los Cuadros de una exposición habían sonado en la presentación de la orquesta, en enero de 1991, bajo la dirección del maestro croata Vjekoslav Sutej. Es la típica obra de lucimiento que deja bien claras las virtudes y defectos de una formación orquestal, tanto en su conjunto como de buena parte de sus solistas. Para programarla hay que estar bien seguro, por tanto, de que se va a responder a las expectativas. ¿Qué ocurrió en la velada que comentamos?Pues sonó espléndida aquí la ROSS. Suele decirse que Gómez Martínez cuenta con una técnica prodigiosa, y estamos dispuestos a suscribir tal afirmación, pues logró extraer gran parte del potencial sonoro que sus músicos pueden dar de sí. Brillantez, amplia gama dinámica y claridad fueron las principales bazas de la lectura que nos ofrecieron. Los solistas, unos cuantos portentosos, otros bien y alguno bastante deficiente. Con algunas familias habría que trabajar a fondo. No sería honesto ocultar que la orquesta sigue teniendo deficiencias que, si no se corrigen a tiempo, van a impedirle realizar el gran salto europeo que está deseando hace tiempo.Por lo demás, una lectura muy bien trazada, sin puntos muertos, equilibrada estilísticamente entre el visionario expresionismo de Musorgski y el refinado hedonismo de Ravel. Y de buen gusto, esto es, sin caer en los excesos con los que otras batutas buscan el aplauso fácil. Faltó, sin embargo, algo de garra y emotividad, de implicación en las diez situaciones que ofrecen cada una de los cuadros. La batuta del granadino llevó la obra a buen puerto, pero resultó un poco fría. En este sentido, cabe recordar la que nos ofreciera el anterior titular, Klaus Weise, bastante gruesa en lo técnico -y por ello lejos del ideal-, pero algo más cálida y mejor ‘interpretada’, en el sentido literal de la palabra.Sea como fuere, fue la de Gómez Martínez y la ROSS una labor más que notable que valió encendidos aplausos del respetable. Sonó entonces el rutilante ‘Intermedio’ de La boda de Luis Alonso, de Jiménez, en interpretación infinitamente superior a la espantosa que le escuchamos, también como propina, a Rafael Frühbeck de Burgos en este mismo escenario hace ya algún tiempo. De nuevo el talento del maestro y el potencial de la orquesta se juntaron para ofrecernos una estupenda Danza húngara nº 1 de Brahms que cerró una velada que duró cerca de tres horas y que terminó, como decíamos al principio, con un emocionante Cumpleaños feliz.